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El terrorismo convierte el Sahel en una fábrica de secuestros

Los occidentales se cotizan en millones de euros en una nueva estrategia de los islamistas

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El occidental se cotiza en millones de euros en la región del Sahel y, durante esta década, la industria del secuestro se ha convertido en la principal fuente de financiación del argelino Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), el grupo terrorista que, tras rendir pleitesía a Bin Laden, pasó a denominarse, el 25 de julio de 2007, Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI).

El GSPC llevaba años secuestrando a argelinos, pero cuando Alemania pagó cinco millones de euros a cambio de la libertad de 32 turistas, los líderes del grupo se percataron del maná que podían representar los raptos de occidentales. Desde entonces, la rama magrebí de Al Qaeda, no ha abandonado este lucrativo negocio. Según la prensa argelina, el año pasado, sólo por la liberación del rehén suizo Werner Greiner, AQMI percibió 5 millones de euros. Una cantidad que seguramente duplicó con otros rescates, pues el grupo terrorista secuestró en 2009 a una docena de occidentales, incluidos los tres españoles, de los que seis fueron liberados a lo largo del año.

De las dos katibas (unidades de combate) de esta organización que funcionan en el Sahel, la que encargó el secuestro de los españoles es la célula Al Moulathamun, dirigida por el emir Mojtar Belmojtar, alias el Tuerto. Considerado como un pragmático, se cree que es menos brutal que el líder de la otra célula en el Sahel, el también argelino, Abdelhamid Abu Zeid. Un dato apoya esta afirmación: los dos únicos rehenes occidentales asesinados por AQMI el británico Edwyn Dyer, en junio de 2009, y el francés Michel Germaneau, el pasado 25 de julio, estaban en manos de Abu Zeid.

Belmojtar no se ha mostrado hasta ahora partidario de ejecutar a los rehenes: prefiere sacarles provecho. Al igual que hace con el tráfico de drogas, armas, inmigrantes ilegales y todo tipo de contrabando que se registra en el norte de Mali y en Mauritania, su zona de influencia.

Según un análisis del ex oficial de los servicios de inteligencia franceses Alain Rodier para el Centro Francés de Investigación sobre Inteligencia, Belmoj-tar 'se ha dado cuenta de que los atentados suicidas en el norte de Argelia no dan ningún fruto [económico], mientras que el control del tráfico de armas, emigrantes, drogas, tabaco, etcétera los atracos, los secuestros y otras actividades criminales son muy lucrativas'. Con el dinero que obtiene de su actividad delictiva en el Sahel, Belmojtar financia no sólo a su célula sino que es, prosigue el analista, quien proporciona 'la mayor parte' de vehículos y armas a la dirección de AQMI.

Los secuestros de AQMI no parecen calculados

A este terrorista que, como algunos de sus hombres, es un afgano, (un veterano de las guerra de Afganistán en los ochenta), se le conoce también como el Diplomático, en alusión a su gran habilidad para trabar alianzas con las tribus locales del norte de Mali, donde tiene sus bases móviles.

Además del dinero con el que compra lealtades y ofrece un medio de vida a los jóvenes de la depauperada región en la que actúa, Belmojtar utiliza una forma clásica de ganarse fidelidades y establecer contactos: el matrimonio con mujeres de la zona.

Una de sus esposas pertenece a la tribu de los Brabich, la misma de la que forma parte el mercenario conocido como Omar el Saharaui, cuya entrega a Mali ha precipitado el final feliz del secuestro. El Saharaui fue el hombre que organizó por encargo de Al Qaeda el rapto de los cooperantes.

Los secuestros de AQMI no parecen calculados. Jean-Pierre Filiu, autor del libro Las nueve vidas de Al Qaeda, sostiene que en realidad los raptos son 'fortuitos'. Miembros de alguna célula, simpatizantes de AQMI o bien simplemente mercenarios, se enteran de que en la zona hay occidentales y los capturan para venderlos a Al Qaeda.

'Los militantes activos de AQMI en todo el Sahel ascienden a entre 100 y 200'

Los acólitos de Belmojtar y del otro líder terrorista de la región, Abu Zeïd, no son muy numerosos. Filiu eleva la cifra de 'militantes activos de AQMI en todo el Sahel a entre 100 y 200'.

Unos números modestos que, sin embargo, no restan a la organización capacidad de amenazar la seguridad del Sahel. Su peligrosidad, explica el experto, radica en su 'extrema movilidad' en una región en la que las fronteras son aún muy permeables.