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Siria Trump busca una "fuerza árabe" que reemplace a las tropas de EEUU en Siria

En medio del caos sirio, la administración Trump se acaba de sacar otro plan de la chistera: que Egipto y Arabia Saudí contribuyan a una fuerza militar árabe que se enviaría al norte de Siria, el Kurdistán, para reemplazar a los 2.000 soldados estadounidenses que hay en la zona. Sin embargo, todo indica que no es un plan ni realista y ni viable.

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Donald Trump, en Florida. / CRISTÓBAL HERRERA (EFE)

El presidente Donald Trump no solo quiere sacar a sus soldados de Siria cuanto antes sino que aspira a que los países árabes de la región creen una fuerza militar que sustituya a las tropas estadounidenses que hay en el norte del país, en la región del Kurdistán, donde en la actualidad se encuentran unos 2.000 soldados del Pentágono.

Los planes de la Casa Blanca los reveló este martes The Wall Street Journal, que por primera vez se refirió a la creación de una “fuerza árabe”, un deseo que podría calificarse de descabellado teniendo en cuenta la situación de la región en términos militares.

Los países que deberían proporcionar esa fuerza serían ante todo Egipto, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, el primero se encuentra implicado en una guerra sin descanso contra el Estado Islámico en la península del Sinaí que se está cobrando la vida de decenas de soldados cada mes, mientras que Arabia Saudí y los Emiratos están metidos hasta el cuello en la guerra de Yemen.

Además, Egipto ha mantenido una posición moderada y contraria a la de Estados Unidos y Arabia Saudí con respecto a Siria. De hecho, Egipto ve con mucha preocupación la deriva de este conflicto y, a diferencia de Arabia Saudí y Estados Unidos, no se opone al gobierno del presidente sirio, Bashar al Asad, que considera legítimo.

En relación con esto, una noticia sorprendente que se ha publicado en el diario Al Akhbar es la existencia de un diálogo secreto entre la Casa Blanca y Damasco durante los últimos meses. Si la representante estadounidense ante la ONU, Nikki Haley, dijo el 14 de abril que Estados Unidos “se niega a abrir un diálogo y a discutir con el presidente Bashar al Asad”, la realidad puede ser bastante distinta.

Según el diario de Beirut, que es muy próximo a las autoridades de Damasco, en los últimos meses se han producido tres encuentros de alto nivel entre responsables estadounidenses y sirios. Sin embargo, el cuarto encuentro, previsto para marzo, fue suspendido por los sirios aduciendo que estas reuniones no tienen sentido mientras Washington no cambie su política con respecto a Siria.

Lo que está claro es que Trump quiere sacar a sus soldados del norte de Siria cuanto antes. Ya lo ha dicho en varias ocasiones, la última en respuesta a Emmanuel Macron, cuando el presidente francés dijo el domingo que en una conversación telefónica había persuadido a Trump para mantener las tropas en Siria. La Casa Blanca desmintió esa declaración unas horas después.

La Casa Blanca lleva meses reiterando que la única justificación de enviar tropas a Siria fue la lucha contra el Estado Islámico. No obstante, hace meses que los kurdos sirios, aliados de Washington, no atacan a los yihadistas del Estado Islámico que quedan en el este de Siria, entre cinco mil y doce mil.

Los kurdos han perdido de repente el interés en combatir a los yihadistas y están más preocupados por lo que está ocurriendo en el noroeste de Siria, donde las fuerzas aliadas de Turquía han conquistado varias localidades del Kurdistán. En estas circunstancias, la presencia de tropas estadounidenses en el norte de Siria ha perdido su sentido inicial.

Pero las potencias regionales, Israel y Arabia Saudí, tienen un gran interés en que Estados Unidos no se vaya. En primer lugar, la presencia de sus tropas impide que el gobierno de Damasco extienda su influencia al norte, y además se ha de tener en cuenta que el ejército de Damasco y los kurdos nunca han estado en guerra y mantienen unas relaciones cordiales que probablemente permitirían a Damasco desplegarse en esa zona si se retiran los americanos, algo que no desean ni Israel y Arabia Saudí.

Como sea que Trump no acaba de ver el momento de sacar a sus tropas, su intención es que se cree una “fuerza árabe” que las releve. Según The Wall Street Journal, su consejero para la Seguridad Nacional, John Bolton, ha conversado con su contraparte egipcio para sondear esa posibilidad, aunque los egipcios no pueden estar más lejos de semejante plan.

A diferencia de Washington, Egipto considera que el gobierno de Bashar al Asad es legítimo, y por otro lado teme que una presencia de tropas extranjeras en Siria reactive la guerra civil o incluso reactive a las unidades yihadistas que todavía se mueven por el este, en la frontera con Irak.

No está muy lejos de que se repita en Siria una posguerra tan trágica como la de Irak, sin contar con la división del país. Es cierto que Estados Unidos dijo que Irak no se dividiría, pero la realidad ha ido por otro camino y ahora se corre el riesgo de que ocurra lo mismo en Siria. Un analista árabe comentó recientemente que “esta película ya la hemos visto y acaba mal”.

Tras el ataque a Siria del sábado, el presidente Trump insistió en conseguir una mayor implicación árabe en ese país. “Hemos pedido a nuestros socios (árabes) que asuman una mayor responsabilidad para la seguridad de su región, incluyendo que contribuyan con grandes partidas de dinero”, recalcó el presidente.

La administración norteamericana ha pedido a Arabia Saudí y a los Emiratos Árabes Unidos que aporten 4.000 millones de dólares para la reconstrucción del norte de Siria, es decir del Kurdistán. Probablemente Trump teme que si saca sus tropas y no les encuentra un relevo adecuado, Rusia o el Estado Islámico ocupen ese vacío.