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Los unionistas radicales del Ulster vuelven a la violencia sectaria

Se producen en Belfast los incidentes más graves en varios años

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El verano no va a ser nada pacífico en Irlanda del Norte. Grupos unionistas radicales protagonizaron el martes la segunda noche consecutiva de disturbios en Belfast con enfrentamientos tanto contra la Policía como contra sus adversarios republicanos.

Las motivaciones no están del todo claras y parecen deberse a varias circunstancias, pero lo que es indudable es que los incidentes fueron cuidadosamente preparados. Un grupo numeroso de unionistas se congregó en la zona este de Belfast cerca de Short Strand, un área habitada por católicos.

Los lealistas lanzaron bombas incendiarias contra la Policía

A una hora señalada, cargaron contra las viviendas y provocaron diversos daños. Grupos de republicanos católicos acudieron a la zona y respondieron con violencia.

En otras partes de la ciudad, centenares de lealistas atacaron a los vehículos policiales con una violencia que no se veía en las calles del Ulster desde hace muchos años.

Bombas incendiarias y protectiles pirotécnicos cayeron entre las filas de los policías, además de palos y ladrillos. Los violentos enmascarados se lanzaron contra los vehículos policiales, que tuvieron que replegarse en algunos momentos.

Los radicales se creen abandonados por los partidos protestantes

La Policía informó después que había disparado 66 balas de caucho cuando unionistas y republicanos llegaron a utilizar armas de fuego. Hubo no menos de 11 disparos con fuego real desde las filas de los agresores.

Durante los disturbios, un fotógrafo de la agencia Press Association recibió un tiro en la pierna de origen desconocido. La Policía lo está investigando como un intento de homicidio.

Según la Policía, los responsables de los disturbios fueron miembros de la Fuerza de Voluntarios del Ulster (UVF, en sus siglas en inglés). La UVF declaró una tregua en 1994 y abandonó las armas de forma definitiva en 2007. Dos terceras partes de las 481 víctimas mortales que causó eran civiles católicos sin relación directa con el IRA.

Pero ni siquiera está claro que los dirigentes de la UVF tengan algo que ver con la violencia de los últimos días. Dentro de unas semanas se celebran los desfiles tradicionales de los unionistas que son considerados como una provocación intolerable por los republicanos. Dirigentes de ambas comunidades han hecho considerables esfuerzos en los últimos años para pactar recorridos con los que impedir que se produzcan enfrentamientos.

La violencia de los últimos días parece originarse en el sentimiento entre los grupos radicales unionistas de que los líderes de sus partidos los han abandonado a su suerte. Mientras tanto, los antiguos dirigentes del IRA o del Sinn Féin comparten Gobierno con los enemigos protestantes del pasado. El Sinn Féin vigila de cerca al IRA para que sus miembros no se vean atraídos por los grupos disidentes.

No hay mucho espacio en la nueva Irlanda del Norte para grupos cuyas bases más activas han ido evolucionando hacia la delincuencia y el vandalismo. Los que se erigían en guardianes de la comunidad protestante ya son examinados con desconfianza, como si fueran de hecho lo son un siniestro recordatorio de lo que fue el Ulster.

Los partidos unionistas ya no deben nada a grupos como la UVF y no les prestan mucha atención. Se da la paradoja de que el Sinn Féin ha defendido los intereses de la clase trabajadora protestante, vivero del UVF, en algunos asuntos relacionados con la educación ante el poco interés del principal partido unionista.