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Dos semanas que cambiaron la cibermilitancia

Los ataques de Anonymous responden a una estrategia de "legítima expresión de disidencia" 

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El 28 de noviembre empezaron a cambiar muchas cosas. Cinco de los principales periódicos del mundo publicaron informes que no habían conseguido por sí mismos: se los había dado un viejo hacker que lleva filtrando informes desde hace años desde su página Wikileaks y que está removiendo los cimientos de la diplomacia mundial.

Los cables de las embajadas de EEUU en todo el mundo a su Departamento de Estado ponen al descubierto la forma de trabajar y ejercer presión de la diplomacia estadounidense. Tal puede ser el impacto de las revelaciones que el líder republicano del Senado de EEUU, Joe Lieberman, empezó a realizar llamadas para que Wikileaks fuera sacado de internet.

'No queremos robar sus datos. Nuestra acción es simbólica'.

Con esas llamadas empezó el acoso y derribo contra Wikileaks y, a su vez, el contraataque de Anonymous, que ha demostrado que la tecnología se ha convertido ya en la principal arma para el activismo ciudadano.

'Anonymous no es un grupo de hackers', dice el comunicado del colectivo, hecho público el viernes. 'No queremos robar sus datos personales ni su número de tarjeta de crédito. Tampoco queremos atacar las infraestructuras críticas de compañías como Mastercard, Visa, Amazon o Paypal. Nuestro objetivo es aumentar la conciencia sobre los turbios métodos empleados por esas compañías para impedir el funcionamiento de Wikileaks. Nuestra acción es simbólica sigue la nota. Como dice el bloguero y académico Eugeny Morozov, se trata de una legítima expresión de disidencia'.

Internet, en especial las redes sociales como Facebook o el sitio de miniblogs Twitter , se ha convertido en altavoz de Wikileaks y de sus defensores. Desde allí se pidió que los internautas clonaran la página de Wikileaks en sus propios servidores, y ya son 1.500 los que lo han hecho. La cuenta de Wikileaks en Twitter es leída por casi medio millón de personas, y en Facebook la siguen 1,2 millones. Han aparecido dos buscadores específicos para los cables. Assange también ha esparcido en las redes P2P un archivo protegido con un cifrado irrompible hasta ahora. La información que contiene parece un seguro de vida para él. La clave del archivo se hará pública sólo si le ocurre alguna desgracia.