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Serra pasa al ataque ante la gran ventaja de Dilma en Brasil

El líder opositor implica a la heredera de Lula en un caso de tráfico de influencias

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A menos de tres semanas para las presidenciales en Brasil, los sondeos dan como clara vencedora a la candidata del Partido de los Trabajadores (PT), Dilma Rousseff, la 'heredera' de Luiz Inácio Lula da Silva, como la llama el propio presidente. La activa campaña de Lula ha dado frutos mientras su gran oponente, José Serra, del derechista Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) y ex gobernador de São Paulo, pasó de ostentar una gran ventaja frente a la petistaa despeñarse en todos los sondeos, que desde finales de agosto dan a Dilma como ganadora en primera vuelta.

Serra perdió los nervios y se lanzó al ataque. En el momento justo, dos escándalos cayeron como agua de mayo para los tucanos (como llaman aquí a los del PSDB). La Folha de São Paulo reveló que se había accedido irregularmente a los registros fiscales de cuatro personas ligadas al PSDB, incluidos la hija de Serra y el vicepresidente del partido.

El PSDB de José Serra ha esgrimido dos escándalos contra el PT de Lula

El PSDB denunció la existencia de una red de espionaje articulada con el PT, habló de 'guerra sucia' y pidió al Tribunal Superior Electoral que impugnase la candidatura de Rousseff. El TSE desestimó la petición. Por mucho empeño que pusieron los tucanos, las encuestas dieron la razón a los analistas: el caso difícilmente socavará el apoyo a Dilma.

Sin embargo, la revista Vejaacaba de hacer público otro caso que salpica más directamente a la candidata petista. Erenice Guerra, que fuera mano derecha de Rousseff cuando esta era ministra de la Casa Civil y que le sucedió en el cargo, fue implicada en una supuesta trama de tráfico de influencias. Según Veja, el hijo de Guerra, con el conocimiento de ella, intervino a cambio de comisiones para que una empresa renovase el contrato con la Agencia Nacional de Aviación Civil, pública.

La reacción del PT fue esconder a Dilma, que desde entonces no concede entrevistas. Lula, colocado como escudo protector de su candidata, ordenó que el caso fuera investigado por la Comisión de Ética gubernamental. Los petistas esperan que, como otras veces, el presidente más popular de la historia de Brasil sea impermeable a los escándalos de corrupción de su partido y que su heredera goce de la misma invulnerabilidad.

Dilma no concede entrevistas desde que estalló el caso de su mano derecha

Serra se aferró al caso como a un clavo ardiendo. Para los tucanos puede ser su oportunidad para llegar a la segunda vuelta. Durante meses, el PSDB siguió una estrategia de la que probablemente a estas alturas se arrepiente: Serra huyó de las comparaciones con su principal referente, el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, quien, aunque colocó las bases de la estabilidad macroeconómica e incluso de las políticas asistencialistas que después desarrolló Lula, también provoca un fuerte rechazo como estandarte del neoliberalismo y la oleada de privatizaciones de los años noventa.

Al margen de críticas aisladas a la política exterior del Gobierno, el PSDB no ha construido una alternativa al mismo. La de Serra ha sido una campaña inédita, en que el líder opositor se esforzaba por mostrarse de su lado, hasta el punto de que el PT pidió la retirada de un anuncio televisivo en que Serra aparecía junto a Lula. La intención, poco velada, era proyectarse como la mejor solución de continuidad para lo que ya muchos llaman lulismo.

La última encuesta divulgada ayer da a Dilma la victoria en primera vuelta, aunque ajustada: 50,5% frente al 26,4% de José Serra y el 8,9% de Marina Silva.

Los demás candidatos, incluido el socialista Plínio de Arruda Sampaio, muy valorado en la izquierda, no llegan al 1% de los votos.

Indecisos y votos nulos o blancos suman el 12,6%.

En segundo turno, Dilma vencería con el 55,5% frente al 32,9% de Serra.