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China frente a Trump

La polémica desatada por la conversación telefónica del presidente electo de EEUU con la primera ministra de Taiwán no sólo ha generado la crítica del gigante asiático, sino que éste ha desafiado la determinación de los tres países para defender su espacio aéreo.

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El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump. - REUTERS

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump. en una imagen de archivo - REUTERS

Los desahogos verbales del presidente electo estadounidense Donald Trump en relación a Taiwan no solo han levantado ampollas dialécticas. Por segunda vez, aviones militares de China continental volaron esta semana a lo largo del espacio aéreo territorial de Taiwan con el propósito de recopilar información sobre las capacidades militares taiwanesas.

Las misiones constituyen una especie de declaración estratégica que ahonda en su capacidad para emprender acciones militares no solo en el oeste sino también en el este de Taiwan, rompiendo la primera cadena de islas a lo largo de dicha costa de Asia continental, bajo control de EEUU y Japón, una circunstancia de gran importancia táctica.

Tanto la Fuerza de Autodefensa de Tokio como el mando estadounidense estacionado en Japón enviaron también aviones para recabar información. Taiwan también ordenó ejercicios aéreos en la zona. China pone a prueba la determinación de los tres para defender su espacio aéreo.

Familiarizando a sus pilotos con estas zonas, el Ejército Popular de Liberación demuestra su capacidad para lanzar ataques de larga distancia contra Formosa pero sobre todo envía una señal de advertencia a EEUU que no solo guarda relación con las declaraciones de D. Trump.

Cabe tener en cuenta que las dos cámaras estadounidenses aprobaron el pasado 8 de diciembre la elevación de los intercambios militares entre Taiwan y EEUU, lo cual pudiera traducirse no solo en el despliegue de contactos entre autoridades de defensa al máximo nivel sino también en la participación en los ejercicios promovidos por el Pentágono o la mejora del aprovisionamiento militar, factores que irritan sobremanera a Beijing. A ello habría que sumar la exigencia de algunos republicanos de incorporar al Acta de Relaciones con Taiwan y los llamados tres comunicados conjuntos, referencias en EEUU del problema de Taiwan, las conocidas como “seis garantías” dadas por Ronald Reagan en 1982 y que afectan, sobre todo, a las ventas de armas, aseguradas sine die para Taipei. Algunas voces ligadas al gobernante PDP en la isla reclaman la inclusión inmediata de Taiwan en el diálogo sobre seguridad regional en el que participan EEUU, Japón y Corea del Sur.

La presidente de Taiwán, Tsai Ing-wen, habla por teléfono con el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, en su oficina en Taipei.- REUTERS

La presidente de Taiwán, Tsai Ing-wen. REUTERS

China dejó claro que los vínculos con EEUU se verán gravemente afectados si Washington no respeta la política de una sola China. Su preocupación parece ir en aumento aunque habrá que ver si una vez en el cargo el señor Trump es capaz de sostener sus declaraciones. La inestabilidad en el estrecho de Taiwán puede desestabilizar el nordeste de Asia. El nacionalista Global Times llegó a hablar estos días de la fuerza militar como recurso para realizar la reunificación de Taiwán, tal como contempla la Ley Antisecesión aprobada en 2005, y del riesgo de “libanización” de Taiwán.

Trump, a juzgar por sus declaraciones, ansía poner sobre la mesa de las negociaciones comerciales o financieras con China otros elementos de naturaleza diversa, desde las acciones en el Mar de China meridional, la situación en Corea del Norte o las relaciones con Taiwán. La búsqueda de compensaciones económicas convertiría a Taiwán en moneda de cambio de la política sino-estadounidense y un factor más de su poder de negociación. De ser así, la alegría de los pro-independentistas en Taiwán puede durar poco. Abrigar expectativas de un cambio sustancial en la política exterior de EEUU en este asunto sería ilusorio, aunque algunos nubarrones asomen en el horizonte (como ocurrió con Clinton en 1995).

A mayores, estas declaraciones de Trump impondrían no solo un giro en la política china sino también en la taiwanesa. La soberanista Tsai Ing-wen proclamó su defensa del statu quo como alternativa al Consenso de 1992 que reclama Beijing (en esencia, una sola China) y al rumbo de confrontación con el continente que sugieren otros desde sus propias filas. Pero es EEUU quien rompe esta baraja al reivindicar de forma unilateral y sin previo aviso la alteración del statu quo que ayudó a configurar desde 1972.

China aumentará sus preparativos militares para consolidar su poder e influencia en la región y el Pentágono apremiará a Taiwán a aumentar el gasto en defensa para enfrentar futuras amenazas. Aun sin desembocar en un conflicto abierto inmediato, los riesgos para Taiwán no son menores.