Público
Público

¿Hacia un sistema democrático de partido único?

El desenlace desafía los presagios de la mayor parte de la población. La decisión del PSOE supone un punto de inflexión en la política española. 

Publicidad
Media: 4
Votos: 13
Comentarios:

Mariano Rajoy. REUTERS

La reciente decisión del PSOE de permitir la investidura de Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno marca un punto de inflexión en la política española. A corto plazo, el giro socialista del ‘no es no’ a la abstención desbloquea la situación, permite la formación de un nuevo gobierno, tras casi un año de parálisis, y evita la celebración de unas terceras elecciones generales.

El desenlace, lento y tortuoso, desafía los presagios de los ciudadanos que, hace menos de dos meses, creían mayoritariamente que ningún partido sería capaz de formar gobierno y que se celebrarían nuevas elecciones generales. El ejecutivo que tendremos tiene sus adeptos: en septiembre de este año, según el ObSERvatorio de MyWord para la Cadena SER, la opinión pública se repartía entre un 21% que quería un gobierno socialista con el apoyo de Podemos y los partidos nacionalistas, la opción favorita de los ciudadanos, y un 19% que se decantaba por un gobierno del PP con el apoyo de Ciudadanos y la abstención del PSOE.

Otra cuestión es si la determinación del PSOE por presentarse como responsable del desatasco político cuenta con el respaldo de su propio electorado y la respuesta ahí es un no rotundo. Únicamente el 9% quería un gobierno como el que vamos a tener: de hecho, eran más los votantes socialistas que preferían ir a nuevas elecciones (el 12%).

Más allá de los costes electorales que a cada cual le toque asumir, conviene poner las luces largas sobre la nueva situación política y cómo va a afectar a nuestra democracia. España ha dejado atrás su sistema de bipartidismo imperfecto para adentrarse en un sistema cuatripartito ‘imperfecto’ (por la presencia de partidos nacionalistas, sobre todo) o,según se mire, de tres partidos y medio, puesto que mientras que la izquierda ha quedado partida en dos mitades de muy similar tamaño, en la derecha predomina el PP frente a Ciudadanos. Este es el panorama que han dejado las urnas y la traslación de votos a escaños.

"Únicamente, el 9% de los votantes socialistas quería un gobierno como el que vamos a tener"


Sin embargo, del desarrollo de los acontecimientos en el último año, se trasluce que hay dos sistemas de partidos: el oficial, es decir, el que caracteriza el reparto de diputados, y el sistema de facto, el que marcan con sus vetos los propios partidos políticos, condicionados por votantes, grupos de presión o medios aliados. La formación de gobierno depende, en realidad, de tres fuerzas políticas, únicas y exclusivas: el PP, el PSOE y Ciudadanos. Ni Podemos, ni los partidos nacionalistas pudieron servir de apoyo para la creación de un ejecutivo alternativo en las circunstancias actuales, por lo que no es descabellado pensar que tampoco lo harán en el futuro.

Si PP, PSOE y Ciudadanos vetan a Podemos y a los partidos nacionalistas, ¿cómo es posible la alternancia? La respuesta es que no es posible, salvo que el PSOE se resetee hasta el extremo de recuperar los millones de votantes que se le han ido, sobre todo a Podemos, lo que implicaría, en primera y última instancia, dejar de tomar decisiones contrarias al sentir de sus bases sociales. Si no es posible la alternancia y si, además, el PP se consolida como partido claramente preponderante de la derecha frente a una izquierda fragmentada, el futuro será parecido a un sistema democrático de partido único, con una oposición debilitada que, por mucho que proteste, no va a contar con suficiente poder negociador para arrancar compromisos y alcanzar acuerdos, salvo aquellos que el PP, por conveniencia o deferencia, conceda. Una democracia sin cambio de gobierno es una democracia aún más imperfecta que la que teníamos. Si los ciudadanos con su voto no pueden provocar alternancia, saltan por los aires los incentivos para que los gobiernos defiendan sus intereses y atiendan sus necesidades y, sobre todo, se pierde el mecanismo para echar del poder a los malos gobernantes.

*Belén Barreiro es Directora de MyWord y ex presidenta del CIS.