Publicado: 30.11.2015 19:28 |Actualizado: 01.12.2015 12:30

Hacia una ciudad próspera. Un modelo responsable y sostenible

El concejal de Desarrollo Urbano Sostenible del Ayuntamiento de Madrid explica la apuesta del equipo de Manuela Carmena por la "sostenibilidad ambiental y económica, la justicia social y territorial" y reflexiona sobre las herencias recibidas tras más de dos décadas de gobiernos del Partido Popular. 

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La llegada de los gobiernos del cambio a los Ayuntamientos de las principales ciudades trajo una ola de ilusión y de esperanza capaz de superar el hastío y el descrédito que desprendía hasta entonces la política institucional. En Madrid, tras más de dos décadas de gobiernos del Partido Popular, la ciudad celebraba a una nueva alcaldesa, Manuela Carmena, cuya victoria reflejaba la necesidad de poner en marcha una política responsable y alternativa a la que se venía aplicando durante los últimos años.

Pinchada la burbuja inmobiliaria y, poco después, la olímpica, Madrid era una ciudad sin proyecto. El modelo de expansión descontrolada y de grandes eventos no solo mostraba ya síntomas evidentes de agotamiento sino que había dado lugar a una ciudad más desigual, más segregada y más hostil con sus habitantes.

El crecimiento urbano llevado al límite de la capacidad del territorio; la desordenada movilidad, responsable de congestión y contaminación; la desaparición de las políticas públicas de vivienda, que han dejado al mercado privado como único proveedor; la privatización de la práctica totalidad de los servicios municipales, y un largo etcétera, son expresiones concretas de una agenda neoliberal que ha convertido Madrid en una urbe hecha a medida de los intereses y beneficios de los privilegiados. El resultado ha sido la pérdida de derechos, el bienestar y la calidad de vida de los madrileños. Una ciudad hostil, en la que se hace cada vez más difícil vivir y convivir.

El Gobierno de Manuela Carmena propone una ciudad de progreso, moderna, abierta, limpia y sostenible. Su propuesta se construye a partir un compromiso claro: defender un modelo propio y diferente de ciudad, articulado sobre la sostenibilidad ambiental y económica, la justicia social y territorial. El modelo del cambio que desde la responsabilidad que no deje fuera a nadie.

En materia de desarrollo urbano, esto se traduce en una decidida apuesta por la regeneración y mejora de espacios públicos y edificios. Un nuevo modelo de Desarrollo Urbano que prioriza la rehabilitación sobre la obra nueva e implementa medidas de adecuación energética, a fin de reducir el consumo y lograr una optimización de los recursos. Para ello, hemos puesto en marcha tres programas estratégicos.

Un programa de regeneración de zonas urbanas vulnerables que atienda prioritariamente a aquellos barrios que presentan síntomas de vulnerabilidad y requieren una actuación coordinada e integral que sea capaz de frenar su degradación y les permita recuperar un papel activo en el conjunto de la ciudad.

Un programa de rehabilitación y eficiencia energética para avanzar en un cambio del comportamiento energético de la ciudad a través de la mejora integral de los sistemas energéticos que dan soporte a sus edificios –públicos y privados, residenciales, productivos, de servicios y equipamiento– considerando las escalas más adecuadas desde las que afrontar este reto.

Un programa de revitalización y mejora del espacio público y la movilidad destinado a cualificar y estructurar los espacios libres de la ciudad –sus calles, plazas, corredores verdes y parques– para favorecer su habitabilidad y su calidad paisajística, además de avanzar hacia una movilidad sostenible de proximidad, con atención a las necesidades específicas de los diversos grupos sociales.

Cada uno de ellos y los tres de manera combinada están ya suponiendo ventajas tangibles que los ciudadanos están ya disfrutando, como las ayudas económicas a la rehabilitación, los programas de ayuda a las zonas prioritarias para la rehabilitación, o el desbloqueo de algunos proyectos urbanísticos tantos años parados.

Con ello estamos superando el viejo modelo basado en grandes actuaciones urbanísticas –que, en ocasiones, terminan como la Ciudad de la Justicia– en favor de un Gran Proyecto de regeneración urbana orientada a garantizar el bienestar de los ciudadanos, la revitalización de los barrios y el reequilibrio geográfico como garantes de la cohesión territorial y la inclusión social.

Sin embargo, también somos conscientes de que las ciudades no se cambian de un día para otro. Gobernar también es conjugar derechos adquiridos e intereses creados con las legítimas demandas ciudadanas. En Madrid, después de 25 años de políticas del Partido Popular, recibimos una herencia que, en ocasiones, dificulta y ralentiza la construcción de lo nuevo. No se trata de una excusa sino de un hecho. Y es que no se pueden remunicipalizar de un día para otro todos los servicios que se han privatizado. Ni a nuestra llegada se han extinguido los contratos integrales de servicios. Tampoco ha quedado disuelta la estructura burocrática y piramidal de la Administración. Por supuesto, las leyes, algunas injustas, que rigen nuestro ordenamiento jurídico aún no se han derogado. Pero en estos escasos seis meses de gobierno hemos comenzado a sentar las bases de este nuevo modelo de ciudad, el nuestro. El modelo de la responsabilidad, la modernidad y la convivencia. El Madrid de Manuela Carmena.

No hay atajos ni soluciones mágicas. Pero tenemos la decisión, la obligación y la responsabilidad de Gobierno. Un nuevo modelo de ciudad es garante de desarrollo en justicia y convivencia. En estos seis meses hemos cambiado muchas cosas y todavía quedan muchas otras por cambiar. No tenemos mochilas ni hipotecas. El cambio está en marcha.