Publicado: 28.10.2015 20:10 |Actualizado: 29.10.2015 07:00

'La amnesia de los cómplices', capítulo siete: Silvino Fernández 

'Público' reproduce una de las 150 historias de maquis y guerrilleros que recopila y escribe Gerardo Iglesias

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Silvino Fernández Suárez. Foto cedida por la familia para la obra 'La amnesia de los cómplices'

Silvino Fernández Suárez. Foto cedida por la familia para la obra 'La amnesia de los cómplices'

Hijo de Jacinto y Águeda, era natural de La Matona, pequeño núcleo de población que se encuentra subiendo desde Mieres la carretera que comunica con Sama de Langreo, a medio camino entre Rioturbio y Santo Emilianio. En su condición de minero y militante de izquierdas, Silvino intervino activamente en la revolución de 1934. Sin embargo, a diferencia de tantos otros, pudo esquivar la brutal represión que siguió al fracaso del movimiento revolucionario. 

Fue por la experiencia que tuvo cuando salió voluntario a defender la República, nada más tener noticia del golpe militar del 18 de julio de 1936. De entrada, era uno de los miles de mineros engañados por la "pepona trágica", como calificara Alfonso Camín al coronel Aranda. Este militar, carente del honor que se le suponía, en los primeros momentos de la sublevación fascista, para ganar tiempo, fingió mantenerse fiel al juramento de defender el ordenamiento constitucional de la República y, distrayendo fuerzas, encaminó Pajares arriba a miles de mineros, con las manos vacías, supuestamente para amurallar la entrada a Asturias desde territorio castellano y continuar la marcha acudiendo en ayuda a la defensa de Madrid. Les prometió que en León tendrían armas. ¡Y sí que las había! Pero estaban en manos de los rebeldes



La expedición en la que iba Silvino llegó a Benavente. Allí pudieron confirmar el engaño y la traición de Aranda. Y, sin perder tiempo, emprendieron la marcha de vuelta a Asturias. Silvino y otros muchos llegaron directos a la Fábrica de Armas de Trubia, para asegurar que tan importante industria de guerra estuviera al servicio de la República. Luego combatió en distintos frentes de Asturias, hasta que se derrumbó todo el Frente Norte. 

"Su esposa María del Pilar era confinada en el campo de concentración de Figueras"

Cuando llegó la derrota volvió a La Matona, y allí permaneció oculto una temporada. Su padre Jacinto tenía una fragua, y en ella construyeron el refugio en el que se ocultaba cuando atisbaban algún movimiento extraño en los alrededores, cuya entrada tapaban con la base de un pesado yunque. La idea estaba bien pensada, pero no aseguraba que en uno de los frecuentes registros los represores no le encontraran. Por lo demás, aquel modo de vida era tan estresante que, al cabo de un tiempo, decidió buscar amparo en el campo abierto de los montes de Polio, uniéndose a tres cuñados también "fugaos", Florentino, Joaquín y Miguel Fernández, vecinos de Polio. 

Cuando comenzó la guerra Silvino ya había formado una familia. Estaba casado con María del Pilar Fernández, hermana de los anteriores, y el matrimonio tenía dos hijos: Silvino y José Manuel, este más conocido por Pepito. 

Como siempre ocurría con los vencidos que no se sometían a las nuevas autoridades fascistas y optaban por echarse al monte, sus familias se convertían en víctimas de las más despiadadas prácticas represivas. En este caso la represión cargó contra su esposay la familia de esta. Su familia directa fue protegida por un tío paterno que era sargento del Ejército franquista. ¡Así funcionaban las cosas bajo el poder de los facciosos!

"Entregarse suponía un gran riesgo para ellos, pero lo hacían en un intento de frenar las medidas represivas que sufrían las familias"

Su esposa María del Pilar era confinada en el campo de concentración de Figueras, Castropol, separándola de sus dos hijos y separándoles a ellos: uno tuvo que ir para La Matona, con la familia del padre, y el otro para Polio, con la de la madre, sometida esta a un insoportable acoso de las fuerzas represivas. Tras un largo período de permanencia en Figueras, uno de los guardianes del campo llevó a María del Pilar como servidumbre para su casa en Galicia (servidumbre gratuita), mientras sus hijos tenían que ser atendidos por otros. 

Al finalizar la guerra en España, cuando llevaba dos años en la guerrilla, Silvino decidió presentarse a las autoridades franquistas. Con pocos días de diferencia lo habían hecho sus cuñados Florentino y Joaquín. Entregarse suponía un gran riesgo para ellos, pero lo hacían en un intento de frenar las medidas represivas que sufrían las familias. Silvino era enviado a un campo de concentración a Lérida, y al cabo de una temporada lo devolvían a Asturias para internarlos en el destacamento penal del pozo Fondón. 

Silvino fallecía el 2 de abril de 1984, y su esposa María del Pilar el 17 de junio de 1996.