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Ségolène Royal se ve cercada en las primarias socialistas

Los apoyos recibidos por Martine Aubry le permiten partir con clara ventaja

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Ségolène Royal, una de las candidatas a ocupar la jefatura del Partido Socialista francés, se puso este martes como una fiera, y no precisamente contra el presidente Nicolas Sarkozy, quien le ganó en las elecciones presidenciales el año pasado. Royal lanzó sus rayos y centellas contra los numerosos apoyos que está recibiendo la candidatura de su rival, Martine Aubry, para el cargo de primer secretario del PS, sobre todo, tras el espaldarazo que ésta recibió del alcalde de París,Bertrand Delanoë.

Royal atraviesa un momento pésimo desde que saliera perdedora del Congreso del PS celebrado el fin de semana pasado en Reims. Allí, pese a disponer del 29% de compromisarios, no logró aventajar a Martine Aubry (casi 25%) y a Benoît Hamon (19%). Ni siquiera consiguió abrir fisuras en la idea que estos se hacen del futuro proyecto socialista.

Mientras Delanoë (25%) se mantenía neutral, la diva del PS todavía tenía esperanzas. Ahora, con el alcalde de París enrolado en las filas de Aubry, y un 'acuerdo político' entre ésta y Hamon de cara a una eventual segunda vuelta, las esperanzas de Royal se reducen al mínimo de cara a la consulta interna de los militantes que se celebrará el jueves.

La reacción no se hizo esperar. Royal saltó a los platós de televisión el lunes por la noche para golpear a Delanoë y, como si ello no bastara, amaneció ayer en el muy escuchado matutino de la radio pública France Inter para dar más latigazos. Latigazos con los que pretende convertir a Delanoë un renovador en ejemplo de la deshonra, la vejez y lainercia burocrática del aparato socialista.

La carga más brutal de la candidata al codiciado puesto de número uno del PS se produjo en el programa de radio. Royal acusó a Delanoë, nada menos, que de haber violado 'el código de honor de la política'.

A preguntas del presentador del programa, Royal estimó que 'claro que existe un frente' en su contra y denunció 'las maniobras de aparato que están entre los bastidores' de su ahora enemigo Delanoë. El alcalde de París se limitó a replicar en un comunicado y no en la televisión, recordando a Royal que 'el sentido del honor consiste en defender con perseverancia convicciones sinceras'.

Delanoë, muy influente entre los renovadores del partido, le recordaba así que su decisión de apoyar a Aubry llegó después de analizar las posiciones de Royal y de consultar con sus propios aliados. Están convencidos de que el proyecto royalista de un partido que busca el centro político, telegénico y con discurso compasivo, llevaría a la muerte de la izquierda en Francia.

Al brindar su apoyo a la candidata portadora de un proyecto de izquierdas para el PS, Delanoë aporta también el aval renovador y modernista que le faltaba a Aubry. Jaque, quizás definitivo, a Royal, que había intentado por todas las maneras representar la renovación del partido, aunque ello significara, en realidad, un giro al centro.

La propia Royal reconoció ayer con remilgos que, 'efectivamente', la votación del jueves 'se complica aritméticamente' para sus aspiraciones. Aritméticamente, no está claro, como lo demuestra su salto inmediato a todos los platós.

Ségolène Royal continúa en campaña de cara a los llamados 'militantes Internet' del PS y todavía podría haber sorpresas el jueves. Pero donde sí se le han complicado las cosas es en el plano ideológico y generacional.

Royal, de 55 años de edad, mal puede pretender representar la renovación generacional frente a Aubry, de 58, y, sobre todo, frente a Benoît Hamon, de 41. Para esquivar esa falla en su discurso, Royal había intentado perfilarse como la auténtica renovadora de las estructuras del partido, abierta a las corrientes sociales. Con el apoyo de Delanoë, ahora es Martine Aubry quien cobra ese perfil tan atractivo.

Benoît Hamon, representante a la vez del ala más izquierdista, más joven y más multirracial del PS, se tomó todo con filosofía.'Me parece que esto está degenerando. Me preocupan esas palabras. Tengo la impresión de que alguien tiene más cólera contra los otros socialistas que contra laderecha'.