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Uribe no perdona a Correa su enfrentamiento en Río

Correa acusó a Uribe de tener "las manos manchadas de sangre"

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Desde la Cumbre de Río celebrada el 6 de marzo del pasado año en República Dominicana, el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, se ha convertido en la obsesión de su homólogo colombiano, Álvaro Uribe. En aquella reunión, celebrada cinco días después de que Bogotá bombardeara sin previo aviso un campo móvil de las FARC, Correa acusó a Uribe de tener 'las manos manchadas de sangre'. La imputación encolerizó al colombiano cuya arrogancia, dicen, es ilimitada. Las relaciones entre ambos paises quedaron rotas.

Meses después, en un extraordinario artículo publicado en este periódico, el escritor Antonio Caballero comparaba a Uribe con esos personajes decimonónicos de América Latina: 'Es padrino y compadre, temido y patriarcal, campechano y autoritario, amigo de sus amigos, enemigo mortal de sus enemigos'.

Por el momento, nadie sabe bien si él ordenó filtrar el video acusador contra Correa. Hay quien asegura que no, que procede de la embajada de EEUU en Bogotá. Nadie esconde que Colombia se ha convertido en el faro estadounidense para América del Sur y las maniobras para forjar un cinturón de hierro protector para Bogotá pasan indefectiblemente por emborronar el prestigio político de dos de sus países fronterizos, los díscolos del liberalismo Ecuador y Venezuela.

Pero para un sector de la comunidad internacional, Uribe carece de credibilidad. Es decir, creen la mitad de lo que sale por su boca. Correa lo dijo en este diario: 'Algo le falla. Se comporta como un psicótico terrible'.