Publicado: 28.11.2016 11:19 |Actualizado: 28.11.2016 12:55

El CIE de Dante

12 testimonios en primera persona de los migrantes que fueron recluidos dentro del centro de Aluche en Madrid.

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CIE de Aluche, Madrid, en una imagen de archivo. EFE

CIE de Aluche, Madrid, en una imagen de archivo. EFE

Periodista de la Fundación porCausa

MADRID.- El CIE de Aluche se inauguró el martes 28 de junio de 2005 tras una inversión superior a 11 millones de euros. Aquel día, El Mundo lo describió como “el primer edificio del Cuerpo Nacional de Policía construido con una arquitectura moderna. Por fuera, el complejo policial es un edificio colorido y moderno, de aspecto mediterráneo”.

El delegado del Gobierno en Madrid por aquel entonces, Constantino Méndez, afirmó: “El nuevo CIE tiene todos los servicios necesarios para atender con dignidad a las necesidades que estos internamientos plantean”. Esa dignidad prometida, se ubicaba, como pasó a detallar, entre módulos destinados a familias, que incluían dormitorio, baño y cocina. Además, el edificio presentaba una capilla multiconfesional, zonas de ocio, locutorios, servicio médico...

Se trataba de un lugar que apartaba de la Tierra Prometida a las personas inmigrantes que habían venido buscándola, pero que disponía de una serie de comodidades que lo asemejaban más al Paraíso que al Infierno.



Tres años después, el informe Voces desde y contra los Centros de Internamiento de Extranjeros, fruto de la colaboración entre Ferrocarril Clandestino, SOS Racismo Madrid y Médicos del Mundo Madrid, reflejó una realidad que nada tenía que ver con aquello. El trabajo recogió testimonios en primera persona de los migrantes que fueron recluidos dentro del Centro, y los presentó bajo nombres ficticios, pero incluyendo su procedencia y el año en que entraron en el CIE.

Este informe evoca, sin buscarlo, a La divina comedia del poeta italiano. En un primer momento, desde fuera, el Paraíso no parece situarse tan lejos.

"Si yo no supiera que es una cárcel, a lo mejor pensaba que era un instituto o algo parecido. Se lo he preguntado a un amigo enseñándole un par de fotos (él nunca ha visto el CIE de Aluche, así que como experimento…) y lo primero que me ha preguntado es si la cúpula multicolor y las casetitas de fuera eran provisionales porque estuvieran montado una fiesta. Después se ha fijado en las vallas y me ha dicho que tal vez fuera un correccional o una escuela o algo parecido. Lo de la fiesta me ha dejado perpleja, pero claro, las casetas son igual que cuando montan el mercadillo medieval”.
(Mónica M, vecina del barrio de Carabanchel Alto).

Así funciona el CIE de Aluche

Efectivamente, con un primer vistazo, el edificio representa esa promesa de 2005. Un lugar moderno de aspecto amigable. Es, en el momento en que se observa con detalle, cuando el juramento empieza a desvanecerse y el mercadillo medieval da paso a las condiciones medievales. En 2009, el informe presentado por la oenegé Pueblos Unidos analizaba: “Llaman la atención las pantallas metálicas de color azul instaladas en el exterior sobre las habitaciones de los internos con el fin de que desde la calle no se puedan ver los barrotes de las ventanas”. Estas aperturas no solo impedían la visión desde el exterior sino que provocaban en el interior una luz tamizada que produce un efecto perturbador.

Si se continúa profundizando en el Centro, los círculos del Infierno de Dante comienzan a tomar forma.

“Hay tres niveles o pisos. En el de abajo están las mujeres, después hay otro nivel donde hay lo que ellos llaman módulos, módulo 1 y 2, y luego viene otro nivel también separado en dos módulos”.
(Cristian, colombiano, detenido en octubre de 2008).

Dentro de cada módulo se encuentran las habitaciones que, siendo estrictos con el lenguaje, abandonan la categoría de habitaciones y pasan a denominarse celdas. En una vivienda, tu habitación es el espacio donde puedes disfrutar de tu intimidad y donde te sientes menos vulnerable. Pero en Aluche la percepción no es la misma.

“Cámaras hay solo en los pasillos. Los golpes son siempre en las celdas, donde no hay cámaras, aunque entre los internos se comentaba que puede ser que las apaguen”.
(Ricardo, boliviano, detenido en diciembre de 2008).

Esos módulos destinados a familias que se presentaban como un hogar, distan de llegar a serlo hasta el punto de que no es el preso, sino el propio carcelero, quien resalta la distinción.

“Vi un muchacho que estaba en la misma habitación, y estaban jugando, y él gritaba. Y un policía le dijo: ‘Cállate, que no estás en tu casa’. Y el muchacho siguió gritando y chistando, y el policía le dijo: ‘Verás lo que te vas a ganar’. Y eso fue como en la hora de la cena. Después llegaron los policías. Llegó la hora del conteo que ellos hacen. Pasaron y directamente se fueron donde él y lo agarraron a patadas y a darle de golpes. Cuando ya estábamos allí, uno abrió la puerta y dijo: ‘Y ay de alguno de ustedes que hable, les va a ir peor”.
(Jaime, hondureño, detenido en diciembre de 2008).

Ante estos testimonios se pierde de vista el objetivo de los Centros de Internamiento de Extranjeros que, según la legislación, tienen como finalidad la custodia preventiva y cautelar de los ciudadanos extranjeros para garantizar su expulsión, devolución o regreso. Sin embargo, como muestra el informe, en la práctica se revelan como parte de un perverso mecanismo de gestión de las fronteras a través del miedo. Y, alejándose de la meta inicial, el régimen de internamiento en el CIE socava la idea más elemental de dignidad.

“Debía pedir ir al baño, y le permitían ir cuando la policía estimaba oportuno. A veces, pasaban cinco o seis horas desde que llamaba hasta que se le dejaba ir. Cansado de llamar y golpear con su deportiva contra el piso de su celda para ver si alguien subía a atenderle, más de una vez tuvo que hacer sus necesidades dentro de la habitación, orinando en el lavabo y defecando, en una ocasión, en su propio plato de comida”.
(Informe sobre Pablo, boliviano detenido en marzo de 2008).

Ante la violencia policial, la única posibilidad de reclamación es la entrevista con el director o jefe de seguridad del centro. Una medida que plantea en los internos dudas sobre la objetividad e imparcialidad y provoca el miedo a sufrir represalias.

“El director hace la vista gorda en cuestión de lo que es la higiene. Yo hablé con él una vez que por qué en el corredor hay tanta basura, que nos vamos a enfermar. […] Los jefes de servicio de los turnos de policía no tengo la seguridad de que sepan que se está pegando a alguien, pero sospecho que sí. ¿Te digo por qué? Porque si esta noche pegaron y el turno es de cuatro días con los mismos efectivos, ¿por qué al otro día no están estos mismos efectivos? No está ninguno. Comentábamos con el otro compañero mío que es dominicano y yo: ‘Mira, sí, los quitan después de hacer lo que hacen, limpian la escena y ponen otros efectivos’”.
(Manuel, dominicano, detenido en febrero de 2009).

Un miedo a las represalias que en ocasiones resulta bien infundado.

“Es porque me pegó, yo le pregunté que por qué. Yo quiero denunciar todo esto. Anteriormente yo ya estaba recogiendo firmas y tenía que tener cuidado con las cámaras, aunque seguramente con las cámaras ya me tenían, porque él fue directamente a por mí. Supongo que estaba esperando alguna ocasión, porque fue a por mí inmediatamente, porque yo recogí muchas firmas, esas que les llegaron a ustedes somos nosotros”.
(Manuel, dominicano, detenido en febrero de 2009).

Si en el interior recibir apoyo no resulta sencillo, obtenerlo a través de un abogado tampoco es tan fácil como la legalidad exige.

“Me llamó por el nombre [un policía], y le dije: ‘Sí, soy yo’. Y me dijo: ‘Necesito saber si usted va a firmar’. Y yo le dije qué es lo que iba a firmar. Él me dijo que usted tiene un decreto de expulsión, ¿va a firmar o no? Y entonces yo le dije que no, que yo no iba a firmar ningún papel sin saber qué decía el papel. Y él me dijo: ‘Ah, bueno’, ya no más, y salió. Y antes yo le dije: ‘Señor, yo tengo derecho a hablar con mi abogado’. Y él salió riéndose y no me dijo nada”.
(Cristian, colombiano, detenido en octubre de 2008).

Ante el desconocimiento de las leyes vigentes por parte de los reclusos, la propia organización del Centro los deja vulnerables, y obstaculiza que la ayuda llegue desde el exterior. El problema se acentúa cuando los internos no conocen el idioma y es necesaria la presencia de un intérprete. El centro solo lo proporciona frente a determinados procesos judiciales. Ante esta situación, para cualquier otro tipo de interlocución con los migrantes, tanto el personal como las organizaciones externas deben recurrir a menudo a otros internos que actúen como traductores o solicitar la autorización de entrada para personas que puedan desempeñar estas funciones.

“Hay seis cabinas de teléfonos para todas las personas que están ingresadas. El horario en el que pueden hacerse las llamadas es el mismo que para el resto de actividades, es decir, eliges comer o llamar, recibir visita o llamar, salir al patio o llamar. El orden era el de llegada, casi había carreras para ser de los primeros. Teníamos que pagar, igual que en la calle.En estas llamadas está incluida la del abogado, no existe ningún tipo de excepción para poder hablar con el abogado”.
(Assane, Guinea Conakry, detenido en agosto de 2008).

Si bien en sus orígenes el CIE de Aluche fue vendido a los medios como un sitio de tránsito que garantizaba los derechos humanos, conforme se profundiza en él se descubre cómo, testimonio a testimonio, cada uno de esos derechos es transgredido.

“Subieron dos agentes de policía a sacarme de la furgoneta y, como me agarré duro a la furgoneta, uno de ellos me empezó a golpear en el cuerpo y el otro empezó a tironearme de la mano, por eso la mano la tengo dolorida y el cuerpo entero también, y por eso ruego al grupo de las autoridades que tome cartas en el asunto porque los inmigrantes también tenemos derechos como los demás y no solo por eso nos pueden tratar como ellos quieran”.
(Alberto, boliviano, carta escrita desde el CIE en febrero de 2008).

Ese lugar que se distinguía claramente de una prisión, que tan solo conformaba una “medida cautelar”, se ha convertido en un no lugar. Un no lugar es un espacio de negación de los derechos humanos donde se ejerce el control y se excluye a la persona de los otros. Este no lugar parece haber sido creado, en realidad, como refleja el informe, para castigar con la medida penal del encierro a personas que solo han cometido una falta administrativa: no tener su documentación regularizada.

“Porque somos emigrantes, sin papeles. Porque allí yo conocí a una persona que venía de la cárcel y ella quería regresarse a la cárcel, porque decía que estaba mejor en la cárcel que en el centro. Porque en la cárcel, al menos, está el patio. Pero allí todo es lo mismo, las 24 horas bajo la sombra. No se ve la calle, todo está frío, estamos por los suelos”.
(Rosario, boliviana, detenida en noviembre de 2007).

De este modo, el recluso vive en una situación de espera, como en el Purgatorio y, como en el Infierno de Dante, se pregunta cuál es el pecado capital que lo ha llevado allí, a ser tratado como un criminal sin haber cometido un delito.

“Fumigan con nosotras adentro, no nos dejan salir a la calle, o al patio, está lleno de cámaras, son de esas cárceles que he visto yo en las películas con agua sucia por el suelo, cae agua del techo porque, bueno, están en obras. Hay mal olor adentro, hay humedad, es que estar ahí adentro es como he dicho al principio, es pagar el pecado que hemos venido a España sin documentos, sin papeles, de lo que somos inmigrantes, nos cobran esa deuda de inmigración”.
(María, ecuatoriana, detenida en noviembre de 2007).​

Al final, la descripción del CIE de Aluche que se dio en 2005, nada tiene que ver con la realidad que se refleja años después. El edificio de colores con aspecto moderno es una promesa rota y, el espacio que se presentaba como defensor de los derechos humanos es el lugar donde transgredirlos sin repercusión alguna. Un Infierno que se describió como Paraíso, pero que, a día de hoy, se ha quitado la máscara y ha mostrado lo que era realmente.

“Yo quiero irme…, yo no he hecho nada malo para merecerme esto… Esto es un infierno, nadie sabe lo que se pasa aquí, solamente las personas que estamos encerradas sabemos lo que se vive aquí dentro”.
(María, ecuatoriana, Radio Almenara, programa Sin fronteras, noviembre de 2007).​

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