Publicado: 20.11.2014 07:00 |Actualizado: 20.11.2014 07:00

Siria: una generación perdida

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Tres años después del comienzo del conflicto en Siria, más de tres millones de personas se han convertido en refugiados, han abandonado sus casas y han buscado un lugar seguro en países vecinos como Líbano, Jordania, Irak y Turquía. Sólo el Líbano acoge ya en 2014 a más de un millón de sirios, lo que está suponiendo una gran presión sobre los recursos e infraestructuras del país.

Jordania alberga el que es ya el segundo mayor campo de refugiados del mundo: Za'atari, que acoge a más de 100.000 sirios que han huido de la guerra. Además, más de 6,5 millones de sirios están desplazados dentro del país. Los niños son los principales afectados por este conflicto: 5,5 millones de menores están desplazados y 10.000 han fallecido a causa de una guerra que en total se ha cobrado unas 100.000 vidas. Un millón de niños viven atrapados en las zonas de Siria que están en estado de sitio o en las que el acceso de la ayuda humanitaria es difícil debido a la violencia continuada.

Naciones Unidas considera que Siria es ahora posiblemente el peor lugar del mundo para ser niño. Además, a pesar de las protestas internacionales —tibias, todo hay que decirlo— todos los bandos en conflicto están reclutando niños para ser empleados como combatientes.

Algunos datos ofrecidos por organizaciones humanitarias que trabajan con la infancia son alarmantes: antes de que empezara la guerra civil la tasa de escolarización era casi del 100% y Siria destinaba casi el 5% de su producto interior bruto a la educación. Cuatro años de conflicto han dejado al país con la segunda peor tasa de escolarización del mundo, con 2,8 millones de niños que han dejado de ir a la escuela, o bien porque han tenido que abandonar sus hogares, o porque las escuelas han cerrado o han sido destruidas. En una encuesta realizada por Save the Children se reflejó el estremecedor dato de que, entre los niños que asisten la escuela, la mitad aseguró no ser capaz de concentrarse en clase. Respecto de los que están refugiados en países vecinos, las tasas de abuso, acoso o castigos físicos eran alarmantes.

Naciones Unidas considera que Siria es posiblemente el peor lugar del mundo para ser niño

Especialmente grave es la situación de las niñas. Entre los refugiados sirios que han huido a Jordania la tasa de matrimonios infantiles ha aumentado del 18% del total de matrimonios en 2012 al 32% en el primer trimestre de 2014. Entre las razones para este tremendo aumento de los matrimonios infantiles está el intento de huir de la pobreza, proporcionar medios de vida para las chicas jóvenes o servir de vía de escape ante un ambiente familiar de abuso. Todos los especialistas coinciden en que el matrimonio de mujeres demasiado jóvenes tiene alta incidencia en la salud de las niñas, por el efecto de los partos en un cuerpo aún no maduro. Además, tiene efectos asimismo en su educación, que se ven imposibilitadas a continuar sus estudios.

Por otra parte, apenas hay datos sobre la situación sanitaria de esos niños. Es cierto que hubo una campaña de vacunación, pero hay zonas de combate en las que se desconoce si el millón de niños atrapados, sin poder salir o recibir ayuda han sido vacunados o reciben medicamentos. Una de las campañas, la de vacunación de sarampión, tuvo que ser suspendida el 15 de septiembre después de haber vacunado a 20.000 niños, por el fallecimiento de 15 de ellos, no se sabe si por adulteración de las vacunas con un objetivo de causar daños, o por una mala práctica. En cualquier caso, de ser un acto criminal se sumaría al cúmulo de ataques contra una población indefensa, en este caso la más vulnerable, los niños. Por otro lado, si fuera una mala praxis, sería igualmente intolerable que la asistencia humanitaria no se nivele a los estándares de calidad que se disfrutan en los países desarrollados y en otros contextos humanitaros. La OMS está estudiando las causas.

Viendo los datos, la mayoría ofrecidos por organizaciones humanitarias, cabe asegurar que al menos una generación de niños crecerá con graves carencias sanitarias, educativas y emocionales provocadas por este conflicto, al que no se ve una conclusión en un plazo corto. Más al contrario, parece que la situación lleva camino de enquistarse comprometiendo el futuro del país.

Siria, gobernado por la familia Assad desde 1971, es unos de los países clave en Oriente Próximo por su influencia sobre sus vecinos, sobre todo Jordania, por su frontera con Turquía y por las buenas relaciones que mantiene con Irán. La mayoría del pueblo sirio tiene ciertas distancias culturales con Bashar al Assad. Él y su familia pertenecen a la minoría religiosa alauí, una rama del Islam chií que representa al 12% de la población, frente al 74% que suponen los musulmanes suníes.

Ante la amenaza sobre su estabilidad en el poder, Assad no ha dudado en utilizar la fuerza de la manera más tajante posible. Sin embargo, esta actitud no ha impedido que las protestas se extiendan desde la capital, Damasco, por todo el país. La respuesta del Gobierno siempre ha sido la misma: la represión violenta. Por su parte, la oposición y las distintas facciones que se están enfrentando en esta guerra civil están cometiendo asimismo barbaridades contra la verdadera víctima de esta guerra, que es la población.

La crisis siria es la mayor emergencia humanitaria a la que se está enfrentando actualmente la comunidad internacional. Sin embargo, a pesar de los llamamientos que están haciendo las organizaciones y agencias internacionales, el acceso de la ayuda humanitaria a los desplazados internos y a la población civil es tremendamente dificultosa. Ni siquiera se ha conseguido una mejoría de la situación tras la resolución aprobada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas hace dos meses.

Al menos una generación de niños crecerá con graves carencias sanitarias educativas y emocionales

Cada vez es más difícil trabajar en la zona y ninguna de las partes del conflicto está siguiendo las demandas del Consejo de Seguridad, lo que se traduce en una violación constante del derecho internacional humanitario.

Ante esta situación, la comunidad internacional se encuentra con las manos atadas sin poder garantizar el acceso de la ayuda a la población vulnerable en Siria. A diferencia de otros conflictos similares, la comunidad internacional, gracias al apoyo que el régimen sirio tiene por parte de Rusia, no se ha atrevido a cristalizar una intervención en la zona para forzar si no el fin de los combates, por lo menos un corredor humanitario que facilite el acceso a la población civil para garantizar el suministro de alimentos, medicamentos o incluso vacunas.

Estos corredores humanitarios deben cumplir las leyes humanitarias y no servir como ha ocurrido en otras ocasiones, en las que bajo el estandarte humanitario se apoya militarmente a alguna de las partes en conflicto. En ese sentido, los esfuerzos de Naciones Unidas tampoco dan sus frutos.

Por esa razón, las organizaciones humanitarias deben exigir que se cumplan los principios del humanitarismo y de la asistencia humanitaria para facilitar el acceso a la población vulnerable en el terreno y que se obligue a las partes en conflicto a que no tomen como rehenes a la población civil, verdadera víctima de este conflicto que lleva camino de cronificarse.

¿Cómo es posible que ante estos datos que muestran claramente que toda una generación de niños está en grave peligro, la comunidad internacional no haya tomado cartas en el asunto?

En este sentido, representantes de las Naciones Unidas, como la responsable de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), Valerie Amos, insistió el pasado mes de abril en la necesidad de que sin el apoyo unánime de todos los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU y del resto de los estados que tienen algo que decir no se conseguirá avanzar en la garantía de la asistencia a la población de Siria.

En el informe que presentó, en el que describía la situación en ese país, y durante el que aseguró que todas las partes están violando las disposiciones más básicas de los derechos humanos y la ley humanitaria, insistió en que ante la falta de un acuerdo político, todos los esfuerzos deberían centrarse en resolver el principal problema: cómo hacer llegar la ayuda a la población, especialmente a los desplazados y a los atrapados en las zonas de combate. Por ejemplo, menos del 10% de las casi 250.000 personas que viven en las zonas asediadas han recibido algún tipo de ayuda en el último mes.

La ayuda a los refugiados supondría un coste de 4,2 millones de euros

En 2013 se estimó que serían necesarios 2,6 millones de euros para llevar ayuda a la población siria, pero tan sólo se consiguió el 25% de los fondos necesarios. También se calculó que la ayuda a los refugiados supondría un coste de 4,2 millones de euros, pero sólo se ha conseguido recaudar el 33%.

Para garantizar el acceso a la población civil, cautiva de este cruel conflicto, la comunidad internacional debe hacer un decidido esfuerzo para desbloquear la situación. Bastaría con la aplicación, como ha solicitado OCHA, de la Resolución 2139, aprobada en febrero de este año, y que garantizaría la seguridad para las actividades humanitarias y la protección efectiva de los civiles. Para ello, de nuevo, se necesita el apoyo decidido del Consejo de Seguridad. Debe garantizarse, asimismo, que la apertura de esos corredores humanitarios para atender a la población civil no sirvan de excusa para una intervención militar con otro objetivo que no sea el de atender a la población, como ya ha sucedido en otras ocasiones.

Así las cosas, sólo queda denunciar esta situación ofreciendo los estremecedores datos que ponen de manifiesto que toda una generación de niños —más de cinco millones— de Siria está en peligro sin que nadie esté moviendo un dedo. Una infamia más que se suma al resto de infamias que la inacción y la inoperancia de la comunidad internacional dejan a un lado.