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Las trincheras de arena de Sang Atesh

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Carme Chacón viajó hasta uno de los epicentros del conflicto afgano, donde la insurgencia sigue teniendo una mayor presencia. La ministra se trasladó a Sang Atesh, en el corazón de la ruta Lithium, un camino apenas asfaltado que comunica el sur y el norte del país y que constituye el único punto de entrada de alimentos para numerosos pueblos y aldeas de las montañas afganas. Hoy en día, muchos de sus tramos siguen controlados por los talibanes.

Es entre altos montes de arena, y en la mitad de la ruta donde está la arenosa localidad de un millar de habitantes a 40 kilómetros de Quala i Naw. Cerca de allí perdió la vida el último soldado español fallecido en el conflicto, John Felipe Romero, tras un ataque talibán, y en sus alrededores las tropas han sufrido las bajas de los últimos meses.

Con la intención de establecer el control de la zona y 'atender las necesidades de la población', el Gobierno español levantó en abril un Puesto Avanzado a las afueras de la ciudad. Sin embargo, donde aterrizó Chacón pasado el mediodía parecía todo menos una base del Ejército. El helicóptero llegó y levantó una densa polvareda que, sumada a los cerca de 50 grados que se registraban en Sang Atesh, hacían prácticamente imposible distinguir la base.

Entre todo ese polvo y arena, se vislumbraban a lo lejos varias tiendas de campaña de gran tamaño camufladas, que constituían la sede española. Para la defensa de la zona los militares han llenado la zona de trincheras. Ellos mismos duermen en cuevas soterradas en las que únicamente tienen polvo, arena y unas cuantas literas.

Uno de los mandos del destacamento, el teniente coronel Ballenilla, explicó que su principal objetivo es acercarse a la población y lograr su confianza. 'Ayer mismo encontramos unas octavillas en las que la insurgencia amenazaba a la población si colaboraba con nosotros', apuntó. Frente a eso, aseguró que ellos prestan sus servicios a los vecinos de Sang Atesh para garantizar su subsistencia. También, según explicaron, les prestan atención sanitaria.

Ante la atenta mirada del equipo español desplazado allí, que dadas las adversas condiciones de vida rota cada quince días, un soldado afgano reconocía que sigue habiendo muchos de sus vecinos que no ven con buenos ojos la injerencia extranjera y por la fuerza, en sus pobres tierras.