Publicado: 02.03.2016 20:16 |Actualizado: 03.03.2016 07:00

Serbia se convierte en el campo de los refugiados que la UE rechaza

El criterio que siguen los países de los Veintiocho para devolver a los refugiados cambia constantemente y es arbitrario. 300 personas empienzan a acumularse en Sid, en la frontera con Croacia.

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Migrantes y refugiados esperan para continuar su viaje en tren a Europa occidental en un campo de refugiados en Croacia. REUTERS/Darrin Zammit Lupi

Migrantes y refugiados esperan para continuar su viaje en tren a Europa occidental en un campo de refugiados en Croacia. REUTERS/Darrin Zammit Lupi

SID (SERBIA).- En 1991, cuando Croacia declaró su independencia y levantó su frontera con Serbia, el Motel Adasevci se levantó para ser el primero de la carretera para los visitantes. Abandonado hace cinco o seis años, hoy es el último campo de refugiados del país, antes de que estos entren en la Unión Europea, junto a una estación de servicio.

Hace menos de una semana, los países de los Balcanes –Macedonia, Serbia, Croacia y Eslovenia- firmaron un acuerdo para limitar el número de trenes a uno diario y el tránsito de personas a 500 al día. Esa decisión está creando un tapón en cada campo, cuyos gestores ven cómo aumentan los tiempos de espera en cada punto de tránsito y se ven abocados a ofrecer servicios para los que no estaban pensados. En Adasevci, Médicos Sin Fronteras ha levantado una tienda con literas triples, pegadas unas a otras: “sé que recuerdan a los campos de concentración nazi, pero es la única manera de resolver la situación”, dice una fuente del Comité para los Refugiados y Migrantes de Serbia (CRS).



El campo de Adasevci es de tránsito, como todos los que se han instalado a lo largo de la ruta hasta Alemania y está pensado para que los refugiados pasen allí no más de 6 horas. Unas 340 esperaron el martes 24 horas, hasta que Croacia decidió abrir la frontera. “El campo empezaba a tener demasiada basura y sólo hay tres asistentes de limpieza, así que los refugiados decidieron ayudar. Les pedíamos que no lo hicieran, porque no queremos que a alguien le pueda parecer que les estamos obligando a trabajar, pero no nos escucharon; querían ayudar y lo hicieron”, cuenta la misma fuente.

Este miércoles el campo está vacío porque no han llegado más autobuses desde Presevo, el primer campo de Serbia tras la frontera con Macedonia, que está bloqueando su paso. Cuando los refugiados entran en Serbia, reciben un documento que acredita su entrada y les da permiso para estar 72h en el país. Transcurrido ese tiempo, deben pedir el asilo o abandonar el país, “pero nadie está chequeando esos papeles porque nadie quiere arrestarles”, dice una fuente de Protección Civil. En los campos de refugiados de Serbia estos tienen libertad de movimiento, muy diferente a los de la UE, donde no pueden ni entrar ni salir del recinto. “Parecen cárceles al aire libre”, se queja una voluntaria de Adasevci.

Todo el flujo que envía y recibe el campo de Adasevci se hace en autobuses, por su situación. Para acceder al campo hay que salir de la autovía en dirección a Zagreb, como si se fuera a repostar gasolina. Como en todos los campos, se acumulan las enormes tiendas blancas de unos 300 metros cuadrados y los baños portátiles. Los miembros de la organización del campo ni siquiera saben cuándo va a llegar el próximo autobús: “algunos conductores, como ya nos conocen, nos llaman cuando están de camino y nos avisan de cuánta gente traen”, señala la fuente del CRS.

Sid, el campo de los rechazados

A partir de este punto, en la UE, los enlaces se hacen sólo por tren, para controlar mejor quién entra y quién sale. Y por tren se efectúan también las devoluciones de quienes la policía croata o eslovena no deja continuar el viaje. Pero a la vuelta, en vez de a Adasevci, la policía los envía a Sid, un pequeño pueblo serbio, también en la frontera. El campo está situado justo enfrente de la estación de tren, en una villa reconvertida en refugio con algunas tiendas para dar apoyo.

Unas 300 personas esperan allí una nueva oportunidad para intentar entrar en Croacia. “A veces no sabemos por qué Croacia los rechaza, es muy extraño, porque cumplen todos los requisitos: vienen de Siria, tienen pasaporte, dijeron que venían de la guerra y que quieren ir a Alemania. Pero, claro, el policía de turno o el traductor pueden estar de mal humor”, asegura una de las encargadas del CRS en Sid.

Ahmed (nombre ficticio, no quiso dar el suyo por miedo), espera desde hace quince días en el campo. Intentó entrar en Croacia, pero lo rechazaron. “Cuando huí de Siria, estuve un mes en Turquía recuperándome de algunas lesiones”, cuenta, “y con el sello turco en el pasaporte, Croacia no me deja entrar”. La UE considera que Turquía es un país seguro y está rechazando a todos los refugiados que hayan pasado más de un mes allí.

“Esas son las declaraciones oficiales”, dice Kemal El Shairy, traductor del CRS que trabaja en Sid. “Sabemos de refugiados que han pasado 7 años en Turquía y están pasando ahora, pero rechazan a los que llevan alrededor de un mes o dos”. Pero el criterio es tan aleatorio que pueden darse situaciones verdaderamente absurdas como el rechazo de un grupo importante de refugiados que viene de la ciudad siria de Raqqa. “Es la capital del ISIS, así que ahora parece que todos los que escapan de allí son sospechosos”, sentencia El Shairy.

“Quiero ir a Alemania, salvar mi vida y reunirme con mi familia, ¿dónde está Ban Ki Moon?”, clama Kamiran Sido Hammoud, un refugiado sirio que lleva más de 10 días esperando en Sid. Una parte de su familia le espera en Alemania. Sólo sus hermanos y sobrinos, porque dos de sus hijos murieron al intentar cruzar la frontera entre Siria y Turquía, cuando huían de la guerra: “tengo frío, estoy desesperado, sólo quiero descansar y estar en paz”, cuenta entre lágrimas. Como Hasaney Serd, una joven kurda de la parte iraquí. Tiene 17 años y sólo quiere llegar a Alemania para poder retomar sus estudios.

El acuerdo entre los países de los Balcanes tiene truco: si en el campo de Croacia, Slavonski Brod, quedan algunos refugiados, es el número que se resta de los 500 que Serbia puede enviar al día siguiente. El 1 de marzo, Serbia mandó a 440 personas en tren, de las que 62 fueron devueltas: 46 porque no quedaba especio y 16 fueron rechazadas.

La oscura vuelta a Macedonia

Entre los rechazados también hay afganos, aunque Serbia y Macedonia lo nieguen. “No hay normas, no hay un criterio para denegar el acceso”, repite una y otra vez El Shairy, que lleva tres meses presenciando todo tipo de situaciones extravangantes. “Oficialmente, los rechazan porque afirman que Afganistán es un país seguro ahora: la realidad es que frente a los sirios, los afganos tienen un nivel educativo más bajo y, acudiendo a los tópicos, parece más difícil que se adapten al estilo de vida europeo”.

También la versión oficial relata que Serbia deja a los refugiados estar en Sid sin devolverlos a Macedonia, pero la realidad es tozuda. Barna Zoltán, periodista serbio que lleva cuatro meses cubriendo lo que sucede en la frontera de su país, descubrió hace poco que algunas noches, entre las 3 y las 4 de la mañana, un autobús llega a la parte de atrás del campo, la que no da a la estación de tren, y se lleva a grupos de unos 30 o 40 refugiados de vuelta a Presevo, en el sur del país, para devolverlos a Macedonia después. “Cuando suben, nadie les dice dónde van realmente”, añade el periodista, “para evitar revueltas”. El Shairy apuesta a que Belgrado procede así, llevándolos a Presevo, para estar listos cuando Skopje decida abrir su frontera, cada vez más cerrada. “Pero es difícil saber en realidad qué pasa, porque los políticos toman las decisiones tan rápido que ni los policías saben qué deben hacer hasta poco antes”, informa el traductor. Mientras, el estado de nervios entre quienes esperan no para de crecer.