Publicado: 13.12.2015 22:58 |Actualizado: 13.12.2015 23:53

El bloqueo a la ultraderecha de Le Pen alivia, pero no resuelve el problema

Poco importa ya el resultado final de esta segunda vuelta. Como afirmaba el primer ministro Valls al cierre de los colegios electorales: “Nada será como antes”.  A un mes y un día de los atentados, el Frente Nacional de Marine Le Pen se ha hecho con una victoria simbólica que evidencia el malestar de una sociedad en pleno desencanto.

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El Frente Nacional no ha conseguido el poder en ninguna región de Francia.- EFE

El Frente Nacional no ha conseguido el poder en ninguna región de Francia.- EFE

PARÍS.- El Frente Nacional no consiguió ayer ninguna región de entre las que se situó a la cabeza en la primera vuelta. El abstencionismo disminuyó incontestablemente ante el sobresalto producido por los resultados del domingo pasado, claramente favorables al partido ultraderechista liderado por Marine Le Pen. Una vez más, ha funcionado el “todo excepto el FN”. ¿Hasta cuándo?

Poco importa ya el resultado final de esta segunda vuelta. Como afirmaba el primer ministro Valls al cierre de los colegios electorales: “Nada será como antes”. Cierto. A un mes y un día de los atentados que sembraron el terror en París, el Frente Nacional de Marine Le Pen se ha hecho con una victoria simbólica que evidencia el malestar de una sociedad en pleno desencanto.

Si el FN no está (todavía) a las puertas del Elíseo sí ha conseguido ganar batallas clave como por ejemplo la del lenguaje: Marine le Pen ha fijado en el debate público binomios que han pasado a formar parte del vocabulario común. Inmigración y delincuencia, islam y problema, fronteras y seguridad, mundialización y catástrofe.



Alivio entre las fuerzas políticas tradicionales

Una conjunción de factores –crisis económica global, paro, flujos migratorios jamás vistos, sensación de inseguridad… - se han alineado a favor de una “vague bleu Marine”* que se expande ante el pasmo de unos competidores políticos desprovistos de estrategia clara.

Los partidos tradicionales, encarnados principalmente por el PS del presidente Hollande y la nueva organización de Sarkozy, Los Republicanos, respiran hoy aliviados. No es suficiente. Es hora de una verdadera toma de conciencia: ni unos ni otros han sabido idear programarios convincentes. Los unos y los otros se han concentrado en fabricar juicios morales y en el ataque o la crítica directa al Frente Nacional: el primer ministro Manuel Valls, por ejemplo, no ha cesado de alertar del “peligro” que puede suponer que el FN acceda al poder. De nuevo la narrativa del miedo.

Los partidos tradicionales, encarnados principalmente por el PS del presidente Hollande y la nueva organización de Sarkozy, Los Republicanos, respiran hoy aliviados.

Sin ir más lejos, el pasado viernes, el primer ministro galo advirtió en una emisora de radio que la extrema derecha podría conducir a Francia a una guerra civil. Cuestión de énfasis. Además, tanto Los Republicanos como el Partido Socialista se casan desde hace demasiado con ideas promovidas desde la extrema derecha al defender medidas como la privación de la nacionalidad francesa a ciudadanos con doble nacionalidad que “atenten a los intereses fundamentales de la nación”. (Hollande ante el Congreso reunido en Versalles, 15-11)

La política vira desacomplejadamente a la derecha en Francia, el país que acoge al mayor número de musulmanes de Europa y dónde, según los sondeos, crece la percepción de que hay demasiados inmigrantes ( según los últimos informes de la CNCDH - Comisión Nacional Consultiva de Derechos del Hombre).

Los indicadores de tolerancia bajan desde el 2009 en el país vecino. Investigadores como la politóloga Nonna Mayer encontraban ya entonces una lógica a esa dinámica en la política y de Nicolas Sarkozy, que creó bajo su mandato el controvertido “ministerio de la inmigración, de la integración y de la identidad nacional”. Nonna Mayer señala también al silencio de la izquierda como parte responsable de un clima general de incertidumbre que deriva hacia el etnocentrismo, el antisemitismo y la islamofobia.

El FN de Marine Le Pen

Desde su llegada a la presidencia del partido, en enero de 2011, Marine Le Pen ha hecho esfuerzos por moderar el discurso de su padre y fundador del partido, Jean Marie Le Pen: nuevo liderazgo, nuevo partido. Se trataba de mostrar que ella no es ni racista, ni xenófoba, ni antisemita. Al menos, “no tanto” como su predecesor. Esos esfuerzos -para algunos puro teatro- de esta abogada de 47 años se remontan a 2005. Entonces en calidad de vicepresidenta, Le Pen se enfrentó ya a su padre, quien afirmaba que “la ocupación alemana no había resultado tan inhumana”.

. La violencia terrorista justificó a ojos de los dirigentes de la ultraderecha un discurso mucho más agresivo sobre la inmigración.

De hecho, la campaña electoral para estas regionales llegó precedida de una especie de culebrón que captó durante semanas la atención de los media y que ponía punto final a esa estrategia de “dédiabolisation” , por emplear el término utilizado en el Hexágono. El desencadenante: una enésima provocación de Jean Marie Le Pen, esta vez elogiando la figura del mariscal Petain. Marine Le Pen inició ahí un proceso que terminó con la expulsión definitiva de su padre del Frente Nacional. El conflicto familiar sirvió a la actual presidenta frontista para sellar la supuesta mutación de la que ella es líder absoluto.

Y llegaron los atentados como regalo electoral. La violencia terrorista justificó a ojos de los dirigentes de la ultraderecha un discurso mucho más agresivo sobre la inmigración. En cierta manera, el discurso quedaba avalado por los hechos. A partir del 13 de noviembre, la campaña del Frente Nacional deja al margen las cuestiones económicas y se centra en la cuestión de las fronteras, apelando al patriotismo.

¿Soufflé o progresión constante?

Esa es la cuestión. A pesar de la derrota de Marine Le Pen, ningún problema político queda resuelto en Francia. Habrá que ver cómo se canaliza esa toma de conciencia que exhibían anoche tanto los líderes de la derecha como los de la izquierda: a partir de ya deben ponerse en marcha los motores de una auténtica renovación que satisfaga a un electorado que todavía se moviliza contra el peor de los escenarios.

Si la reacción no es rápida y clara, el voto de ruptura o de cólera puede convertirse en voto de adhesión, sobre todo entre los más desfavorecidos. Los comicios por la presidencia de la República están por llegar y el eterno juego del bloqueo al Frente Nacional por el voto útil puede no durar para siempre.

*(Eslogan del FN: “ola azul “Marine”, juego de palabras que mezcla el nombre de la presidenta y el color corporativo del partido)