Publicado: 06.05.2015 10:17 |Actualizado: 06.05.2015 10:31

Viajar a Nepal a pesar
del desastre causado
por el terremoto

Una familia india decidió continuar con su viaje a Katmandú. "Sé que cualquiera pensaría que estamos locos por querer ir a un sitio al que nadie quiere ir", relatan a 'Público'.

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Varios habitantes de Katmandú, buscan entre los escombros de las viviendas derruidas EFE / Leo Redondo

Varios habitantes de Katmandú, buscan entre los escombros de las viviendas derruidas EFE / Leo Redondo

KATMANDÚ.- Cuando el suelo tembló bajo sus pies, en seguida supo que se trataba de un terremoto. A los minutos se enteró de que el seísmo había sido en Nepal: de magnitud 7,8 en la escala Richter. Las primeras imágenes que llegaban desde la capital mostraban los edificios destrozados y el número de muertos y heridos no paraba de aumentar.

Amit se encontraba en aquel momento de viaje con sus padres en Delhi. En su plan inicial habrían llegado a Katmandú el 24 de abril y esperado en la capital nepalí durante tres días a que se gestionara su visado para Tíbet. El terremoto les habría pillado. Pero la suerte o el destino hicieron que decidiesen quedarse unos días más en el estado de Jammu y Cachemira, al norte de la India, retrasando el resto del viaje.




“Tras ver por la televisión lo que pasaba, dudamos si seguir con nuestro plan o no”, cuenta sentado en la recepción del hotel donde se alojan en Katmandú.

Los tres miembros de la familia, Amit, Anup y Lila, originarios de Surinam y con raíces indias, viven en Holanda. El objetivo de su viaje era realizar el Yatra o peregrinaje al Monte Kailash en Mansarovar, Tibet, una de las rutas más sagradas para los seguidores hinduistas del dios Shiva.

Tras el terremoto las carreteras quedaron bloqueadas. Sabían que no llegarían a Mansarovar, pero aun así decidieron continuar su viaje hacia Katmandú. “Sé que cualquiera pensaría que estamos locos por querer ir a un sitio al que nadie quiere ir”. Pero estaba en el plan, afirma. “Nepal era una parada, no el destino final”.

El 28 de abril, tras horas de espera debido a la congestión que sufría el aeropuerto internacional, aterrizaron en Katmandú. Allí vive un amigo con el que Amit estudió en Berlín. Con él visitaron los lugares más afectados por el terremoto. Confiesa haberse sentido como un “turista del desastre”. “Era extraño estar aquí. Hay gente que lo está pasando muy mal”.

Ante el caos de Katmandú, decidieron ir a Pokhara, a 200 km al oeste de la capital. La tercera ciudad más grande del país casi no se ha visto afectada. “Por el camino también pudimos ver la magnitud del desastre. En zonas rurales las casas de adobe estaban completamente colapsadas”.

Amit cuenta que una de las razones de su madre para venir era ayudar. Durante estos días han visitado los campamentos de Katmandú donde duerme la gente y les han dado cosas y dinero “porque ellos lo necesitan definitivamente mucho más que nosotros”.

A pesar de las dificultades, no se arrepienten de haber venido. “Esto es también una forma de yatra”.

No hay turistas 

En la zona de Thamel apenas se ven extranjeros. Lo que en otro tiempo -como temporada alta que es- sería un trasiego de coches, motos, rickshaws y gente, ahora parece un mercado tranquilo.

Las tiendas, cerradas durante toda la semana, comienzan a abrirse. Exhiben los productos a sus puertas, pero dentro no hay clientes. “El negocio ha caído en picado. Abrí hace tres días pero no he vendido nada todavía. No hay turistas” dice Sharam, que estaba en su tienda de ropa de lana el mismo día del terremoto.

El turismo es uno de los pilares de la economía de Nepal. En 2014 supuso un 8% del PIB y se registró la visita de más de 800.000 turistas, atraídos, sobre todo, por las ganas de caminar entre algunos de los picos más altos del mundo.

“Tenemos todas las reservas canceladas para los próximos meses”, afirma Shiva Ram Suwal, dueño del Hotel Blue Diamond, que ahora mismo aloja tan sólo a tres huéspedes italianos, de un total de 40 habitaciones.

“La imagen que se proyecta en los medios de que Katmandú sigue siendo un caos hace mucho daño”, cuenta Milan Thapa, del Hotel Norling Nepal. Periodistas, cooperantes y equipos de rescate han sido sus únicos clientes desde el terremoto. “Pero ellos también comienzan a irse”.

En las agencias que organizan las rutas de senderismo, principal reclamo del país, ocurre lo mismo. Travel Link tenía desde hace meses la reserva de un grupo para hacer trekking por el Annapurna el domingo que viene, pero está cancelado. “Esperemos que comiencen a despejar las carreteras pronto”, anhela Ratna Maharjam, trabajador de esta agencia.

“Todos los años tenemos entre 4 o 5 grupos que visitan la zona de Langtang. Gracias a dios esta vez no teníamos a ninguno”. Habla Mahesh Budha, de Joy Treks & Expedition, al que también le han cancelado los grupos previstos. “En entendible, la gente tiene miedo, quiere sentirse segura cuando viaja”.

La muerte el año pasado de 16 sherpas por una avalancha en el Everest y el terremoto del pasado 25 de abril, que ha dejado más de 7.500 muertos y 14.500 heridos, “no manda un mensaje de que Nepal sea un lugar seguro”, opina Mahesh. Pero el empresario, que lleva más de 22 años en el sector, mantiene esperanzas de recuperación: “los desastres naturales no ocurren todos los días”.