Publicado: 04.07.2015 13:05 |Actualizado: 04.07.2015 13:05
Programa Ciudadano

Sacrificios cero

Las cifras son abrumadoras, más de 150.000 animales de compañía son abandonados cada año, lo que nos otorga el dudoso honor de encabezar la lista de países europeos con mayor tasa de abandono.

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Las cifras son abrumadoras, más de 150.000 animales de compañía son abandonados cada año, lo que nos otorga el dudoso honor de encabezar la lista de países europeos con mayor tasa de abandono.

Las cifras son abrumadoras, más de 150.000 animales de compañía son abandonados cada año, lo que nos otorga el dudoso honor de encabezar la lista de países europeos con mayor tasa de abandono.

Debate: 'Sacrificio cero'

Miles de animales de compañía mueren a diario en nuestro país, en su mayoría perros y gatos, pero también hurones, pequeños roedores, équidos e incluso cerdos, así como otros animales exóticos. Son eutanasiados en los centros de protección animal (nótese la ironía), más comúnmente conocidos como perreras, una vez que transcurre el plazo legal establecido sin que nadie los reclame. ¿Su delito? Haber sido abandonado por su familia.

En nuestra sociedad, la situación de desamparo y maltrato que sufren los animales es terrible. Las cifras son abrumadoras, más de 150.000 animales de compañía son abandonados cada año, lo que nos otorga el dudoso honor de encabezar la lista de países europeos con mayor tasa de abandono.



Esta situación es consecuencia de varios factores, como la cría y venta indiscriminada de los animales, la irresponsabilidad en la tenencia de los mismos por parte de los propietarios, la cría ilegal entre particulares, la desregulación en materia de protección animal y la pasividad de la administración.

A pesar de la dramática situación de las perreras, donde cada día ingresan cientos de animales, bien abandonados o bien cedidos por sus propietarios, en las tiendas de animales se venden otros tantos cada día. Perros, gatos, hurones, roedores, erizos africanos, guacamayos, y todo tipo de animales exóticos, se ofrecen como mercancía a elegir al gusto del consumidor, que puede comprar al animal en función de sus preferencias de color, raza o aspecto. El único requisito es pagar el precio, momento a partir del cual el vendedor se desentiende totalmente del destino del animal en cuestión.

Lo que se olvida en esa transacción es que es un ser vivo lo que estás comprando, y no el gadget de moda. Este ser vivo requiere un alto nivel de atención y cuidados, con necesidades físicas y psicológicas que han de ser atendidas y que depende al 100% de la persona que lo adquiere. Muchas personas no tienen tiempo de proporcionar al animal los cuidados que requiere, porque al comprarlo no son conscientes de la responsabilidad que están asumiendo y no eligen un animal acorde con su estilo de vida, por lo que ante cualquier imprevisto (mudanza, llegada de un nuevo miembro a la familia, alergia) deciden prescindir del animal, lo que implica que en muchas ocasiones este acabe en la perrera.

La situación en el caso de los exóticos es más dramática si cabe. En muchos casos no son animales aptos para vivir con el ser humano

La situación en el caso de los exóticos es más dramática si cabe. En muchos casos no son animales aptos para vivir con el ser humano, o tienen unos cuidados demasiado específicos debido a su naturaleza, lo que favorece que los propietarios quieren desprenderse de ellos. En las perreras, lo habitual es que no dispongan de instalaciones acordes a sus necesidades, siendo su destino aún más incierto.

Además de la cría y venta de animales regulada, muchas personas deciden sacar un beneficio de su “mascota” criando con ellas, y vendiendo su descendencia. Esta actividad, además de fomentar la economía sumergida, adolece de todo tipo de ética, pues no hace sino aumentar la población canina y felina, mientras muchos animales son sacrificados a diario. Como complemento, muchos propietarios no esterilizan a sus mascotas, provocando que cada año nazcan un gran número de camadas indeseadas.

Para rematar esta situación, a nivel estatal no existe ningún tipo de regulación de protección animal, teniendo que remitirnos a las correspondientes leyes autonómicas y ordenanzas municipales. Gran parte de las ordenanzas y las leyes autonómicas de protección animal están obsoletas, ya que muchas fueron elaboradas hace más de 20 años y no contemplan la situación actual en materia de protección animal y las necesidades que la administración tiene que cumplimentar. Por ejemplo, algunas de ellas solo contemplan a perros y gatos, dejando excluidos al resto de animales, en otras las infracciones tienen atribuidas sanciones ridículas que en muchos casos aún siguen expresadas en pesetas.

Los animales abandonados suelen ser sacrificados entre tres y diez días tras ser trasladados a un centro de protección animal

Si bien, la regulación existente suele ser unánime en la regulación del destino que tienen los animales abandonados o cedidos por sus propietarios (sí, hay gente que acude a las perreras a entregar a su animal y es completamente legal). La normativa dispone que los animales perdidos o abandonados serán trasladados a un centro de protección animal, donde o bien se localizará a su propietario a través del microchip otorgándole un plazo determinado para retirarlo, o bien constatándose que no está identificado será considerado formalmente como abandonado y se custodiará en dependencias municipales durante el plazo que se establezca. En ambos casos, expirado el plazo, el animal ya puede ser sacrificado. Este plazo habitualmente oscila entre tres y diez días.

Esta situación exige desde hace muchísimo tiempo que la administración se implique en materia de protección animal y ataque de raíz las causas del abandono de animales y superpoblación canina y felina. Sin embargo, se limitan, en muchas ocasiones haciendo oídos sordos a las competencias que les atribuyen sus propias ordenanzas o leyes autonómicas, a establecer un servicio de recogida que lo único que hará será llevar a los animales a los centros de protección animal (perreras). No pocas han sido las promesas de diferentes partidos políticos de elaborar una ley de protección animal a nivel estatal y finalmente han caído en el olvido.

Frente a la actitud de la administración, se erige la valentía de muchos ciudadanos, que ya sea a nivel particular, o mediante asociaciones protectoras de animales, se desviven por evitar que los animales abandonados acaben en la perrera, o en el peor de los casos, cuando ya están allí, intentan sacarlos, para buscarles una familia comprometida y responsable que les dé la segunda oportunidad de ser felices. Sin embargo, el alto número de abandonos ha hecho insostenible esta labor altruista, ya que ni protectoras ni particulares son capaces de salvar a todos los animales que entran en las perreras. Por eso, tanto Pacma como muchas asociaciones y colectivos, abogan por una política de Sacrificio Cero.

Es importante señalar que el Sacrifico Cero tiene que venir acompañado de una serie de medidas para que sea efectivo

El Sacrificio Cero, como su propio nombre indica, implica que no pueda aplicarse la eutanasia a los animales que ingresen en los centros de protección animal (exceptuando la eutanasia por motivos de salud prescrita por un veterinario), y que estos sean custodiados y debidamente atendidos el tiempo que dure su estancia, hasta que sean adoptados por una nueva familia. Si bien, es importante señalar que el Sacrifico Cero tiene que venir acompañado de una serie de medidas para que sea efectivo. Desde Pacma proponemos las siguientes medidas:

· Educación y concienciación de la ciudadanía sobre la tenencia responsable de animales, con inclusión de esta materia en el currículo escolar.
· Prohibición de la cría y la venta de animales en tiendas y entre particulares.
· Esterilización obligatoria de los animales de compañía.
· Fomento de las adopciones desde los ayuntamientos y administraciones públicas.
· Adjudicación de la gestión de los centros de protección animal a asociaciones protectoras de animales.

El establecimiento de medidas de esta naturaleza son imprescindibles si queremos implantar el Sacrificio Cero. No atacar el problema de raíz condenaría al fracaso esta iniciativa. De hecho, tenemos el ejemplo de Cataluña que, pionera en materia de protección animal, aprobó en 2008 una reforma en su ley de protección animal que prohibía el sacrificio de los animales en los centros de protección. Si bien, la administración hizo los deberes a medias, y no actuó en contra de la cría y la venta tanto en tiendas como entre particulares, ni fomentó la adopción o la esterilización. Ahora, los ayuntamientos se ven desbordados, ya que los centros de protección animal no son capaces de albergar el elevado número de animales abandonados, ni de cubrir los costes que implica su mantenimiento. De hecho, desde marzo de 2014 vienen pidiendo una moratoria en la aplicación de la ley para poder sacrificar animales.

Nos encontramos ante un problema muy grave que necesita ser atajado con seriedad y sobre todo, con valentía y decisión. Para Pacma es una prioridad que los ciudadanos entiendan que los animales son seres vivos, que sienten y padecen igual que nosotros, y que se merecen una vivir una vida digna. La persona que desee compartir su vida con un animal tiene que tener esto en cuenta y valorar si es capaz de proporcionárselo, antes de tomar la decisión definitiva. Como le dijo el Zorro al Principito “eres responsable para siempre de lo que has domesticado”.

¿Qué temas te preocupan? Participa y ayúdanos a hacer oír la voz de la ciudadanía.

'Programa Ciudadano'

En colaboración con: HAYSALIDA.orgQUONERS.es


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