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'Secesión' a la escocesa

La independencia que pretende Alex Salmond para Escocia está muy 'descafeinada'

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Desde que el Partido Nacional Escocés (SNP, en inglés) y su astuto líder, Alex Salmond, formaron, en minoría, Gobierno autónomo en 2007, los nacionalistas han adoptado la estrategia política de las hormigas: poco a poco, sin prisas, pero sin pausas, acercar con prudencia y sensatez el autogobierno a los escoceses. La táctica funcionó: en las elecciones de mayo de 2011 recogieron gloriosos frutos al pasar de 23 a 69 diputados de los 129 que forman el Parlamento de Holyrood en Edimburgo. Ahora gobiernan en mayoría, en detrimento de los tres partidos de ámbito esta-tal (Conservador, Laborista y Liberal-Socialdemócrata) favorables a la unión con Inglaterra, y de rebote con Gales e Irlanda del Norte.

En su programa electoral para 2011, el SNP llevaba la promesa de un referéndum sobre la independencia de Escocia de Reino Unido. Una independencia que mantiene a Isabel II y a sus sucesores como reyes de los escoceses, conserva la libra esterlina como moneda aunque al SNP le atrae el euro (sin crisis) y, por lo tanto, renuncia a la política monetaria en favor del Banco de Inglaterra y comparte las Fuerzas Armadas (excluyendo los submarinos con misiles nucleares que fondean en aguas escocesas) con el vecino del sur, al que delega también la política exterior.

Cameron quiere un referéndum cuanto antes porque sólo un 35% votaría sí'

Lo que Salmond llama 'la unión social' (vínculos familiares e históricos) permite también la de pasaportes. ¿Es esta una auténtica independencia o está descafeinada? ¿En qué queda semejante secesión a la escocesa? Pues en tener autonomía tributaria, fijar y cobrar todo tipo de impuestos y controlar la gestión del petróleo del Mar del Norte siguiendo el modelo noruego de fiscalizar a la baja en el periodo de inversión y al alza en la etapa de explotación.

Con todas estas asignaturas, y otras, pendientes de definir, el referéndum fue prometido para otoño de 2014, y así coincidir con la gesta histórica de los 700 años de la batalla de Bannockburn en la que los escoceses ganaron a los inva-sores ingleses en 1314. Pero antes de que el SNP pudiese concretar cómo incluir la inde-pendencia descafeinada en el referéndum, Londres les ha llamado a capítulo.

El primer ministro, David Cameron, y su secretario de Estado para Escocia, el liberal escocés Michael Moore, proponen una consulta inmediata porque aducen incertidumbre en la economía de Reino Unido. El Gobierno británico quiere que la pregunta de la consulta sea clara y disyuntiva de o no a la independencia, sin contemplar terceras opciones como la devo max (máxima devolución de competencias que viene a ser la independencia descafeinada).

La 'devo max', o devolución máxima de competencias, ganaría por el 60%

El SNP considera la intervención de Londres como una 'interferencia' en asuntos ajenos. Salmond, con su estilo jactancioso, ha dicho: 'Hay más osos panda en Escocia que diputados escoceses tories en Westminster [uno], y a Cameron se le ocurre emular a Margaret Thatcher dictando lo que tenemos que hacer'. Moore, en tono más conciliador, advierte de que 'podemos traspasar las competencias para el referéndum si acordamos hacerlo, dado que todos reconocemos el triunfo electoral del SNP'.

Salmond tuvo que regresar a la dirección del SNP en 2004 para rescatarlo porque el partido naufragaba bajo el liderazgo de John Swinney. Desde entonces, el nacionalismo escocés va en aumento. No obstante, no desea divorcios conflictivos, sino separaciones amigables compartiendo símbolos y lazos políticos e institucionales. Según repetidos sondeos de opinión, un 35% de los escoceses votaría por la independencia si se planteara como o no, mientras que un 60% apoyaría la devo max si entrara en la consulta. Londres advierte de que un referéndum sobre la independencia sin la autorización de Westminster será ilegal porque el Acta de 1998 sobre la que se creó la autonomía no incluye las competencias constitucionales que afectan a la unión.

'A la larga, Escocia será independiente', afirma el escritor exconservador Massie

Entre los muchos exconservadores reconvertidos en auto-nomistas figura el escritor Allan Massie, quien en conversación telefónica con Público opina que 'es inevitable que en los próximos años se devuelvan más poderes por el mandato del SNP, tanto si hay referéndum como si no. En los últimos diez años este país ha cambiado mucho, la autonomía es irreversible'. Para el escritor, 'a largo plazo, más allá del referéndum de 2014, Escocia será independiente, pero yo no lo veré porque tengo 73 años de edad. Si ahora se quedan con la libra esterlina, el Banco de Inglaterra fija-rá la política monetaria, y si adoptasen el euro, en Bruselas fijarían su política monetaria, así que la moneda ya nunca será nuestra'.

Escocia, como Gales, care-ce de políticos euroescépticos al estilo de los ingleses. 'La clase política escocesa es pro-Europa aunque los ciudadanos, en este momento de crisis del euro, prefieren pensárselo dos veces. En Escocia ocurre como en Europa: no están satisfechos con la UE, pero no se atreven a marcharse', explica Allan Massie refrescando su tintero para participar a través de columnas de periódicos como The Independent en la campaña del referéndum.

Durante décadas, el Partido Laborista ganaba las elecciones en Escocia para acabar gobernados por el Partido Conservador desde Londres, que dominó los gobiernos de buena parte del siglo XX. Actualmente, en la sede laborista de Edimburgo recuerdan tiempos mejores. La diputada autonómica Johann Lamont manifiesta: 'Queremos una pregunta simple y sencilla, y queremos debatir ya los perjuicios que causará la independencia a Escocia; juntos somos más fuertes que separados'. La escocesa añade: 'No entiendo por qué hay que esperar casi tres años para el referéndum'. Quizá porque las hormigas van lentas.