Publicado: 19.09.2015 22:04 |Actualizado: 19.09.2015 23:30

¿Ha traicionado Syriza sus promesas o todavía puede cumplirlas?

Tras la firma del tercer rescate a Grecia, que supondrá duras medidas de austeridad a cambio de 86.000 millones de euros, Syriza se sumió en una profunda crisis interna de la que espera poder levantarse tras las elecciones de este domingo. Para muchos, esa firma supuso el fin de un programa ambicioso del que todavía quedan algunos restos en el país.

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Banderas griegas en la plaza Syntagma, antes del mitin del pasado de Syriza del viernes. - AFP

Banderas griegas en la plaza Syntagma, antes del mitin del pasado de Syriza del viernes. - AFP

ATENAS.- La ERT, la televisión pública griega, anuncia el especial sobre las elecciones anticipadas que se celebran este domingo en el país heleno. Hace siete meses no pudo cubrir los comicios que llevaron a Syriza al poder; Nueva Democracia la había cerrado como medida para adelgazar el gasto público. Criticada por la oposición como un instrumento de propaganda, la señal de la televisión pública sobrevive como una de las promesas llevadas a cabo por el corto gobierno encabezado por Alexis Tsipras. Es quizá la más vistosa, pero no la única.

En marzo de 2015, el entonces ministro de Energía Panagiotis Lafazanis (y ahora líder del partido escindido de Syriza Unidad Popular) firmaba la ley 4320/2015, por la que el gobierno heleno garantizaba el suministro energético de 300.000 hogares que vivían por debajo del umbral de la pobreza. Un par de meses más tarde, en mayo, el Parlamento aprobaba un proyecto de ley con el que alrededor de 3.900 empleados públicos volvían a sus puestos de trabajo.

“El problema, sin embargo, es que en la práctica muchas de las medidas destinadas a frenar lo que Syriza denominó ‘la crisis humanitaria en Grecia’ no se implementaron hasta el final de junio de 2015”, asegura Dimitri Sotiropoulos, profesor asociado de Ciencias Políticas en la Universidad de Atenas.



“Nuestras esperanzas estaban muy altas, pero eso no quiere decir que
no se puedan cumplir. Simplemente nos hemos dado cuenta de que el camino es más largo y duro”

“Sí, Syriza sí ha llegado a implementar alguna de sus promesas”, destaca por su parte Michalis Spourdalakis, también profesor de Políticas en la universidad de la capital helena. Él, además, es uno de los fundadores de Syriza. “Aunque es cierto que el acuerdo [para el tercer rescate] es muy similar a los anteriores, existen algunos elementos, como reestructurar la deuda y la no referencia a las relaciones laborales, que dejan un importante margen de maniobra. Por tanto, es un asunto crucial quién forma el nuevo gobierno”, añade Spourdalakis.

Sin embargo, su colega Sotiropoulos cree que el balance es negativo. “En general, Syriza no ha cumplido sus promesas preelectorales. Hasta cierto punto esto era inevitable porque Tispras y los ministros más prominentes de su gobierno han consumido todo su tiempo en las negociaciones de la continuación de la ayuda financiera a Grecia”.

Para los incondicionales de Syriza esto no significa el fin del ambicioso Programa de Tesalónica, en el que el partido detallaba sus promesas. Se trataba de unas promesas que ellos tasaron en un un gasto de 11.382 millones y en un beneficio posterior de 12.000 millones de euros.

“Nuestras esperanzas estaban muy altas, pero eso no quiere decir que no se puedan cumplir. Simplemente nos hemos dado cuenta de que el camino es más largo y duro”, señala Katerina Vakalopoulou. Esta actriz de pelo plateado, actualmente sin empleo, ha apoyado a Syriza desde que se formó en 2004. Cree que Tsipras ya ha conseguido “lo más difícil”. “Ya hemos comenzado a hacer girar la rueda. Ahora hay que seguir peleando para lograr más objetivos. Syriza es el único partido que puede lograrlo, es el único que tiene la fuerza y la honestidad necesaria para hacerlo”.

Un trabajador municipal prepara las papeletas para este domingo. - AFP

Un trabajador municipal prepara las papeletas para este domingo. - AFP

Políticas migratorias

Sí hay un ámbito en el que la posición de Syriza ha quedado marcada con claridad a pesar de las dificultades económicas: las políticas migratorias. Con la nueva ley de inmigración, Tsipras ha agilizado el proceso para obtener permisos de residencia, así como para que los inmigrantes de segunda generación logren la ciudadanía.

“Por supuesto que han conseguido cambiar la política de sus predecesores. Piensa que los gobiernos anteriores estaban construyendo vallas”, explica Michalis Spourdalakis. Con el repunte europeo de la crisis de los refugiados, el gobierno griego se ha mostrado dispuesto a ayudar a las personas en su camino hacia Alemania y los países escandinavos. Los ferries que ha fletado para transportar a miles de personas desde las islas de Lesbos y Kos a Atenas son un ejemplo significativo.

“El país se ha escapado de la posibilidad de abandonar la Unión Europea, pero este gobierno ha causado
un enorme problema
a la familia griega”

Sin embargo, desde el otro lado del semicírculo político se hace una lectura completamente diferente a estos siete meses de poder de Syriza, poder compartido en coalición con el partido de derecha nacionalista Griegos Independientes (ANEL). “Él ha contado mentiras que le han costado mucho a Grecia. Ha demostrado una actitud de arrogancia que le ha acabado cegando”, decía recientemente Meimarakis, candidato de Nueva Democracia, en referencia a Tsipras durante una sesión parlamentaria. “El gobierno de Syriza y ANEL ha cortado las piernas del país justo cuando estábamos a punto de ponernos de pie. El país se ha escapado de la posibilidad de abandonar la Unión Europea, pero este gobierno ha causado un enorme problema a la familia griega”.

Sin utilizar esta retórica, muchos simpatizantes de Syriza también critican que el partido no haya podido hacer más durante estos meses. “Yo ahora me siento traicionado”, dice Lambros Moustakis, uno de los muchos griegos al que la crisis empujó a tener que dormir en la calle. Lambros saltó a los medios el pasado mes de enero al conseguir reunirse con el exministro de Finanzas Yanis Varoufakis. “Aún no tengo completamente decidido mi voto para estas elecciones. Pero es que si no voto a Syriza, no me queda ninguna otra opción".

A pesar de haber votado ‘no’ en el referéndum, Lambros dice entender a Tsipras y su decisión de aceptar el rescate. Es otra cosa lo que más le ha molestado de su gobierno. “Samarás [exprimer ministro, de Nueva Democracia] aprobó a finales del año pasado un programa para realojar en apartamentos a la gente que, como yo, vivimos en un albergue y tenemos trabajos esporádicos. Syriza detuvo ese proyecto al llegar al poder”. Finalmente, en junio, Tsipras lo puso en marcha otra vez. Tras cuatro años sin hogar, en unos días le darán las llaves del apartamento. “Va a ser el día más feliz de mi vida después del nacimiento de mis hijas”.