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Turquía decide hoy su futuro

50 millones de turcos están llamados a las urnas para reformar su Constitución

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Treinta años después del último golpe de Estado militar, Turquía celebra hoy un referéndum constitucional con el que el Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP; islamistas moderados) del primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, busca una profunda transformación de la Constitución de 1982, redactada por los generales golpistas y que rige el país desde entonces.

Uno de los platos fuertes de la reforma es la limitación de los poderes de las fuerzas armadas, pilar de la unidad de la República turca desde su fundación, en 1923, por Mustafá Kemal Atatürk, sobre las cenizas del Imperio otomano. Unos 50 millones de turcos están llamados a las urnas para decidir su futuro.

El AKP propone un total de 26 enmiendas constitucionales. Una de las principales es el aumento de los miembros del Tribunal Constitucional de los 11 actuales a 17, de los cuales tres serán designados por el Parlamento, mientras los demás serán nombrados por el jefe de Estado, en la actualidad Abdulá Gül, del AKP. Varios medios turcos ven en esta propuesta 'un intento de comprometer los principios de la independencia judicial'.

Los partidarios del sí al referéndum juegan con el factor emocional del golpe de Estado que el general Kenan Evren protagonizó en 1980. Porque otra propuesta del Ejecutivo es quitar la impunidad de la que se benefician los golpistas. Y todo militar que cometa un delito contra la Constitución será juzgado en un tribunal civil.

Erdogan pretende acabar con la impunidad de los militares

Las reformas están respaldadas por el AKP, el Saadet Partisi (islamistas) y el Büyük Birlik Partisi (islamistas y nacionalistas). En una reciente entrevista en el diario Taraf, Erdogan dijo: 'Si conseguimos una mayoría lo suficientemente contundente en las próximas legislativas [previstas para 2011], haremos una Constitución completamente nueva'. Una declaración que despertó el pánico en los sectores más seculares el ejército.

La campaña del no juega con la desconfianza que la clase media mantiene hacia los islamistas y con su miedo a perder su estilo de vida occidental. El no está apoyado por prácticamente todos los demás partidos políticos de izquierda, centro y derecha como el Partido Republicano Popular (CHP; kemalistas y principal fuerza de oposición), el MHP (derecha nacionalista), el BDP (kurdos) y el TKP (comunistas). Quieren poner fin a lo que llaman 'el Gobierno arbitrario' de Erdogan. Sólo las enmiendas que prevén más derechos para los niños, los ancianos, los discapacitados, las viudas, los huérfanos y los veteranos de guerra han conseguido el apoyo de todos.

El problema es que, según los últimos sondeos, la gran mayoría de los ciudadanos desconocen el contenido de las enmiendas del AKP. Algunos turcos, sin embargo, osan opinar. Yeliz Yahyabeyoglu, de 28 años, se inclina por el no: 'Esto no es más que otra trama del AKP para escapar del control de la justicia'. Ihsan Sönmez, editor de 29 años, asegura: 'Votaré por el sí porque mi familia ha sufrido durante la dictadura. No sólo quiero que cambien algunos artículos, sino toda la Constitución, y para ello ganar el referéndum es crucial'.

En las calles de Estambul, la capital económica de Turquía, no hay descanso para los votantes. Se escuchan las proclamas políticas que las furgonetas electorales emiten: ¡evet! (sí); ¡hayir! (no). Se espera nada menos que un 90% de participación, puesto que el voto es obligatorio. Los analistas consideran que los votantes depositarán su voto según sus partidos de referencia.

La oposición critica el carácter 'arbitrario' del Gobierno islamista

Para Tolga Bilener, especialista en política turca e investigador en el Departamento de Relaciones Internacionales en la Universidad de Galatasaray, el hecho de que la intención de voto por el sí y el no alcancen ambos el 45%, según los sondeos, 'deja claro la polarización de la ciudadanía, lo que traerá problemas a la hora de presentar cualquier resultado, como una victoria genuina'.

'Es necesario contar con una Constitución nueva para adaptar el sistema legal turco con los estándares de la Unión Europea. El problema no es el simple hecho de tener que cambiarla, sino encontrar el consenso necesario acerca de cómo hacerlo', añade Tolga Bilener.

Para el primer ministro Erdogan, del resultado de este referéndum depende el futuro económico del país: 'Con las enmiendas pasaremos a una democracia superior, y una democracia superior nos llevará a una economía superior'.