2018 ¿Y ahora qué? - Tribuna

¡Hasta aquí hemos llegado! Ni podemos ni queremos esperar más

Ana de Miguel ALVAREZ

Profesora titular de Filosofía Moral y Política en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid

No es fácil comprender bien las relaciones actuales entre hombres y mujeres sin echar la vista atrás. Si no sabemos de dónde venimos no es fácil que podamos interpretar el presente. Entonces, ¿de dónde venimos? Está claro que de una sociedad que no sólo no condenaba sino que aceptaba y reforzaba la desigualdad como un estado natural, normal y justo de cosas.

Partir de aquí nos permite hacer un diagnóstico rápido y sintético, como exige este artículo, del momento presente y los retos del futuro. Podemos sostener que hoy hemos pasado de la legitimación de la desigualdad a la condena de la desigualdad. Y esto es un gran avance. Pero el caso es que nuestra sociedad está hoy anclada en la condena. Un asesinato más, todo el mundo a condenar. Pero no estamos avanzando y eso genera dos tipos de malestares que nos rodean. Primero el de las feministas, que ya estamos hartas de que se hable de un pacto de Estado o de corresponsabilidad y no se haga nada en absoluto para materializarlo en proyectos reales. Y segundo, el de la sociedad, que de tanto oír hablar del tema va percibiendo la idea errónea de que hoy las mujeres están teniendo un protagonismo y unos "privilegios" inmerecidos, por el "solo" hecho de ser mujeres. Hay que fastidiarse. Es una manera bien sutil de neutralizar las ganas de cambiar esta sociedad tan injusta y que todo lo corrompe. Y por eso nos estamos conjurando alrededor de un lema que bien podía ser: hasta aquí hemos llegado.

Uno de los retos principales del feminismo hoy es el de la claridad conceptual. Y es que otra forma de neutralizar el feminismo es mantener, como se está haciendo, que hay tantos feminismos como mujeres y que basta que una mujer diga que hace algo porque le da "la puta gana" para que ese algo sea "feminista". Frente a esto hay que explicar que el feminismo no es una forma de ganar dinero, menos una marca para vender desde "sábanas feminisitas" a "pornografía feminista", "cocina feminista". Que no nos tomen tanto el pelo quienes quieren vender algo.

En la actualidad miles de jóvenes están volviendo sus ojos hacia el feminismo en busca de explicaciones y respuestas a una sociedad que, bajo la apariencia de la igualdad y la libertad, del hedonismo y la transgresión envuelve un neoliberalismo repugnante. Un neoliberalismo que traslada a las jóvenes que su cuerpo es su mejor recurso, para la felicidad personal y el éxito social. Que el cuerpo es una mercancía como otra cualquiera y tontas serían si no le pusieran precio. Pues bien, ante esto el feminismo tiene un mensaje claro: no somos cuerpos y nuestros cuerpos no son nuestra mercancía. De ahí, de ser sólo cuerpos para la reproducción y el placer sexual de los hombres es de donde decidieron salir nuestras hermanas sufragistas, socialistas, comunistas y anarquistas hace más de 200 años.

El feminismo no es una teoría de la preferencia individual, es una visión crítica de la sociedad y tiene un proyecto colectivo para luchar contra las injusticias. Tenemos un rumbo, valores fuertes y no líquidos y un sentido de la vida que queremos legar a las nuevas generaciones. Lo primero que ponemos en el tapete es que el ser humano nace y muere vulnerable: durante muchos años de vida necesitamos ser cuidados o, sencillamente, morimos. Y con toda generosidad los hombres nos adjudicaron esta tarea a tiempo completo, y, ya de paso nos cerraron las vías de la autonomía personal, social y política.

Por eso hoy queremos volver a repasar las cláusulas del Contrato Social del que fuimos excluidas. Y, para comenzar, declaramos nuestra voluntad de incluir en el Contrato los cuidados. Estas tareas son tan necesarias como gratificantes, pero a tiempo completo aplastan. Luego una primera reivindicación clara: Esto hay que repartirlo. Hasta aquí hemos llegado. Es un mensaje claro a los hombres, nuestros compañeros de comunidad humana.

También tenemos un mensaje claro sobre todo el orden social. Si tenemos que organizarnos para cuidar y para que algún día nos cuiden no queremos esta sociedad capitalista y neoliberal que lleva al sálvese quien pueda y cada vez se salva menos gente. No queremos jornadas laborales que nos incapaciten para tener un proyecto de vida. Pero tampoco queremos trabajar sólo nosotras a tiempo parcial y que mientras los hombres sigan identificándose como la autoconciencia de la especie. Que sigan definiendo por tod@s lo que es el progreso, lo que son los fines de la ciencia -¿ir a Marte? ¿construir úteros artificiales?- lo que es valioso e importante y lo que no. Que definan a su imagen y semejanza lo que es productivo y lo que no lo es. Y hasta lo que es el deporte, pongamos por caso, que es siempre "el deporte masculino". Luego, de alguna forma, nuestro rumbo exige un cambio radical de esta estructura social en que mucho “post”, todo es "post" ... y al final parece que estamos regresando a una servidumbre feudal, eso sí, con internet.

Por último y porque no tengo más espacio, ¿estamos ante una nueva ola de feminismo? Hace tiempo que se escribe, sobre todo en inglés, sobre la cuarta ola o alguna escritora deja caer con entusiasmo si no necesitaríamos una quinta ola. Creo que hay que evitar la tentación de coleccionar olas y la tentación de estar comenzando siempre de nuevo. Tal vez sea mejor subirse con decisión a los hombros de las gigantas y de las masas de luchadoras que nos han precedido. La historia del feminismo, de lo que nos une, de lo que nos separa y sobre todo la historia de lo que nos ha hecho avanzar es nuestra "caja de herramientas". Sin ellas, sin aprender a manejarlas no cambiaremos el sistema. Un sistema tan poderoso y universal que se solapa con el aire que respiramos. Y, por supuesto, hay que ir haciéndose también con herramientas nuevas.