Opinión

Chelo y las mayúsculas

Virginia Pérez ALONSO

Codirectora de Público

Era un día cualquiera. Llovía lo mismo que cualquier otro y el único hijo de Chelo jugaba a la pelota en la plaza del Campo da Leña como cada tarde a la salida del colegio. Chelo no sabía leer ni escribir, y aun así regentaba una pequeña casa de comidas; poco dinero, apenas para ir tirando ella y su pequeño.

Ese día cualquiera dejó de serlo cuando un soldado entró en el bar con la cara desencajada y le anunció que un camión acababa de atropellar al niño. Chelo tardó segundos en recorrer los 800 metros que la separaban de la plaza. Allí estaba el chaval, regateando la bola en pantalón corto. Ni rasguños, ni camión, ni atropello. Regresó, extrañada, a aquella barra impregnada del olor de la grasa de los jamones colgados del techo. Uno, dos, tres… "¡Pero...si me ha robado un jamón ese desgraciado!".

Chelo cogió al hijo y se plantó en el cuartel de Atocha, que estaba a tiro de piedra del bar. Le explicó al mando lo ocurrido y tras describirle el traje que vestía el soldado, la mandaron para el cuartel de Agrela, en la otra punta de la ciudad. Niño en ristre y paso ágil, recorrió andando los cuatro kilómetros y pico de distancia. Le cantó las cuarenta al sargento y le exigió ser ella la que identificara al ladrón allí mismo, en el cuartel. Todos cuadrados en el patio, y Chelo escrutándolos uno a uno de puntillas para poder atisbar bien sus rasgos...

Dos años después, otro día cualquiera en el que no llovía ni más ni menos que los demás y en el que los niños daban patadas a la pelota en la plaza de siempre, un soldado se presentó en el bar de Chelo con un jamón. A ella le costó reconocerlo. Aceptó el jamón. Eran los tiempos de la posguerra.

...

Chelo se convirtió así, por casualidad y sin saberlo, en una de las primeras mujeres en pasar revista a una tropa. Pero su nombre no figurará en libros ni en espacios dedicados a mujeres relevantes. Nunca se le pasó por la cabeza que podría salir siquiera en un periódico, porque lo suyo, como lo de tantas 'Chelos', era y sigue siendo pura supervivencia. Ellas no forman parte del plantel de mujeres que cambiaron la Historia, aunque su historia es la que escribe la nuestra, la de todas y la de todos; esa que paradójicamente siempre se representa con grafía minúscula a pesar de lo mayúsculo de su legado. Ellas son nosotras y nosotras no seríamos sin ellas. Sirva este pequeño homenaje para tenerlas aún más presentes en nuestra memoria. Hoy y siempre.