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Villepin lanza un movimiento político para hundir a Sarkozy

El ex ministro considera que el presidente francés es culpable de "todo lo que corrompe el espíritu nacional". La plataforma arranca con una campaña para reconciliarse con los barrios populares

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El ex primer ministro francés Dominique de Villepin da este sábado el paso clave de declaración de guerra a Nicolas Sarkozy en el seno de la derecha de cara a las elecciones presidenciales previstas en 2012. Villepin lanza un nuevo movimiento político, y pronunciará un discurso fundacional en París que todas las filtraciones anuncian de una dureza extrema. Colocará a Sarkozy en el rol de un monarca decadente culpable de 'todo lo que corrompe el espíritu nacional e incluso la idea misma del interés nacional'.

El momento y la manera escogida por el experto diplomático y líder político están calculados para provocar el máximo de daños colaterales en la figura de Nicolas Sarkozy y en el sistema de clan montado desde que iniciara su ascenso a la presidencia. Y además se produce en el momento de peor bache del presidente. No sólo en términos de popularidad en sondeos bajo mínimos, sino además en lo que realmente cuenta a la hora de conservar la fidelidad de los notables de la derecha: Sarkozy tiene muy mermado su poder de distribuir cargos y sueldos a dedo, desde el estallido una nueva serie de escándalos en las últimas dos semanas.

El ex ministro retrata al presidente como un monarca en decadencia

El diario Le Monde, que pudo hablar el viernes con Villepin acerca del discurso ya redactado, puso en boca del ex primer ministro ataques políticos de fondo contra el presidente. Nada de rencores personales como los que han sido copiosamente aireados desde hace años en torno a estas dos personalidades enfrentadas por el caso Clearstream de listados bancarios trucados.

Sí hay cargas de profundidad por 'la vileza ordinaria de su política, el espíritu cortesano'; denuncias por 'la puja demagógica sobre seguridad', por 'la estigmatización' y por 'los atentados contra las libertades'. Son temas en los que el electorado centrista está muy atento, después de la condena de un ministro sarkozysta, Brice Hortefeux, por 'injurias raciales', y las numerosas derivas islamófobas en el 'Debate sobre la Identidad Nacional'.

Por otra parte, al frente de un movimiento cuyo nombre girará en torno a la idea de 'República Solidaria', Villepin tiene previsto retomar la idea de la 'justicia social' y la necesidad de inventar un modelo social centrado en la promoción de los barrios populares.

Ambos siguen duramente enfrentados desde el caso 'Clearstream'

Son actualmente las dos líneas de defensa más frágiles de un presidente que fue elegido bajo el lema de la 'derecha desacomplejada', inoperante a la hora de promover la igualdad de oportunidades.

De hecho, Villepin es el protagonista de una estrategia que ni siquiera los comunistas se atreverían a lanzar. Está iniciando su movimiento con constantes visitas a los barrios populares de Francia, la banlieue que protagonizó la insurrección juvenil de otoño de 2005. En esas periferias donde Sarkozy, para ir, necesita un despliegue previo de cientos de policías y una declaración de estado de sitio de facto, Villepin se pasea tranquilo como el dandy que es.

Los villepinistas' se definen como 'rebeldes en busca de la unidad'

Las redes que sus hombres están creando en esos barrios, la popularidad de que goza por su oposición a la guerra de Irak, la esperanza que suscita su proyecto de 'República Solidaria' están suministrando al político el trampolín para empezar la carrera hacia el Elíseo. Y esa Estrategia Banlieue es algo totalmente nuevo en este país, dominado desde hace tres décadas por una fractura urbana entre ciudades dormitorio multiculturales que votan poco, centros de ciudad de élites clásicas que votan izquierda y verdes, y 'zonas rurales bajo influencia urbana', donde clases medias blancas aterrorizadas se parapetan tras una reja y votan Sarkozy o Le Pen.

Villepin tiene previsto reunir este sábado en la tribuna sólo a unos diez parlamentarios fieles, todos ellos salidos de la derecha y el centro. De momento son muy pocas tropas, pero este es un país en el que gustan los llaneros solitarios. Y los villepinistas, ahora reconciliados con los barrios populares, ya se definen a sí mismos como 'rebeldes', 'insumisos', 'irreductibles' en busca de la 'unidad', de la 'verdad' y del 'auténtico interés nacional'.

Al elegir el 19 de junio para su llamamiento, Villepin se coloca en filiación de un aniversario mítico en Francia: el 'Llamamiento del 18 de junio de 1940'. Fue cuando el general Charles De Gaulle, más solo que la una, escapó a Londres para clamar por radio que él era la República francesa, y no los filonazis mayoritarios en la Asamblea Nacional de París que aceptaron la ocupación nazi.

Sarkozy, desestabilizado desde su intento, el otoño pasado, de colocar a su hijo Jean al frente de un suculento cargo público, busca desesperadamente recobrar altura y algo que recuerde la estatura de hombre de Estado.

Excesivo como es, se permitió este viernes coger un tren Eurostar, meter a 700 notables dentro, e irse a Londres a imitar a De Gaulle. En 2010. Él, que no hizo un auténtico servicio militar, ya que su madre le encontró un puesto en el Estado Mayor del Ejército del Aire, sin salir siquiera de París, en un barrio rico como 'miembro del equipo de intervención de limpieza'.

En Londres, Sarkozy pronunció las típicas frases rituales. En París, la editorial La Découverte sacó a la venta la obra maestra del gaullismo y del comunismo franceses: el programa de la Resistencia de 1944, titulado Los Días Felices. Un programa en el que los combatientes antinazis fijaban a la política el objetivo de crear las pensiones de jubilación y la protección de los niños sin papeles, entre otros. El subtítulo escogido por el editor en 2010, dice: 'El Programa del Consejo Nacional de la Resistencia. Cómo fue escrito, cómo fue puesto en marcha, y cómo Sarkozy acelera su demolición'.