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La solidaridad y el miedo se apoderan de los haitianos

La lucha contra el cólera se complica por el temor de mucha gente a contagiarse

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John Wood, de 14 años, se retuerce entre espasmos. No controla su cuerpo. Vomita y defeca sin control, la principal evidencia de los contagiados de cólera. Se le escapa la vida. Veinte personas le rodean, sin atreverse a intervenir. Todos ellos conviven en el gigantesco Campo de Marte, que alberga a miles de desplazados junto al Palacio Presidencial en la capital Puerto Príncipe.

Nadie ayuda a John. Impresiona ver cómo un joven fuerte, huérfano desde el terremoto de enero, es incapaz de mantenerse de pie. Hasta que llega Mita Celestin. La joven de 17 años increpa a los presentes. '¡Vamos a ayudarle, vamos a ayudarle!', grita contra el silencio. Nadie responde. Pero ella sí es una mujer valiente. Sabe que la vida de John, que puede perder hasta 20 litros de líquido en sólo 24 horas, depende ahora de ella. Se lanza a por el enfermo y le acarrea a sus espaldas, rebosante de determinación. Y emprende el camino hacia el cercano Hospital General.

'El miedo fue el factor clave en los primeros días', dice una doctora

'El miedo fue el factor clave en los primeros días', desvela Virginie Caudelier, encargada del pabellón de enfermos graves de cólera en el hospital que Médicos Sin Fronteras ha abierto a toda velocidad en las inmediaciones del aeropuerto. 'El cólera desapareció de Haití hace 100 años, era desconocido, y los aspirantes a médicos tenían mucho miedo a intervenir', reseña.

Cerca de ella varias enfermeras atienden a los enfermos, desnudos sobre las camas antiepidemia, que cuentan con un agujero redondo en medio para las evacuaciones. Debajo, un cubo. Las enfermeras ya no tienen miedo. Sólo sienten solidaridad, como Mita unas horas antes.

Y es que el cólera representa una tormenta perfecta para Haití. Las torrenciales lluvias del huracán Tomás agravaron y expandieron una epidemia que creció desde el hacinamiento provocado por el terremoto, la terrible suciedad ambiental, la ausencia de alcantarillas y de agua potable. El último recuento, 1.186 muertos, ya ha quedado viejo y será superado muy pronto. Además, 20.000 personas están hospitalizadas y, según las más pesimistas estimaciones, pueden fallecer más de 10.000 en los próximos meses.

Ya se cuentan 1.186 muertos y 20.000 personas están hospitalizadas

Pero Gaetacha Dotes sí se salvó. 'Mi hijo estaba muy débil y le llevamos al hospital. Pero la enfermedad también me afectó a mí. Llevo ocho días aquí y ya me encuentro mejor', relata esta vecina de Cité Soleil sin levantarse de su camastro y cubriendo su cuerpo desnudo con una sábana verde. '¿Miedo? No. No creo en la muerte, sólo creo en Dios', sentencia.

'Esta enfermedad se contagia fácilmente, pero tiene un buen tratamiento', confirma Cauderlier. La doctora francesa evita discutir el origen del brote, que casi todo el país achaca a los soldados nepalíes de la ONU y que ha azuzado las protestas de estos días contra el presidente René Preval y los cascos azules. El Centro para Control y Prevención de Enfermedades de EEUU dio luz ayer a este debate: la cepa del cólera de Haití ha sido hallada antes en Asia y es parte de una pandemia mundial que comenzó hace 49 años. 'Es probable que la bacteria llegara a Haití a través de un único caso', asegura.

Médicos Sin Fronteras, que ha asumido el gran peso de la lucha contra la epidemia, realizó ayer un llamamiento desesperado: 'No hay más tiempo para perder en reuniones. Hay que proveer agua potable, construir letrinas, remover deshechos y tranquilizar a una población aterrorizada'.

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