Publicado: 21.07.2016 08:15 |Actualizado: 21.07.2016 08:15

Trump presenta de número dos a
un 'auténtico republicano' para reconciliarse con el partido

El gobernador de Indiana, Mike Pence, que opta a la vicepresidencia, es un católico ultraconservador que lleva casado 31 años y sin un sólo escándalo en su historial. Sin mucho carisma y de perfil bajo, contenta a los diferentes sectores republicanos.

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Donald Trump junto a Mike Pence en la Convención de los republicanos en Cleveland. EFE

Donald Trump junto a Mike Pence en la Convención de los republicanos en Cleveland. EFE

El gobernador de Indiana, Mike Pence, aceptó hoy su nominación como compañero de Donald Trump en la candidatura republicana a la Casa Blanca, a la que aporta su perfil de auténtico conservador y una experiencia política que puede reconciliar al magnate con el núcleo tradicional del partido.

Pence, de 57 años, debía decidir el pasado viernes si se presentaba a la reelección como gobernador, porque la ley de Indiana no permite competir por un cargo estatal y uno federal al mismo tiempo.

A Trump también le apretaba el tiempo: debía anunciar a su compañero de fórmula presidencial antes de la Convención Nacional Republicana de Cleveland (Ohio), que este martes oficializó a ambos como candidatos.

El magnate no comenzó a conocer bien al gobernador hasta la preparación de las primarias de Indiana en abril, cuando pidió incluirlo en el proceso de selección porque le impresionó la caída del desempleo en ese estado eminentemente agrícola del Medio Oeste y otras políticas de Pence.



El incendiario multimillonario, que ha roto todos los esquemas de las elecciones estadounidenses y de su propio partido, quería un candidato a vicepresidente con experiencia política que le ayudara a tender puentes con las mayorías republicanas en el Congreso, donde muchos legisladores aún recelan de su nominación.

Pence, congresista por Indiana entre 2001 y 2013, guarda buenas conexiones de ese periodo en Washington, donde batalló por la disciplina fiscal, un Gobierno federal con menos peso, una política de defensa fuerte, restrictivas leyes migratorias y una agenda social rigurosamente conservadora. Es decir, por el abecé de la ortodoxia republicana.

"Es un candidato que cumple todos los requisitos", se comenta en los círculos políticos de Washington, donde Pence, ferviente cristiano, es visto como una "opción de consenso" que puede hacer "digerible" a Trump no solo entre la elite del partido sino también para el votante ultraconservador y el poderoso sector evangélico.

Un conservador sin escándalos

Estos grupos, con frecuencia entrelazados, nunca han confiado en que Trump sea un auténtico conservador: en el pasado apoyó a demócratas, se mostró abierto en temas divisores como el aborto y va por su tercer matrimonio, con un historial sentimental extensamente aireado en la prensa rosa.

Al contrario, Pence lleva casado 31 años con su esposa, Karen, tiene tres hijos y no se le conoce ningún escándalo personal.

Además, su legado de conservadurismo social es intachable. En la Cámara de Representantes lideró el tipo de batallas que exaltan a ese sector y, como gobernador, firmó una ley criticada por permitir la negación de servicios a homosexuales en base a motivos religiosos y otra que prohíbe abortar por la discapacidad, raza o género del feto.

Su política económica sigue al pie de la letra la doctrina clásica republicana: aprobó la mayor bajada de impuestos de la historia de Indiana, impulsó rebajas fiscales a las corporaciones para atraer la inversión y toda su vida ha sido un adalid de la más estricta disciplina fiscal.

Económico es también su mayor punto de fricción con Trump: como congresista votó a favor de todos los tratados de libre comercio que se propusieron y apoyó en varias ocasiones liberalizar más el comercio con China, una política que el magnate rechaza frontalmente por considerarla responsable de la pérdida de decenas de miles de puestos de trabajo en EEUU.

Pence también apoya el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) que se ha negociado durante el Gobierno de Barack Obama y cuya oposición total es uno de los puntos cardinales de la campaña de Trump.

El gobernador, que barajó presentarse como candidato a las primarias de este año, aporta al tándem republicano la experiencia legislativa y gubernamental de la que Trump presume carecer y encarna al conservador arquetípico del que el magnate dista en numerosos sentidos.

Para contentar a todos

Pence no es conocido por su carisma ni por una personalidad arrolladora, pero no le hace falta: competirá por la Casa Blanca junto a uno de los candidatos que más pasiones, de amor y de odio, han levantado en la historia del país.

De perfil bajo y nombre poco conocido a nivel nacional, Mike Pence es una apuesta que, sin entusiasmar a casi nadie, parece contentar un poco a todos, algo que ya es bastante teniendo en cuenta la insólita relación de guerra abierta entre sectores tradicionales del Partido Republicano y su candidato a la Casa Blanca.

El gobernador, que antes de que Trump ganara las primarias de Indiana apoyó al senador ultraconservador Ted Cruz, ha defendido después públicamente que el magnate "ha dado voz a la frustración de millones de estadounidenses trabajadores con la falta de avances en Washington".

Mike Pence (Columbus, 1959) creció y cursó todos sus estudios, incluida su licenciatura en Derecho, en su Indiana natal, un estado eminentemente agrícola del Medio Oeste de Estados Unidos considerado históricamente un feudo republicano.