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Washington teme que Israel le lleve a una guerra prematura con Irán

La Casa Blanca envía a altos cargos para tratar de convencer al Gobierno israelí de que no lance aún un ataque contra las instalaciones nucleares iraníes. Netanyahu se opone al diálogo indirecto entre EEUU y Teher&aac

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Una larga caravana de altos cargos de Estados Unidos ha viajado últimamente a Israel o viajará en los próximos días con un mensaje transparente: Washington no desea verse sorprendido por un repentino ataque a Irán y es necesario que Israel aguarde hasta ver el resultado de las duras sanciones que Occidente ha impuesto y sigue imponiendo al régimen islámico, antes de pasar a la acción.

El hecho de que recientemente los norteamericanos hayan abierto un canal de diálogo con Teherán ha enojado al primer ministro Binyamín Netanyahu, que teme que Occidente dé marcha atrás en las sanciones si Washington y Teherán logran un compromiso; una posibilidad que no descartan israelíes y estadounidenses, cada uno por su lado. En medios diplomáticos hebreos se teme que un acuerdo en esta línea descanse sobre la base de la anulación paulatina de las sanciones a cambio de una regresión escalonada del programa nuclear.

El ministro israelí de Defensa, Ehud Barak, viaja a Washington la próxima semana

Es posible que las posiciones se aclaren más en el transcurso de la visita que Netan-yahu realizará a principios de marzo a Washington para participar en el cónclave del poderoso lobby judío Aipac y para entrevistarse, de paso, con Barack Obama. El presidente de EEUU es consciente de que se arriesga a que Netanyahu adopte una actitud muy crítica con su Administración cuando apenas faltan unos meses para las presidenciales, lo que podría acarrear un coste elevado para el partido demócrata y para su reelección.

Los dirigentes israelíes no dejan pasar las oportunidades que les brinda el día a día para amenazar a Irán, generalmente de una manera oblicua, repitiendo cosas del tipo 'todas las opciones están sobre la mesa', que luego se corean al unísono en las capitales europeas y en Washington incluso utilizando las mismas palabras.

En sus frecuentes viajes al extranjero, Netanyahu, que la semana pasada estuvo en el Chipre griego la primera vez que un primer ministro israelí visita el Chipre dividido, envió otro mensaje a Irán. El titular de Defensa, Ehud Barak, que acaba de volver de Japón y Singapur, tampoco deja de hablar de Irán cuando tiene que dar una rueda de prensa, con independencia de las preguntas que se le hagan. Además, la cuestión iraní está relegando el calvario palestino a un segundo plano.

El consejero de Seguridad Nacional de Obama ha tratado de apaciguar a Israel

Es cierto que en el caso de Barak, que la semana que viene viaja a Washington, existen otras cuestiones que inciden en sus amenazas, como el hecho de que hablar de Irán justifica el desproporcionado presupuesto del Ministerio de Defensa. El domingo, el titular de Finanzas, Yuval Steinitz, denunció el constante 'chantaje' de Barak al Gobierno y al 'pueblo de Israel' con el fin de engordar el presupuesto militar. Barak se ha convertido en el ministro más belicoso y está jugando la baza de Irán por motivos particulares.

Es evidente que dos de las grandes potencias regionales, Israel y Arabia Saudí, comparten muchos intereses para intervenir directa o indirectamente en los regímenes chiíes que constituyen el eje del mal. Ahora mismo los objetivos son Irán y Siria, pero no hay que descartar que luego vengan Líbano e Irak. Estados Unidos, que carece de una política definida y propia para Oriente Próximo, acabará aceptando la línea que le marque Israel, como está haciendo con las cuestión palestina.

El New York Times citaba ayer a expertos militares que creen que Israel tendría que usar al menos un centenar de aviones para anular la capacidad nuclear y militar de Irán. Incluso así, seguramente tendría que volver a atacar ese país en un futuro próximo por segunda vez. Algunos expertos israelíes han reconocido que su capacidad no está a la altura de las circunstancias, a pesar de contar con los aviones más avanzados y con las armas más sofisticadas que les entregan los norteamericanos, de ahí que no se descarta que busquen la manera de implicar a la maquinaria militar de EEUU.

En este contexto de creciente belicismo hay que enmarcar las inacabables visitas a Israel de altos funcionarios estadounidenses. El consejero para la Seguridad Nacional, Thomas Donilon, se reunió el domingo durante dos horas con Netanyahu, y le transmitió el mensaje de que Washington no quiere que Israel le sorprenda con un ataque a Irán, y aún menos por un contraataque que obligue a la flota estadounidense del golfo Pérsico a entrar en una guerra no deseada, al menos por ahora.

El mismo Obama declaró hace unos días en una comparecencia televisiva que, a su 'entender', Netanyahu está dando una oportunidad a las sanciones impuestas a Irán, aunque es obvio que Netanya-hu no está dando esa oportunidad. Obama sospecha que en esta cuestión se puede estar jugando la reelección, de ahí que sopese sus palabras con sumo cuidado.

Funcionarios israelíes consideran que Irán 'podría tener la capacidad' de construir una bomba atómica en el plazo de un año, pero han dicho algo así tantas veces que no se entiende por qué ahora ha de ser cierto. Teherán insiste en que su programa nuclear es pacífico.

Algunos comentaristas han señalado que el acceso de Irán al armamento nuclear, de producirse, podría jugar un papel beneficioso para la región, y aportar a la zona cierto equilibrio ahora inexistente. La supremacía militar israelí, con al menos 200 bombas atómicas, según calcularon expertos independientes en los años ochenta, ha revelado que la asimetría militar no ayuda a progresar por el camino de la paz. En nombre de esa supremacía, Israel sigue expandiéndose por los territorios ocupados sin ningún reparo ni temor, y no tiene ningún aliciente para cumplir las resoluciones internacionales.