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La UE intenta apagar desde Seúl el incendio de Irlanda

Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España lanzan mensajes de tranquilidad ante los crecientes rumores de rescate. Zapatero reafirma su rechazo a los planes de Merkel 

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Los ministros de Finanzas de los países europeos miembros del G-20 (España, Francia, Italia, Alemania y Reino Unido) se vieron obligados ayer a hacer un receso de emergencia en medio de la cumbre que se celebraba en Seúl, para acordar una declaración que sosegara a los mercados frente a la crisis de la deuda irlandesa. La clave del mensaje de los cinco ministros fue recordar que los detalles sobre el mecanismo de rescate permanente que se está debatiendo en el seno de la Unión Europea no tendrían aplicación hasta 2013 y que, por tanto, en ningún caso, afectaría a los tenedores de deuda actual.

La declaración de los principales países europeos tuvo un efecto balsámico sobre los mercados, que acabaron cerrando en un clima de relativa tranquilidad, tras una jornada muy agitada.

El presidente del Gobierno ve difícil que prosperen las tesis alemanas

La declaración de Seúl fue la confirmación, por si cabía alguna duda, de que la tensión de los mercados de las últimas semanas está directamente relacionada con el plan de Alemania, debatido a finales de octubre en la cumbre europea, de que los inversores en deuda soberana puedan correr con parte de los riesgos cuando el fondo europeo tenga que acudir al rescate de un país.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, reiteró, poco después de la difusión del improvisado comunicado, que España no apoyará la petición alemana de involucrar al capital privado dentro de los mecanismos de rescate. Como ya hizo durante la cumbre de octubre, 'España va a posicionarse en contra de esta hipótesis', aclaró tajante Zapatero. El presidente también anticipó que es difícil que esta idea vea finalmente la luz en el Consejo Europeo, dadas las reticencias que han suscitado los planes de Alemania.

Al término de la cumbre en Seúl, Zapatero también intentó relativizar el efecto de contagio sobre España, al recordar que el problema de Irlanda procede de una situación muy particular ligada al estado de su sistema financiero. De hecho, Zapatero defendió insólitamente a los mercados, ya que cree que en esta ocasión 'no son los que producen' el ataque a la deuda irlandesa, que insistió, deriva de los problemas de la banca.

Los países europeos del G-20 dicen que el inversor privado no se verá afectado

'La historia puede demostrar' el hecho 'irrefutable' deque España tiene una situación 'sólida', recalcó el presidente. Zapatero afirmó con contundencia que ningún mandatario le había preguntado en el foro por la situación de España, pese a que la situación de Irlanda ha sido uno de los temas de conversación informales en los pasillos del foro de la cumbre del G-20. Zapatero defendió la utilidad de la creación del mecanismo de rescate como un 'factor de tranquilidad' y de estabilidad, pese a la actual situación de tensión en los mercados de deuda. Además, recordó que el mecanismo se creó, precisamente, porque no se puede descartar la hipótesis de que un país europeo no pueda hacer frente a sus obligaciones de pago. En ese sentido, el presidente aseguró que en caso de que haya que recurrir al mecanismo de rescate para Irlanda, 'lo que debemos esperar' es que genere confianza a los acreedores de la deuda.

El llamamiento a la tranquilidad lanzado desde Seúl se produjo en un escenario de insistentes rumores sobre la posibilidad de que Irlanda tenga que ser rescatada. Fuentes comunitarias aseguraron a Reuters que existen negociaciones sobre los detalles de la operación, pero oficialmente las autoridades comunitarias niegan cualquier movimiento. El propio ministro de Finanzas irlandés, Brian Lenihan, intentó restar presión a la situación, y dijo que su país no necesita fondos hasta junio de 2011.

Más sorprendentes fueron las declaraciones en Lisboa del gobernador del Banco de Portugal, Carlos Costa, que exculpó a los mercados financieros de la grave situación de financiación que atraviesa el país e instó a sus ciudadanos a ahorrar y a racionalizar el gasto para recuperar la confianza internacional.