2018 ¿Y ahora qué? - Tribuna

Feminismo Hombradas y feminismo

Miguel Lorente ACOSTA

Profesor de Medicina Legal de la Universidad de Granada y ex-Delegado del Gobierno para la Violencia de Género.

"Acción muy meritoria y esforzada", así define el diccionario la palabra "hombrada", un concepto que conlleva dos connotaciones iniciales. La primera, que las acciones "muy meritorias y esforzadas" son propias de hombres, puesto que si una mujer las realiza no son "mujeradas", sino "hombradas femeninas". Y la segunda, que lo meritorio y esforzado, sea realizado por un hombre o una mujer, debe serlo para la sociedad y la cultura que dan mérito y otorgan reconocimiento a la acción.

La historia está llena de épica, de victorias, de héroes, de hombradas… y sin embargo ninguna de ellas ha tratado de contrarrestar y cambiar la injusticia más grande que ha existido: la desigualdad de género. La mayoría de esos logros han servido para conseguir beneficios particulares encubiertos bajo banderas, patrias, intereses, creencias...logros que mantienen el mismo modelo de sociedad que de vez en cuando requiere de hombradas y, por tanto, de hombres, para perpetuarlo.

Si tomamos como referencia lo que debe caracterizar la convivencia en sociedad, los Derechos Humanos, la verdadera "acción meritoria y esforzada" ha sido realizada por las mujeres y el feminismo al enfrentarse a toda esa estructura social, teniendo que soportar el peso de la historia en cada una de las críticas y ataques que reciben.

Los hombres no han estado en esta transformación y la mayoría sigue sin estarlo. Ellos, como mucho, se han adaptado a las nuevas circunstancias surgidas del desarrollo y el progreso social, pero sin renunciar en ningún momento a sus privilegios ni a la desigualdad histórica. Pero el tiempo no da razón, sólo demuestra la fuerza empleada en la resistencia.

Una de las consecuencias de la transformación instaurada por el feminismo y las mujeres ha sido proporcionar un modelo de conocimiento a los hombres que facilitara desarrollar una conciencia crítica sobre la realidad.

Cuestionar esa identidad masculina impuesta, rígida y acrítica que establece el machismo, y criticar la cultura que la presenta como normal y necesaria para que todo se mantenga en orden, no es fácil para un hombre por la doble trampa que establece el machismo. Por un lado, les dice que hacerlo significa "no ser hombre" y que, por tanto, no te van a reconocer como tal; y por otro, otorga a cada hombre el título de "guardián del orden" para que no sólo se comporte como hombre, sino que también haga que los demás (hombres y mujeres), se ajusten a los roles, a tiempos, espacios y funciones establecidos.

Cuestionar la identidad masculina impuesta por el machismo no es fácil

No cumplir las expectativas depositadas en un hombre significa situarlo en el terreno de la sospecha y rápidamente ser cuestionado como tal hombre en su doble dimensión. Una situación que viví en primera persona cuando comencé a investigar desde la medicina forense la violencia contra las mujeres como una violencia diferente al resto de las violencias interpersonales. Al poco tiempo de comenzar a preguntar algunas cuestiones sobre el tema a jueces y fiscales me llamaron “traidor”, una idea que aún repiten muchos hombres cuando ven que otros creemos en la Igualdad y trabajamos de la mano del feminismo para conseguirla.

La Igualdad es buena para toda la sociedad, no sólo para las mujeres, pero la entienden como negativa y como un ataque a sus posiciones, porque los primero que perciben es la pérdida de sus privilegios. Y el privilegio principal no es el beneficio particular de cada hombre, sino contar con un contexto común de normalidad en la desigualdad.

Hoy el ataque y la resistencia a la Igualdad se hace desde un doble frente, por un lado el machismo tradicional con toda la exhibición de agresiones y críticas hacia las mujeres, y por otro la estrategia del posmachismo, donde la confusión hace el trabajo para que todo siga igual y los hombres permanezcan a la sombra de la identidad tradicional. Por eso los hombres tenemos una mayor responsabilidad a la hora de erradicar la desigualdad.

Definitivamente, la verdadera acción "meritoria y esforzada" es la que están realizando las mujeres y el feminismo. No hacen falta más machadas ni hombradas, sólo "Igualdad sin ira", como en su día necesitamos libertad.