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La violencia étnica causa 45 muertos en Kirguistán

El conflicto entre kirguises y la minoría uzbeka desestabiliza aún más el país

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La violencia étnica amenaza con desestabilizar Kirguistán, la ex república soviética en Asia Central y el único país del mundo que alberga bases militares tanto de Rusia como de Estados Unidos. Al menos 45 personas murieron y más de 500 resultaron heridas hoy en los graves disturbios de origen étnico en Osh, la segunda mayor ciudad de Kirguistán con 200.000 habitantes. Se trata del peor episodio de violencia desde que el presidente Kurmanbek Bakiyev fue derrocado el pasado 7 de abril.

El Gobierno interino declaró el estado de emergencia en Osh y en varios distritos rurales después de que cientos de jóvenes se enfrentaran con armas y barras de hierro, incendiando tiendas en esta ciudad del sur del país, donde vive la minoría uzbeka. Una colaboradora de Reuters contó que el barrio uzbeko de Cheryomu-shki estaba en llamas y que estallaron enfrentamientos violentos entre kirguises y uzbekos. 'Muchas personas están construyendo barricadas. Vi una multitud incendiando dos grandes restaurantes y un supermercado', relató.

El Gobierno, liderado por Roza Otunbayeva, envió soldados y vehículos armados para frenar a las bandas que transitaban por las calles con palos, piedras y cócteles molotov tras una noche de violencia. 'Lamentablemente, estamos hablando de un enfrentamiento entre dos grupos étnicos. Hemos mandado fuerzas para detener y calmar a estas personas', dijo Otunbayeva.

El 70% de los 5,3 millones de habitantes del país son de etnia kirguís. Los uzbekos representan el 14,5% del total pero en zonas del sur llegan a ser la mitad de la población. Esta región es el bastión del derrocado presidente Bakiyev. Un mes después de la revuelta popular que acabó con la presidencia de Bakiyev, sus seguidores ocuparon edificios del Gobierno en el sur para desafiar a las nuevas autoridades centrales.

Además de las tensiones políticas entre el sur agrícola y el norte de Kirguistán, hay rivalidades entre clanes. Los últimos disturbios en la empobrecida ex república soviética avivarán la preocupación entre potencias como Rusia, China y EEUU, cuya base aérea en el norte del país a unos 300 kilómetros de Osh tiene una función clave para los suministros de las tropas en Afganistán.

Junto con la deriva autoritaria del Gobierno de Bakiyev, las bases extranjeras han jugado un papel en su caída. En febrero, el presidente había anunciado que cerraría las instalaciones de EEUU a cambio de ayudas financieras de Rusia. Si embargo, cuando Washington también ofreció dinero, Bakiyev dio marcha atrás.