Publicado: 14.09.2016 12:02 |Actualizado: 14.09.2016 12:02

¿Y si cerrara Google?

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Una mujer sostiene la cámara de su smartphone frente a la portada de Google en Francia. REUTERS/Eric Gaillard

Una mujer sostiene la cámara de su smartphone frente a la portada de Google en Francia. REUTERS/Eric Gaillard

El pasado mes de julio, la Comisión Europea abrió un tercer caso antimonopolio contra Google, en esta ocasión por el “dominio abrumador de la compañía en la publicidad online”. Refuerza sus cargos, además, “por favorecer sistemáticamente a su servicio de comparación de precios frente a los rivales en los resultados de su buscador”.

Como ya he escrito en varias ocasiones, a mí, Google me da miedo. Me da miedo el control que ejerce sobre nuestros movimientos, nuestros deseos y nuestras necesidades. Pero es un problema mío: me compensa el servicio que me da, frente a los inconvenientes que me pueda generar.

Aquí, el punto de inflexión, a mi juicio, debería ser el que todos seamos conscientes de que Google y sus aplicaciones son herramientas, que nos facilitan la vida, pero que hay que saber utilizarlas, y conocer cuáles son sus limitaciones. Un martillo es una útil herramienta, que te sirve para fijar un clavo de una estantería que tienes en tu salón. Si lo clavas doblado, se te caerá y, si no atinas bien al dar el martillazo, y te das en un dedo, no te quiero contar.



Tampoco estaría de más que Google no presumiera de objetividad, que, al revés, avisara de su nula imparcialidad, y que nosotros, los usuarios, no nos creyéramos todo lo que nos cuentan

Particularmente, no me fio de nada y, casi, de nadie. Cuando busco algo en Google, siempre pienso que me van a engañar o que la respuesta responde a algún interés que me sobrepasa. Esto lo tengo claro.

Lo que no se puede pretender es que una empresa como Google, con los recursos que le ha costado montar el imperio que ostenta, venga ahora a tirarse piedras contra su tejado y recomiende en su propia casa, productos de la competencia. Es que no tiene sentido. Y, encima, que lleguen los sesudos funcionarios europeos, que no tiene ni idea de lo que hablan, y le pongan un multazo.

En definitiva, tampoco estaría de más que Google no presumiera de objetividad, que, al revés, avisara de su nula imparcialidad, y que nosotros, los usuarios, no nos creyéramos todo lo que nos cuentan. Siempre será mejor esto que quedarnos sin sus servicios.

Mientras tanto, la Agencia Tributaria española investiga las cuentas de las tiendas de Apple en nuestro país. Tienen abierta una inspección sobre las declaraciones del impuesto de sociedades, del IVA y del impuesto sobre la renta de no residentes liquidadas entre 2009 y 2012. Lo bueno de la noticia para ellos es que se trata de una investigación, sin que se presuponga que la compañía haya cometido alguna ilegalidad. Lo malo sería que les pillaran en algo, porque no sería de recibo que, ante el gran beneficio que perciben por las ventas, se les ocurra hacer alguna trampa.