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La violencia provoca un éxodo en Kirguistán

Los ataques contra la minoría uzbeka dejan miles de desplazados

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La violencia étnica en Kirguistán está provocando un éxodo masivo de refugiados hacia la frontera con Uzbekistán. Mientras el número de muertos tras los ataques contra la comunidad uzbeck se eleva ya a 170, la cifra de refugiados asciende a 83.000 según el Ministerio de Situaciones de Emergencia de Uzbekistán. El Gobierno uzbeko cerró la frontera el lunes y sólo dejó entrar a heridos. 'No tenemos más sitio para acogerlos', declaró el viceprimer ministro, Abdulá Arípov.

La ola de violencia también ha provocado desplazamientos internos. El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) denunció ayer que 200.000 personas dentro de Kirguistán han abandonado sus hogares.

Más de 80.000 personas han cruzado la frontera hacia Uzbekistán

'A menos que la paz y el orden regresen, tememos que mucha más gente podría ser rápidamente desplazada y dirigirse a las zonas rurales del país o intentar cruzar a Uzbekistán', declaró ayer en Ginebra Andrej Mahecic, portavoz de ACNUR.

El Gobierno provisional de Kirguistán afirmó ayer que el conflicto étnico está bajando de intensidad, pero insistió en pedir a Rusia el envío de fuerzas de paz. 'El conflicto en Osh y Jalal-Abad está amainando y el Gobierno provisional confía en que se mantendrá esta tendencia', dijo ayer la presidenta interina, Rosa Otunbáyeva.

Por primera vez desde que se iniciaran los ataques contra uzbekos ayer no se registraron nuevos pogromos e incendios en Osh y Jalal-Abad e incluso abrieron algunos comercios, aunque continuaba la tensión y las calles seguían cortadas con barricadas y patrulladas por militares y policías.

El Gobierno kirguís insiste en pedir ayuda a Moscú para frenar la violencia

Al mismo tiempo, Otunbáyeva dijo que las autoridades negocian con el presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, 'el envío de tropas para separar a los bandos enfrentados porque el decreto que autoriza el uso de las armas contra los provocadores no se cumple plenamente', según informó la agencia rusa Interfax.

Para Otunbáyeva, los sangrientos incidentes han demostrado que 'el Ejército kirguís no tiene suficientes fuerzas' para controlar totalmente la situación, mientras los efectivos de Interior 'están desmoralizados'.

La Oficina de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos considera que la violencia que se ha apoderado del sur del país 'no es el resultado de choques étnicos espontáneos', sino que ha sido 'bien planificada y dirigida'.

Algunos analistas políticos rusos señalan como instigador al derrocado presidente kirguís, Kurmanbek Bakíev, que tendría por objetivo desestabilizar el frágil Ejecutivo provisional.

En Kirguistán hay una base rusa y otra de EEUU

Samir Shakhbaz, experto internacional de la agencia Ria Novosti, considera que todo el problema es económico: 'El hijo de Bakíev manejaba todo el dinero enviado por EEUU y Rusia. Casi nada de este dinero terminaba en el presupuesto general del país. La gente no se preocupa mucho por quién es el presidente del país ni quién es el primer ministro. A veces ni siquiera conocen sus nombres. Pero cuando la situación económica es tan inestable, hay paro y la gente vive en pobreza, cualquier chispa puede provocar un gran incendio. Todo radica en el dinero'.

Otra posibilidad que defienden los expertos situaría al Kremlin como parte interesada en la desestabilización de la república, aprovechando la falta de recursos del Gobierno interino. En Kirguistán hay una base rusa y otra de EEUU, que tiene una función clave para el suministro de las tropas desplegadas en Afganistán.