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Turquía Erdogan gana la Presidencia ejecutiva y mantiene el control del Parlamento

La oposición turca no reconoce los resultados de la agencia estatal Anadolu, que da a Erdogan la mayoría absoluta con el 52% de los votos, y asegura que país tiene que celebrar una segunda ronda para determinar quién será el nuevo presidente

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Erdogan saluda al dejar su casa en Estambul este domingo. REUTERS/Alkis Konstantinidis

El presagio se convirtió en realidad. “La oposición se ha hecho muchas esperanzas, creen que van a ganar, pero no va a ser así. Yo no les voy a votar”, aseguraba un joven en la puerta de un colegio electoral del conservador barrio estambulita de Çapa. Y así ha sido. En contra de lo que señalaban tanto las encuestas como el entusiasmo de sus detractores, Recep Tayyip Erdogan ha ganado en primera vuelta las elecciones que le convierten, de nuevo, en presidente de Turquía, con la diferencia de que esta vez gozará de amplios poderes ejecutivos.

Con el 97% escrutado, el líder islamista ha conseguido el 52%, muy lejos de su principal competidor, el socialdemócrata Muharrem Ince (30%), y también por encima del 50% necesario para evitar una segunda ronda. Al menos eso es lo que muestran los datos publicados por la agencia estatal de noticias Anadolu, que no están exentos de polémica. De hecho, mientras avanzaba el recuento, Ince ha tildado de “manipulación” estas cifras. Su partido no reconoce las cifras.

“Tenemos delante de nosotros los resultados no oficiales, la Presidencia ejecutiva ha sido entregada a mi persona. Y el AKP y el MHP han ganado la mayoría parlamentaria”, ha declarado el mandatario turco, atribuyéndose la victoria casi al mismo tiempo que la oposición decía que el país iba a ir a una segunda ronda. “Nadie puede sembrar dudas sobre los resultados electorales. Este ha sido un claro mensaje, con una participación del 87% Turquía ha dado una gran lección democrática”.

La plataforma Adil Seçim, en cambio, sí lo hace. Cercana al socialdemócrata CHP (Partido Republicano del Pueblo), esta organización ha realizado un recuento por cuenta propia que avanzaba más lenta y daba resultados significativamente diferentes. “Planean dar el llamado discurso del balcón en una manipulación para asegurarse de que todo el mundo abandona sus puestos vigilando las urnas”, aseguraba el diputado por Estambul del CHP Eren Erdem. “Solo tienen interés en convencer a la gente para que dejen desatendidas las urnas”.

El portavoz de la formación socialdemócrata, Bülent Tezcan, ha asegurado que las elecciones, en realidad, no han dejado ningún candidato por encima del 50%, por lo que el país tendría que celebrar una segunda vuelta. El resultado oficial lo declarará durante las próximas horas el YSK, el Consejo Supremo Electoral.

Mientras la polémica continuaba en Turquía por el recuento, Erdogan comenzaba a recibir las primeras felicitaciones. La primera, del presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, aliado de Erdogan; la segunda, del ultraderechista presidente de Hungría, Viktor Orban.

Estas elecciones eran claves para el futuro de Turquía ya que se trata de la primera convocatoria electoral tras el establecimiento del sistema presidencialista, aprobado hace apenas doce meses en un ajustado y polémico referéndum. La participación ha alcanzado el 87%, una de las más altas en la historia reciente de Turquía.

El resultado desató la euforia de los partidarios del presidente Erdogan y sentó como un jarro de agua fría entre los opositores, quienes creían firmemente en que esta vez sí podían derrotarle, o, como mínimo, obligarle a acudir a segunda ronda:
“He votado a Ince porque tiene que terminar la hegemonía de Erdogan de 16 años. A partir de ahora es tamam (suficiente, en turco -uno de los eslóganes de la oposición-). Ince es el candidato que más posibilidades tiene de derrotar a Erdogan, por eso me he decidido por él”, explicaba Miraç Özdağ en un colegio electoral del barrio estambulita de Nisantasi, donde gobierna el CHP.

Él, como toda la oposición, tenía miedo de que se falsificaran los resultados. “Sí que me preocupa que se puedan manipular los votos. Todos los partidos hablan de que hay que proteger las urnas, nadie se fía de que se vayan a respetar las normas. Eso no debería pasar en el siglo XXI”. No obstante, estaba convencido de que Erdogan podía ganar sin falsear los datos: “Creo que Erdogan sí podría ganar sin manipulaciones. En las encuestas hay mucha gente que no quiere o no se atreve a decir la verdad. Si gana habrá manifestaciones, pero no muy grandes, como pasó después del referéndum”.

Control del Parlamento

Con estas elecciones, Erdogan no solo se ha convertido en presidente ejecutivo y asegura su poder durante los próximos cinco años, sino que, al contrario de lo que apuntaban muchas encuestas, también se ha asegurado la mayoría en el Parlamento.

En las elecciones legislativas que se celebraban también en la misma jornada, el AKP ha recibido menos votos que en las últimas elecciones de noviembre de 2015, 42% frente a 49,50%, pero sigue manteniendo la mayoría porque acudían a estos comicios en coalición con los ultranacionalistas del MHP (Partido de Acción Nacionalista), que ha logrado el 11% del total de los votos. La coalición ha obtenido unos 342 diputados de una cámara de 600 diputados (que ha aumentado en 50 escaños con el nuevo sistema presidencialista).

Entre los analistas ha llamado especialmente la atención este resultado tan exitoso del MHP dado que apenas ha tenido visibilidad a lo largo de la campaña. Además, el partido había sufrido una escisión después de que numerosos diputados abandonaran sus filas y formaran el IYI Parti (Partido Bueno), liderado por Meral Aksener. Sin embargo, esta política ha fracasado en su intento de atraer el votante nacionalista desencantado con Erdogan.

El IYI Parti (10%) ha cosechado, incluso, menos votos que el prokurdo e izquierdista HDP (Partido Democrático de los Pueblos). Con el 11%, el partido del candidato Selahattin Demirtas, en la cárcel desde noviembre de 2016, tendrá representación parlamentaria al superar el umbral del 10%. En diversos puntos de las regiones kurdas, como en la ciudad de Diyarbakir, los seguidores del HDP salieron a la calle a celebrar el resultado.

Erdogan tendrá, pues, un extenso poder para moldear el futuro político, social y económico de Turquía. Desde hace 16 años, cuando el AKP ganó las elecciones por primera vez, el ahora presidente ejecutivo lleva dejando su marca en el país.

“Para nosotros, los conservadores religiosos, la vida ha cambiado a mejor durante los años que gobierna Erdogan”, señalaba un hombre de barba poblada y vestimenta tradicional islámica del barrio de Çapa. Entre mujeres cubiertas casi por completo y sosteniendo en brazos un niño de ojos azules, añadía: “Y aunque últimamente no se ha mostrado muy islamista, espero que después de las elecciones vuelva a poner en marcha sus medidas más religiosas”.

Irregularidades y violencia

Antes siquiera de conocerse estos primeros resultados, la polémica ya estaba servida. Era el miedo de muchos, y las denuncias de irregularidades no tardaron en llegar. Por ejemplo, en Suruç, una localidad del este de Turquía, la Policía ha detenido un coche cargado con cuatro sacos llenos de papeletas oficiales.

El nivel de desconfianza de los grupos opositores en la transparencia del proceso nunca había sido tan alta. Y ante las primeras denuncias, el CHP no ha dudado en apelar al YSK (Consejo Superior Electoral) para que investigara las supuestas irregularidades. El organismo responsable de la seguridad de la votación ha anunciado que revisará lo sucedido en la provincia de Sanliurfa, donde se encuentra la ciudad de Suruç.

Por todo el país, diferentes observadores han denunciado no haber podido acceder a las urnas en momentos puntuales. Desde la OSCE, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, han señalado que les han limitado temporalmente el acceso a los centros de votación en Diyarbakir.

En total, más de 400 observadores extranjeros de la OSCE y otras organizaciones internacionales han seguido las elecciones para tratar de documentar la transparencia del proceso electoral. Aunque no parece que todos hayan podido realizar su trabajo correctamente. El lunes la OSCE publicará su informe, aunque las noticias de detenciones de observadores internacionales ya ha transcendido durante la jornada electoral.

Según el portal de noticias Dokuz8, una delegación sueca fue detenida en la provincia de Bitlis debido a no tener la documentación en regla. Asimismo, en la provincia de Diyarbakir, una decena de extranjeros, entre los que se incluían alemanes, franceses e italianos, también han tenido problemas con la Policía y se les han abierto procesos judiciales. Anteriormente, a tres miembros de la delegación de la OSCE se les había denegado el acceso a Turquía.

La jornada electoral se ha celebrado en un ambiente de gran tensión, reflejo de la profunda polarización en la que está sumida el país durante los últimos años. Diferentes episodios violentos se han sucedido a lo largo y ancho de todo el país. El más dramático se ha producido en la provincia de Erzurum, en el noreste del país, donde al menos dos personas han muerto debido a un enfrentamiento producido en un colegio electoral. Las dos personas que han perdido la vida eran miembros del ultranacionalista IYI Parti (Partido Bueno).

Asimismo, se han producido reyertas en otros lugares como el barrio estambulita de Kagithane, en la provincia oriental de Sanliurfa, donde han golpeado al vicepresidente nacional del IYI Parti.