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"Es una sensación inexplicable. No es miedo, es impotencia"

Un minero asturiano que quedó enterrado y el equipo que le rescató rememoran su experiencia

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No piensas en nada, lo único que quieres es que todo se termine'. Así describe Jesús García Loreido las seis horas que pasó atrapado en la mina de alta montaña El Gran Porvenir, entre los concejos asturianos de Aller y Lena. Eran las nueve de la mañana del 28 de diciembre de 1989 cuando a Jesús y a su compañero Octavio Carriles se les vino encima la galería en la que trabajaban. Casi 21 años después, Jesús se ha reencontrado con los miembros de la Brigada de Salvamento de Hunosa que participaron en su rescate.

Según cuentan los mineros asturianos, la situación es diferente a la de los 33 mineros atrapados en Chile, ya que las condiciones de los yacimientos y su forma de extracción nada tienen que ver. Mientras que en el país suramericano la mina es de oro, la mayoría de los yacimientos asturianos son de carbón, en los que uno de los elementos más peligrosos son las explosiones de grisú.

'No piensas, sólo quieres que todo termine', dice Jesús, atrapado en 1989

Sin embargo, Jesús García es una esas personas que logró sobrevivir a un derrumbe en la mina, motivo por el que puede entender la situación que están viviendo los mineros atrapados en Chile.

'Lo peor fue hasta que llegaron los de la brigada de rescate, después ya cambió todo', recuerda Jesús, quien añade que 'es una sensación que no se puede explicar; no es miedo pero no puedes hacer nada, es impotencia'.

'Hice de todo, canté a Santa Bárbara y hubo momentos en que lloré'

Faustino Castaño, uno de los integrantes de la Brigada de salvamento, recuerda a la perfección cada detalle del rescate. 'Veníamos de la mina de Mosquitera donde seis días antes había habido un accidente en el que fallecieron cinco mineros y donde permanecía activo un incendio cuando nos llamaron para avisarnos de que había dos enterrados en Carabanzo'.

En los cerca de 15 años que trabajaron estos mineros en la Brigada de Salvamento, Jesús y Octavio fueron los únicos compañeros que sacaron con vida. 'Por ello nos sentimos muy orgullosos', asegura. Prefiere no recordar a los mineros que tuvieron que sacar sin vida.

'Entramos a oscuras y nada más entrar ya vimos que las condiciones eran malas, por lo que pedimos que fueran a apuntalar la zona, porque íbamos a pasar y había riesgo de quedar atrapados', rememora Castaño.

Cada año, los dos mineros celebran el día en que 'nacieron de nuevo'

A pesar de los años, recuerda el momento en el que se encontró con Jesús. 'Según avanzamos, escuchamos la voz de Jesús, que nos decía que estaban atrapados pero vivos'. Recuerda que 'estaba enterrado de cintura para abajo, pero lo rescatamos en unos 20 o 30 minutos'.

Jesús también revive el momento. 'Estaba con Octavio, que gritaba y hablaba de sus hijos. En ese tiempo yo hice de todo. Me acuerdo de que canté la canción de Santa Bárbara Bendita, aunque también hubo momentos en que lloré'.

Con Jesús a salvo, la brigada siguió su trabajo para rescatar a Octavio, que 'tenía un par de bastidores clavados en el cuello y una trabanca una pieza de madera de las que se usan en la mina encima'. 'Ese sí estaba complicado de sacar. Nos jugamos el físico', asegura Castaño.

Jesús recuerda con cariño el trabajo de la Brigada de Salvamento. 'Siempre les estaré agradecido, porque estoy aquí gracias a ellos'. 21 años después, Jesús y Octavio se reúnen todos los 28 de diciembre para celebrar el aniversario del rescate, algo que aplaude Castaño, pues sabe que 'ese día volvieron a nacer'.