2017 Se rompe el silencio

La explosión de denuncias y movilizaciones sociales no hubiera sido posible sin el silencioso trabajo de tejer telas de araña de las organizaciones feministas.

Un tsunami formado gota a gota

Marisa Kohan REVSIN

Periodista

Los tsunamis se generan de forma brusca y repentina, pero el que recorrió 2017 inundando el mundo entero de denuncias y manifestaciones feministas se gestó gota a gota a lo largo de un amplio período de tiempo, y vino en oleadas sucesivas alimentadas por hitos que ya no pasaban desapercibidos.

El año empezó con una Marcha de las Mujeres en Washington que se extendió como un reguero de pólvora por casi 700 ciudades de todo el mundo. Mujeres de todo tipo y condición, de todas las razas, de todas las profesiones y creencias unieron sus voces para denunciar el Patriarcado (con mayúsculas) que representaba la recién estrenada presidencia de Donald Trump.

En aquella marcha se pronunciaron discursos contra las violencias machistas que algunos consideraron algo extremos en aquel momento, pero que no hacían más que anticipar lo que estaba por venir en el año del caso Weinstein, el impulso de la campaña argentina Ni una menos, el sinvivir de Juana Rivas, el juicio de La Manada en España, de la Ley del Aborto en Chile...

"No hay un factor aislado que explique esta explosión", afirma la filósofa Marina Subirats. Las gotas van cayendo y un día el vaso rebosa. La mundialización ha hecho que todo vaya más rápido. La tercera ola del feminismo nació en Estados Unidos hacia 1963, pero no llegó a España hasta 13 años después. Hoy lo que ocurre en un lugar del mundo tiene repercusiones casi inmediatas al otro lado y ayuda a aunar las luchas", añade.

Los datos corroboran el análisis de Subirats. La Marcha de las Mujeres nació con un post en Facebook publicado por una jubilada de Hawai tras confirmarse el triunfo de Trump. Esa noche, antes de irse a dormir, varias decenas de personas ya habían contestado a ese post diciendo que acudirían a la marcha si era convocada. Cuando se despertó a la mañana siguiente la convocatoria ya había recibido el apoyo de 10.000 personas.

En España, el caso de La Manada ha sido una de las gotas que menciona Subirats. No ha sido la más terrible, pero sí ha puesto la violencia sexual en el centro debate público. A lo largo de las últimas décadas se han producido casos terribles como el de las chicas de Alcàsser o el de Sandra Palo. Crímenes que conmocionaron a la sociedad pero que no lograron extender el debate sobre la violencia sexual de la manera en que lo ha hecho la violación múltiple en los Sanfermines.

El caso de la violación de La Manada puso en evidencia otra de las violencias que sufren habitualmente las víctimas de agresiones sexuales: el juicio paralelo de buena parte de la sociedad, que cuestiona el testimonio de la víctima y exculpa a los agresores.

"En el juicio de La Manada todo el mundo puede ver que la juzgada es ella", afirma Nuria Varela, periodista y escritora experta en temas de género. Este juicio paralelo inundó las calles de miles jóvenes enarbolando pancartas con un mensaje rotundo: 'Hermana, yo sí te creo'.

"Lo que prendió la mecha en 2017 no ha sido un caso aislado. La chispa cayó en un caldo de cultivo que llevaba tiempo gestándose. La violencia que sufrimos las mujeres ha ido en aumento y se ha vuelto insoportable. Las mujeres estamos hartas y cansadas del neomachismo", señala Varela.

El detonante pudo ser el #Metoo o el caso de Juana Rivas o el de La Manada. Pero las organizaciones feministas llevaban mucho tiempo tejiendo una tela de araña cada vez más globales, que el uso de las redes sociales potenció dándoles un canal y voz propia. Y finalmente en 2017 cayeron los diques de contención y se rompió el silencio.

España tiene un pacto

En España el principio de año coincidió con la puesta en marcha de una negociación en el Congreso para negociar un gran pacto contra las violencias machistas. Era una larga reivindicación del movimiento feminista, que pedía que estas violencias fueran consideradas cuestión de Estado y que se equiparara su tratamiento al del terrorismo. Tras ocho meses de negociación, 66 comparecientes y el acuerdo de 214 medidas, el pacto se aprobó en septiembre de 2017. Si bien muchos reconocen que el Parlamento llegó hasta donde pudo, la crítica al Gobierno es generalizada por no haberlo puesto en marcha aún y no haber garantizado el presupuesto para su financiación.