1978 Igualdad, año cero - Tribuna

Constitución ¿Qué le falto a la Constitución española?

Julia Sevilla Merino

Red feminista de Derecho Constitucional

Le faltaron las mujeres. Que nuestros constituyentes (y utilizo el masculino porque me refiero a los hombres) nos vieran como personas que vivían y trabajaban a su lado, que podían aportar su experiencia como ciudadanas y que también habían sido y eran maltratadas y muertas “en la paz del hogar” . Y que estas muertes se podían prevenir.

A partir de 1975 se visibilizó la fuerza del movimiento feminista. La respuesta de los partidos fue colocar alguna mujer… La respuesta del feminismo fue entregar a las diputadas que consideraban feministas un manifiesto de solidaridad y apoyo, que contenía las exigencias fundamentales: derecho de la mujer a la libertad de su propio cuerpo, a la igualdad en todas las manifestaciones de la vida sociopolítica como salario, patria potestad, supresión del adulterio, amnistía contra los delitos femeninos y elaboración de una Constitución verdaderamente democrática.

Y llegaron los debates. El artículo 14 abrió el capítulo de los derechos: “los españoles son iguales ante la ley sin que pueda prevalecer discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo…”. El sexo es la primera discriminación, decíamos. En el nacimiento y la raza también existe discriminación por sexo. La discriminación por sexo es la de la mujer, como aclaró el Tribunal Constitucional cuando se puso en marcha, y le llegaron las demandas de los hombres reclamando lo que consideraban privilegios, “la expresa discriminación por razón de sexo se halla en la voluntad de terminar con la histórica situación de inferioridad en que, en la vida social y jurídica, se había colocado a la mujer”. La preferencia del hombre en la sucesión al trono hizo que todas las constituyentes, excepto la que defendió el voto en contra, abandonaran el Pleno.

El artículo 15 es paradigmático. Solo se pensó en la violencia del Estado no en la que se ejercía sobre las mujeres, que son “el segundo sexo”. Formaba -no sé por qué lo pongo en pasado- parte de lo privado, en donde mandaba el marido, que tenía la última palabra. El lenguaje también sancionaba su autoridad: la mujer paría, pero era la patria potestad y era el apellido del padre el que construía la familia. ¿Qué era eso de la integridad física y moral de las mujeres?

No se pensó en la violencia que se ejercía sobre las mujeres por ser “el segundo sexo”

Hoy se puede decir que algo ha cambiado. En primer lugar, se han aprobado leyes que reconocen derechos de las mujeres: ¡¡La ley contra la Violencia de género en 2004!! Queríamos que se llamara terrorismo doméstico porque, ¿nos imaginamos la que se hubiera armado si hubieran tratado el terrorismo como tratan el nuestro? En segundo lugar, la Ley para la Igualdad efectiva de Mujeres y Hombres en 2007.

Pero como solo mediante las normas se reconocen los derechos, y solo así se garantiza nuestro derecho a la igualdad, exige que se nos reconozca como sujetos constitucionales en la futura reforma de la Constitución.

No quiero acabar sin referirme a la importancia del lenguaje, que es el medio. La imaginación y la inteligencia permiten un discurso inclusivo: la sociedad nos lo debe.