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La ultraderecha repunta en Europa

Una formación extremista hace caer al gobierno holandés. Del apoyo de los votantes de Marine Le Pen dependerá, en gran medida, el futuro de Francia

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'Es el comienzo de una agrupación de patriotas y de defensores de su identidad'. Una Marine Le Pen exultante saludaba a sus seguidores tras conocer que su formación ultraderechista, el Frente Nacional, se convertía en la tercera fuerza más votada en Francia en las elecciones presidenciales con un 17,9% de los votos.

No se trata sólo de un resultado histórico para la extrema derecha francesa. Ese casi 18% conseguido en las urnas puede condicionar la segunda vuelta de los comicios en la que los aspirantes al Elíseo, François Hollande y Nicolas Sarkozy, deberán ganarse el apoyo de los seguidores de los candidatos que quedaron apeados de la carrera presidencial.

Consciente del castigo recibido, no tan exagerado como preveían los sondeos, el presidente francés ya ha iniciado su peculiar campaña para ganarse la confianza de los votantes del Frente Nacional y batir así al socialista Hollande, ganador de la primera vuelta y todavía el gran favorito para la segunda. Empezó anoche y esta tarde, en un nuevo mitin, ha vuelto a repetir un discurso parecido al de marzo que, tras el caso del yihadista Mohamed Merah en Toulouse, le valió para remontar en las encuestas.

'Queremos una Europa que nos proteja, no una Europa que nos machaque (...) la Europa abierta a todos los vientos se ha terminado'. Y en nuevo grito por seguir aspirando a la reelección añadió que el electorado francés 'no quiere unas fronteras que dejan pasar todo, no quieren que les quiten su modo de vida'.

'La Europa abierta a todos los vientos se ha terminado', defiende Sarkozy 

Esa defensa férrea del nacionalismo, la necesidad de bloquear las fronteras frente a la inmigración y un rampante escepticismo hacia la Unión Europea, que comparten los partidos ultraderechistas europeos, también le valió al partido antimusulmán (PVV) en Holanda para convertirse en la tercera formación más apoyada en las urnas pasando de 9 a 24 diputados. Hoy, la formación que dirige Geert Wilders, bajo la premisa de 'no seguir los dictados de Bruselas', ha provocado la dimisión del gobierno holandés al bloquear un acuerdo sobre el déficit. Resultado: crisis política al canto e inminente convocatoria de elecciones anticipadas.

Sin embargo, Francia y Holanda no son, ni mucho menos, los únicos países europeos donde la extrema derecha ha calado entre los votantes. Los ultras han resurgido en Dinamarca, que ya se ha enfrentado con la UE al dinamitar el Tratado Schengen de libre circulación tras restablecer los controles fronterizos para 'luchar contra la inmigración'. El Partido Popular Danés dispone desde 2011 de 22 de 179 escaños. Al igual que los demás partidos de extrema derecha escandinavos, defiende una política antiinmigración y hostil al islam.

También en Finlandia, donde los Verdaderos Finlandeses arrasaron en las últimas elecciones y ahora ocupan 39 de los 200 asientos del Parlamento. O los cuatro diputados ultraderechistas griegos del partido Laos que, a la espera de las elecciones del 6 de mayo, el primer ministro Lukas Papadimos ha incluido en el gobierno de coalición. Son sólo otros tres ejemplos de varios países de Europa con representación parlamentaria de la extrema derecha:

En el Parlamento austríaco, el Partido Liberal de Austria (FPÖ) ocupa 34 de los 183 escaños, con un 17,5%. La Alianza por el Futuro de Austria (BZÖ), una escisión de la formación anterior que defiende las mismas tesis populistas, euroescépticas e islamófobas, dispone de 21 diputados con un 10,7%.

En el Parlamento suizo, la Unión Democrática de Centro (UDC), dirigida por Toni Brunner, posee desde las elecciones de diciembre de 2011 el primer grupo parlamentario con 54 de los 200 escaños. Este partido populista y xenófobo dio que hablar con campañas publicitarias en las que mostraba un rebaño de corderos blancos expulsando a un cordero negro extranjero o una mujer con velo integral delante de unos minaretes en forma de ojiva nuclear.

Representado por 41 de los 169 diputados del Parlamento, el Partido del Progreso tuvo entre sus miembros a Anders Behring Breivik, procesado por matar a 77 personas el 22 de julio pasado. Este partido populista hostil a la inmigración fue el gran perdedor de las elecciones locales celebradas tras la masacre.

El partido de ultraderecha Jobbik entró en el Parlamento tras las legislativas de abril de 2010, y posee 46 de los 386 escaños de la cámara. Jobbik defiende la preservación de la identidad nacional y el retorno de los valores cristianos, de la familia y de la autoridad, empleando en ocasiones símbolos de una formación nazi de los años 1930.

El Vlaams Belang ocupa desde las elecciones legislativas y federales de junio de 2010 doce de los 150 escaños del Parlamento, menos que en legislaturas anteriores. Este partido flamenco defiende posiciones nacionalistas, separatistas y antiinmigración.

La extrema derecha está por primera vez presente en el Parlamento gracias al partido Demócratas de Suecia (SD). En las elecciones legislativas de septiembre de 2010, este partido contrario a la inmigración obtuvo 20 de los 348 escaños en juego.