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Ya hay 212.000 muertos contabilizados en Haití

Bill Clinton llega a Puerto Príncipe para tomar las riendas de la operación humanitaria. El ex presidente quiere que el país "tenga su propia economía"

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'Esto tiene unas dimensiones inconcebibles'. Así es. El jefe civil de la Misión de Naciones Unidas en Haití, el chileno Edmond Mulet, resumió en dos palabras lo que los periodistas intentamos detallar con cientos de ellas. Mientras las excavadoras trabajan lentamente entre miles de toneladas de escombros en una mínima parte de lo derruido, se siguen sumando muertos a la que es sin duda la mayor catástrofe natural desde el tsunami de 2004.

El primer ministro, Jean-Max Bellerive, es el encargado de hacerlas públicas: 212.000 víctimas es la cifra de hoy. Y la coletilla de siempre: faltan por contabilizar los cadáveres que fueron enterrados por sus familiares, los que quemaron para evitar epidemias y, sobre todo, los miles que permanecen bajo los escombros.

Y en el mundo de los vivos, son más de 300.000 los heridos que han necesitado asistencia médica. De ellos, 4.000 son amputados. Y 1.100.000, los que se han quedado sin hogar al caer fulminadas medio millón de viviendas. Todos ellos duermen en campamentos de desplazados o al pie de lo que fuera su hogar. El Gobierno aumenta esta cifra hasta los dos millones, sumando los que no tenían casa antes del terremoto del 12 de enero.

Este es el Haití que hoy se encontró Bill Clinton, ex presidente estadounidense, tras asumir su cargo de enviado especial de la ONU. 'Este es uno de los peores desastres que he visto', confirmó. Y ésta la receta que transmitió al presidente Preval y a Mulet: 'Que Haití tenga su propia economía'.

Clinton aterrizó con la idea de 'tapar los huecos en el trabajo de la comunidad internacional' y con la tarea de 'conseguir más fondos para el programa Comida por Trabajo', gracias al cual se remunera con cinco dólares diarios a 32.000 haitianos empeñados en desescombrar y rehabilitar las infraestructuras dañadas.

El reto de Clinton es también desproporcionado. Ya se lo dejó claro Ban Ki-moon al rogarle que fuera el coordinador de la lluvia de ayudas internacionales. 'Una oportunidad histórica, ha llegado el tiempo de encabezar los principios de una mejor reconstrucción', planteó el secretario general de la ONU. Otro miembro de Naciones Unidas, Cephas Lumina, arremetió contra el Fondo Monetario Internacional, que concedió a Haití un préstamo de 114 millones de dólares. 'Haití tiene necesidad urgente de ayudas sin condiciones y no de nuevos préstamos', incidió este especialista en deuda externa y derechos humanos.

Clinton llega a Puerto Príncipe cuando se suceden las protestas contra Rene Preval. Al menos 200 haitianos se concentraron en la sede provisional del presidente, en lo que ya se ha convertido en una costumbre. Piden comida, agua y tiendas de campaña, que ante las inminentes lluvias que amenazan Puerto Príncipe se han convertido en objeto de deseo para miles de haitianos.

Las carpas compiten con plásticos, lonas y cualquier otra cosa que sirva como cobijo en las noches, porque casi nadie se atreve a volver a las viviendas menos deterioradas. Paralelamente, decenas de máquinas desescombran contrarreloj en zonas del centro y de Petionville, olvidándose de los barrios más marginales.

Algunos equipos han organizado un sistema de señales, y así, una A invertida indica que debajo de esa casa pulverizada existen cuerpos sin rescatar. El ex presidente ha prometido que en los próximos días traerá 25.000 tiendas de campaña al país, además de 100 camiones más pequeños para llevar las ayudas a los barrios más intrincados.

No hay duda: las dimensiones de la tragedia haitiana son inconcebibles. Pero también las cosas que ocurren en Puerto Príncipe. De ello se lamentó el propio primer ministro, que no acierta a comprender cómo el tema de los baptistas roba-niños acapare la atención de los medios de comunicación, sobre todo los de EEUU, 'cuando hay un millón de personas que sufre en la calle'. Incluso a Clinton le tocó desmentir que vino para pedir su libertad.

Un periódico de Idaho, tierra de la estadounidense acusada de secuestrar a 33 niños haitianos, desveló que Laura Sylsvi había cometido fraudes vía Internet. El circo mediático en Puerto Príncipe se lanzó de inmediato a una carrera a toda velocidad, tras esta mujer y el resto de los acusados, que eran trasladados para declarar.

Sus abogados pretenden ahora pedir la libertad provisional de los acusados. Fuentes judiciales sostienen que algunos de ellos sí podrían quedar en libertad, nunca la principal acusada.