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Carta Pública Una prueba de que hay tongo en Masterchef

   

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Armando Relaño Pérez
Profesor del Departamento de Física Aplicada I
Universidad Complutense de Madrid

Estimados amigos de Público:

Cada pocos meses, Televisión Española emite una nueva edición del programa Masterchef. Todas ellas comienzan de la misma manera: en el primer programa se muestra cómo los preseleccionados presentan sus platos al jurado compuesto por los chefs Jordi Cruz, Pepe Rodríguez y Samantha Vallejo-Nágera. Ellos representan el papel de serios profesionales encargados de juzgar la calidad de la cocina y el potencial de los aspirantes. Presuntamente, solo en función de estos méritos eligen a los concursantes.

Son muchas las voces, sin embargo, que denuncian la existencia de criterios ocultos: personalidad, edad, origen y sexo de los aspirantes; rasgos que determinan el “juego” televisivo que pueden proporcionar al espectador. ¿Tienen razón quienes realizan estas denuncias?

Sin testimonios de los que participan en el espectáculo parece muy difícil responder a esta pregunta; los argumentos basados en la repetición de caracteres edición tras edición no son suficientes.

La alternativa es acudir a las matemáticas para responder a la siguiente pregunta: ¿hay algo sospechoso en la composición del grupo que participa en el programa? El método que voy a seguir es el mismo que se utiliza en ciencia para determinar si un medicamento cura una enfermedad, o si la explicación a los datos de un experimento es la existencia de una nueva partícula.

En todas y cada una de las nueve ediciones que se han celebrado hasta ahora ha habido un equilibrio perfecto entre varones y mujeres: en las cinco en las que han participado dieciséis concursantes (las cuatro ediciones junior y Masterchef 5) la fase final ha contado con ocho varones y ocho mujeres; en las cuatro en las que el número de concursantes ha sido quince (las primeras cuatro ediciones de Masterchef), el desequilibrio ha sido mínimo: bien siete varones y ocho mujeres, bien ocho varones y siete mujeres. La pregunta que surge de manera natural es: ¿cuál es la probabilidad de que este perfecto equilibrio entre sexos se produzca por azar?

Los cálculos son muy sencillos. La probabilidad de que se forme un grupo de ocho varones y ocho mujeres como consecuencia de elegir dieciséis personas al azar es del 19,64%. Esto implica que, en promedio, solo uno de cada cinco castings para escoger a dieciséis concursantes generaría, por azar, un perfecto equilibrio entre varones y mujeres. Igualmente, la probabilidad de que sean siete varones y ocho mujeres, u ocho varones y siete mujeres, los elegidos para conformar un grupo de quince personas es del 39,28%. Finalmente, el resultado de que se den cinco resultados como el primero y cuatro como el segundo, de manera consecutiva, es extraordinario; la probabilidad es solo de 1 entre 140.000.

Con otras palabras, es más probable ganar el Gordo de Navidad jugando un solo décimo (la probabilidad es de 1 entre 100.000) que obtener, por azar, un perfecto equilibrio entre sexos como el de las nueve ediciones de Masterchef.

¿Aceptaría el lector que un suceso tan improbable se diera por pura casualidad? Si la respuesta es afirmativa, está de enhorabuena: seguro que este año le toca el Gordo de Navidad. Mi conclusión es que hay muchas razones para sospechar de que los concursantes de Masterchef no se escogen tan solo por sus habilidades y potencial culinarios; que hay otros criterios, seguramente basados en el negocio televisivo, que entran en juego. La teoría de la probabilidad muestra que los elegidos componen un grupo demasiado anómalo como para creerse el papel que representan los chefs Cruz, Rodríguez y Vallejo-Nágera.