Publicado: 11.05.2015 23:24 |Actualizado: 12.05.2015 07:00

Una tregua incierta desvía la atención de Yemen a Washington

Cinco días de tregua “humanitaria” darán un pequeño respiro a Yemen aunque las posiciones están tan alejadas que no parece posible una solución negociada, al menos si ninguna de las partes no modifica sustancialmente sus planteamientos.

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Enfrentamientos en el sur de Yemen hace unos días. REUTERS

Enfrentamientos en el sur de Yemen hace unos días. REUTERS

JERUSALÉN.- Saudíes y huthíes han acordado en las últimas horas una “tregua humanitaria” de cinco días de duración a partir de este martes, siete semanas después de que la aviación saudí y de países aliados de la región comenzara el bombardeo de Yemen el 26 de marzo sin contar con la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU.

El carácter “humanitario” de la tregua, en el que Riad ha puesto mucho énfasis, dará un respiro a las zonas más castigadas en un conflicto que se ha cobrado la vida de más de 1.400 personas y ha causado centenares de miles de desplazados.

No obstante, ocho ONGs que trabajan en condiciones muy precarias en el país más pobre del mundo árabe han señalado que el alto el fuego será “insuficiente” para atender las necesidades de las víctimas. Los yemeníes afectados precisan agua, medicinas y carburante para los generadores de los hospitales, entre otras cosas. Además, Yemen está bloqueado férreamente por tierra, mar y aire desde marzo.



Los huthíes han dicho que observarán el alto el fuego en tanto que la coalición lo respete, pero han advertido que responderán a cualquier ataque, tanto de la coalición como de las activas tribus locales que están vinculadas a Al Qaeda y operan con la asistencia de Arabia Saudí, que les suministra armas del arsenal que provee Estados Unidos.

Algunos analistas han indicado que la tregua llega después de las siete semanas en las que Riad no ha conseguido ninguno de sus objetivos, a lo que hay que añadir que en los últimos días, como ocurrió ayer mismo, los huthíes han atacado más de dos ciudades saudíes fronterizas causando varios muertos.

Como sea que Riad ha dicho que estos ataques dentro de su propio territorio constituyen una “línea roja” que no va tolerar que se sobrepase, existe una considerable curiosidad por saber si el alto el fuego se mantendrá durante el tiempo previsto, tanto por parte de los huthíes como, especialmente, por parte de los saudíes.
Otra teoría quizá más razonable que explicaría la tregua es la celebración de la cumbre que tendrá lugar en Camp David el miércoles y el jueves, donde el presidente Barack Obama será anfitrión de los jefes de estado del Consejo General del Golfo (Arabia Saudí, Catar, Kuwait, Omán, Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos), que están involucrados en la guerra.

La Casa Blanca confirmó ayer que el rey Salman no participará en la cumbre. Aunque el propio monarca ha presentado sus excusas, debe recordarse que 48 horas antes la Casa Blanca había confirmado su asistencia, de manera que un sinfín de medios de Oriente Próximo habla de un “desplante” deliberado y sin paliativos.

Los comentaristas señalan que suspendiendo el viaje a última hora, Salman quiere mostrar al mundo de una manera visible su disgusto con la política de Obama con respecto al programa nuclear iraní, así como con respecto a la creciente influencia de Irán en la región, que tanto Riad como sus socios están combatiendo de todas formas posibles, especialmente por medio de las armas que les suministra Estados Unidos.

Pese a que la cumbre de Camp David fue programada hace bastante tiempo, el “desplante” de Salman no será el único. De los seis países del CGG, otros tres líderes no acudirán, y solo estarán presentes los responsables de Kuwait y Catar, lo que muestra que el descontento es bastante general.

El disgusto va más allá del programa nuclear de Teherán. Los saudíes temen que el levantamiento de las sanciones libere importantes ingresos que Irán podría destinar a sus aliados en Siria y Yemen, donde los saudíes están implicados directa o indirectamente financiando a milicias de todo un arco que han sido calificadas en Occidente desde “moderadas” hasta yihadistas.
Se da la circunstancia de que tanto en Yemen como en Siria, Arabia Saudí combate a las fuerzas más progresistas, y lo mismo ocurre en Líbano. En estas guerras los saudíes cuentan con el apoyo directo o indirecto de Estados Unidos y de las grandes democracias europeas e Israel, mientras que los chiíes de turno están a menudo aliados con sunníes y cristianos locales también progresistas.

Si, como se decía en Washington, Obama quería mostrar al Congreso que las negociaciones con Irán contaban con el respaldo de numerosos países de la región, la ausencia de sus mandatarios prueba justamente lo contrario, un punto, aunque no el único, en el que los productores de petróleo coinciden con las manifiestas y repetidas protestas del primer ministro Benjamín Netanyahu.
La agenda de Camp David contiene en un lugar destacado un apartado bajo la rúbrica de venta de armas. Washington no oculta que va a ofrecer todas las armas que pueda a los países del CGG, incluido un complejo y costoso sistema antimisiles para desplegarlo en el Golfo Pérsico con el fin de interceptar los proyectiles que hipotéticamente pudieran dispararse desde Irán.

En medios árabes se ha comentado que no será posible que las cosas sigan como hasta aquí y Washington repita las habituales y grandiosas ventas de armas al CGG con la misma facilidad que hasta ahora. De hecho, estos países, con Arabia Saudí a la cabeza, podrían haber llegado a la conclusión de que la defensa de su zona de influencia depende más de ellos que del aliado americano.
La guerra de Yemen muestra que el rey Salman ha decidido tomar la iniciativa de una manera desconocida hasta el presente, y no hay que olvidar que el mismo monarca ha impulsado la creación de una fuerza árabe de intervención para mantener bajo control en la región las aventuras no deseadas.