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El ultimátum de la Liga Árabe expira sin que Siria responda

La organización adoptará sanciones ante la negativa de Damasco a recibir observadores

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El ultimátum de 24 horas que el jueves dio a Siria la Liga Árabe expiró al mediodía sin que Damasco aceptara firmar el protocolo que hubiera permitido la entrada de observadores internacionales en el país para garantizar que las Fuerzas de Seguridad no cometen excesos contra la población civil.

La revuelta que comenzó en marzo y se ha cobrado más de 3.500 vidas, según la ONU está adquiriendo un marcado tinte de conflicto armado, después de que un número cada vez más significativo de militares hayan optado por abandonar las filas del Ejército y pasarse a la insurgencia. El Gobierno de Damasco denunció un osado ataque contra una base de la Fuerza Aérea en la región de Homs que se cobró una decena de vidas, incluidas las de seis pilotos. Además, activistas de la oposición dieron cuenta de la muerte de al menos 13 civiles. El jueves perdieron la vida medio centenar de personas, contando 16 militares y 17 desertores.

El Gobierno cree que los rebeldes reciben armas desde Líbano

Damasco denunció que el ataque contra la base demostraba que los rebeldes cuentan con apoyos de 'elementos foráneos', algo que asegura desde hace meses. Los insurgentes podrían estar recibiendo armas por distintos canales y sobre todo desde Líbano, probablemente a través de la comunidad suní de ese país.

Hace algunas semanas, Siria aceptó una iniciativa de la Liga Árabe que contemplaba la retirada de las Fuerzas de Seguridad de las zonas urbanas. Pero la represión ha continuado, con un balance de centenares de muertos, lo que llevó a la organización panárabe a dar el nuevo ultimátum.

Mientras en la tarde del jueves Siria dio a entender que aceptaría la llegada de algunos observadores pero no los 500 propuestos por la Liga, dejó que el plazo expirara sin responder de manera oficial. La Liga Árabe dijo que iba a esperar una respuesta de Damasco hasta la noche.

La oposición denuncia matanzas de civiles en un país dividido en dos

Los delegados de Exteriores árabes tienen previsto volver a reunirse en El Cairo para adoptar un paquete de sanciones que incluyen la suspensión de vuelos a los aeropuertos sirios, la congelación de transacciones con el Banco Central y la cancelación de actividades económicas.

El ministro de Exteriores turco, Ahmet Davutoglu, señaló que trabajará codo con codo con la Liga Árabe para que Damasco ponga fin a la sangrienta represión de las protestas. 'Quiero decir con claridad que ya no nos queda tolerancia para la sangría de Siria', manifestó el canciller de Turquía, tal vez el país que ha adoptado una actitud más beligerante en el conflicto.

El aislamiento internacional es cada vez más evidente, aunque Rusia insiste en apoyar a su aliado. Moscú repitió que el conflicto no necesita sanciones, como propone la Liga Árabe, sino un diálogo entre el régimen y la oposición. Esta, con el respaldo occidental, se niega a dialogar con el Gobierno de Bashar al Asad y exige su dimisión sin condiciones.

La división interna es muy palpable y notoria en Siria, donde tuvieron lugar numerosas manifestaciones contra el régimen a lo largo y ancho del país, pero también se celebraron nutridas concentraciones de apoyo a Al Asad, tanto en Damasco como en otras localidades.

El régimen teme que, si autoriza la entrada de observadores internacionales, perderá las riendas de la situación. Una vez abierta la caja de Pandora, es muy difícil cerrarla y, teniendo en cuenta que tanto Occidente como la mayoría suní de la Liga Árabe han adoptado una actitud de fuerza, Al Asad cree preferible no aceptar a los observadores.