Publicado: 08.03.2014 08:00 |Actualizado: 08.03.2014 08:00

Ucrania divide Israel

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"Nunca me había pasado algo semejante, pero en los últimos días he perdido amigos en Facebook. La situación está muy crispada entre la comunidad ucraniana de Israel, entre la gente que apoya al presidente ruso, Valdimir Putin, y la gente que creemos que es un dictador", comenta horrorizada Alla Shainskaya, una científica que emigró al Estado judío en 1990, cuando tenía 35 años.

Alla nació en Dniepropetrosk, una ciudad del sureste de Ucrania de un millón y medio de habitantes donde había muchas empresas militares y aeroespaciales soviéticas. Su padre tenía un cargo directivo de mucha responsabilidad en una de ellas y Alla estudió Química en la Universidad local obteniendo unas brillantes calificaciones que le permitieron continuar estudiando y hacer el doctorado. Cuando emigró a Israel no le costó encontrar un empleo cualificado en el Instituto Weizmann, uno de los centros de investigación más elitistas del país, donde Alla pudo formar su propio equipo de investigación hasta que por motivos personales se jubiló el año pasado.

"La credibilidad de EEUU está en entredicho y si no actúa rápidamente, Rusia sí lo hará"

Alla ha acudido a alguna de las manifestaciones que se han convocado recientemente ante la embajada de Rusia en Tel Aviv para protestar contra la política de Putin en Ucrania, y se muestra crítica con la actitud que ha adoptado Israel en esta crisis, en la que no ha tomado partido. "Lo entiendo perfectamente: Avigdor Lieberman (el ministro de Exteriores) es amigo de Putin", dice con disgusto.

"No es normal que Putin diga que no hay ejército ruso en Ucrania. ¿De dónde han salido los tanques que vemos en la televisión? Los rusos están haciendo lo mismo que hizo Adolf Hitler en Checoslovaquia y el mundo vuelve a callarse. La credibilidad de Estados Unidos está en entredicho y si no actúa rápidamente, Rusia sí lo hará", comenta.

En la Ucrania soviética en la que Alla vivió la primera parte de su vida no percibió el antisemitismo. "En Dniepropetrosk trabajábamos gente de todas las nacionalidades soviéticas y el ambiente era muy bueno. Los judíos formábamos parte de una elite que tenía una amplia representación en el mundo académico y cultural. Un tío mío era un compositor célebre cuyo nombre era familiar en toda la Unión Soviética".

En Ucrania vivía la comunidad judía más grande de la Unión Soviética, no en vano Ucrania era la patria ancestral de buena parte de los pueblos jázaros que durante la Edad Media se convirtieron al judaísmo masivamente. "En la época presoviética hubo numerosos pogromos, pero eso desapareció tras la revolución", dice Alla, que se mantiene en contacto diario con sus hermanos y con amigos que residen en Ucrania.

"En medio de la revolución han aflorado muchos grupos fascistas y la situación es preocupante"

Alla cree que los medios occidentales están exagerando la presencia de organizaciones fascistas en Ucrania. "En contra de lo que se dice, los grupos fascistas son pequeños, y es un fenómeno similar al que está ocurriendo en otros países occidentales, como en Francia con Le Pen. En ningún caso tienen el peso que se les atribuye en Occidente".

Marina Langer nació en Kiev hace 35 años y emigró a Israel a la edad de diez. Trabaja en una empresa como técnica de sonido, está casada, tiene dos niños, y no ve las cosas de una manera tan inequívoca como Alla Shainskaya, aunque también está muy preocupada por lo que está ocurriendo en Ucrania. "En mi casa hablábamos ruso, aunque todos entendíamos el ucraniano. En Kiev, hasta los años noventa había mucha gente que hablaba ruso y entendía el ucraniano, y al revés, y no había problemas entre la gente por motivos lingüísticos. Luego salieron los grupos radicales y la cosa cambió", señala.

Marina cree que nunca ha habido democracia en Rusia ni en Ucrania. Piensa que la democracia no se puede imponer desde arriba de un día para otro y que es necesario que transcurra mucho tiempo hasta que se consolide. "Ahora, en medio de la revolución, han aflorado muchos grupos fascistas y la situación es preocupante. Lo que veo en la televisión me da miedo, especialmente lo que está ocurriendo en Kiev", comenta.

Ksenia Svetlova es periodista y trabaja en el canal ruso de la televisión pública, en el departamento de la información árabe. Nacida en Moscú, emigró a Israel durante la oleada de los años noventa que llevó a cerca de un millón de soviéticos al Estado judío, en gran parte ucranianos. Aunque no es ucraniana, también está muy preocupada por lo que sucede allí.

"Hace muchos años que Ucrania quiere desatarse de Rusia y parece que ahora está a punto de conseguirlo

"Hace muchos años que Ucrania quiere desatarse de Rusia y parece que ahora está a punto de conseguirlo, pero me parece que es muy posible que el país se divida. Lo que más me preocupa son los movimientos fascistas, los grupos neonazis que están jugando una parte decisiva en los acontecimientos", indica Ksenia.

Con respecto a Crimea, Ksenia recuerda que la historia de la pequeña península es compleja. Que su pasado tiene conexiones importantes con Turquía y Rusia. "Los vínculos con Ucrania son recientes. Se remontan sólo a 1954, cuando Krushov unió Crimea a Ucrania, de manera que lo más razonable sería convocar un referéndum y que la población local decidiera su futuro".