Publicado: 26.11.2016 20:39 |Actualizado: 26.11.2016 20:39

Adiós a Marcos Ana: "Sabíamos la edad que tenía, pero pensábamos que era eterno"

Su familia, amistades y representantes de la cultura, la política y el activismo abarrotan el auditorio Marcelino Camacho en Madrid para decir adiós al poeta antifranquista, fallecido el pasado jueves.

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Acto de despedida y homenaje al escritor Marcos Ana que ha tenido lugar este sábado en el Auditorio Marcelino Camacho de CCOO en Madrid. EFE/Fernando Villar

Acto de despedida y homenaje al escritor Marcos Ana que ha tenido lugar este sábado en el Auditorio Marcelino Camacho de CCOO en Madrid. EFE/Fernando Villar

@patriciacamcor

MADRID.- En la calle, un corrillo de personas se apuraba por entrar en el auditorio Marcelino Camacho de Madrid este sábado, minutos antes de las cinco de la tarde, huyendo de la intensa lluvia que arreciaba y en busca del calor de la poesía, la de Marcos Ana (Salamanca, 1920 – Madrid, 2016), emblema de la resistencia y de la lucha antifranquista, fallecido el pasado jueves a los 96 años.

Dentro del auditorio, el cuerpo sin vida del poeta, preparado para recibir el último adiós en un multitudinario acto de homenaje y recuerdo. Sobre el escenario desfilaron representantes del mundo de la cultura, de la política y del activismo, encabezados por el hijo del poeta, Marcos Macarro, quien superó la timidez y recitó, por vez primera ante su padre, uno de los poemas del ex preso político y militante comunista: “Nunca me escuchó, pero esta vez sí lo hará”, entonó con expresión temblorosa para a continuación pronunciar: “Si salgo un día a la vida, mi casa no tendrá llaves (…)” [del poema ‘Mi casa y mi corazón]. “Gracias papá por haberme enseñado el camino”, concluyó.

Algunos de los versos más conocidos de Marcos Ana, como los que conforman el poema ‘Decidme cómo es un árbol’, título también de sus memorias, resonaron por el auditorio ante las cerca de 1.200 personas que lo abarrotaban [más de 300 se quedaron fuera] desde las voces protagonistas de este homenaje organizado por el Partido Comunista de España (PCE), organización en la que militaba el ex preso político, uno de los que más tiempo sufrió la privación de libertad en cárceles de la dictadura: 23 años continuados, con dos penas de muerte más tarde conmutadas.

“Marcos Ana, que era tímido, aceptaba todos los homenajes pensando que no eran sólo para él, sino para los miles de camaradas anónimos que no podían recibirlos. Así que este acto es también para todos ellos”

El secretario general del PCE, José Luis Centella, subrayó el carácter abierto de la cita, recordando a los “miles de militantes comunistas anónimos” asesinados durante el franquismo. “En un largo pasillo con paredes de ladrillos, los condenados a muerte escondían cartas para sus familias, letras que no iban a pasar por la censura de sus verdugos. En ellas decían que morían sabiendo que su vida tenía sentido si había gente que seguía su lucha, si el Partido Comunista no arriaba la bandera”, recordó el político. “Marcos Ana, que era tímido, aceptaba todos los homenajes pensando que no eran sólo para él, sino para los miles de camaradas anónimos que no podían recibirlos. Así que este acto es también para todos ellos”, subrayó.

Alberto Garzón, coordinador general de Izquierda Unida, lamentó que tantos medios de comunicación no abrieran con la noticia de su fallecimiento, una oportunidad para que más gente conociera la figura de Marcos Ana. “Estamos aquí para trasladar quién fue y quiénes fueron tantos hombres y mujeres que dieron su tiempo y esfuerzos por la democracia. Sin ellos hoy no estaríamos aquí”, defendió.

La hija de Rafael Alberti y María Teresa León, la poeta Aitana, afincada en Cuba pero estos días de gira por España para presentar nuevas ediciones de libros de su madre, tuvo además un recuerdo para la figura de Fidel Castro, fallecido este sábado. “No puedo creer que estés Marcos a nuestro lado con ese rostro impasible que se aleja. Yo vivo en Cuba, y también he perdido hoy a Fidel”, anotó justo antes de que, desde el público, un grupo de militantes del Partido Comunista de Colombia improvisara en coro unas palabras de agradecimiento al poeta fallecido.

Del mundo de la cultura, el escritor Luis García Montero rescató un mensaje de Pablo Neruda, amigo de Marcos Ana, redactado en Santiago de Chile, en enero de 1962, meses antes de la puesta en libertad del poeta: “Tengo Marcos Ana algunas palabras y qué poca cosa son; qué débiles las siento cuando las enfrento a tu largo cautiverio. Desde el día en que perdimos la guerra, perdimos gran parte de la poesía y, muchos, la vida o la libertad. Añadimos una y otra cruz a la necrológica de este tiempo”.

Una conocida vecina de Marcos Ana, la actriz Pilar Bardem, encaró el escenario entre lágrimas, mirando con tristeza al “hombre bueno”, en la definición “de Antonio Machado”, apuntaló. “Nos enseñó a perdonar con esperanza”, sollozó, para después reponerse y aportar una anécdota que arrancó risas al público: “Era mi vecino, nos encontrábamos por la calle y yo le decía, ‘Marcos, si vivimos tan cerca, ¿por qué no nos casamos?”. Y concluyó lanzando un mensaje reivindicativo: “Marcos no ha muerto. Marcos sois todos vosotros, sobre todo los jóvenes que tenéis que seguir luchando por la justicia, por la libertad y por que no haya un solo viejecito que muera de frío”.



Recuerdo a un poeta internacional

Hilvanados por las canciones de la cantautora Lucía Sócam, que añadió las notas musicales al homenaje, prosiguió el desfile de amistades del poeta, entonando versos o relatando recuerdos personales. El actor Juan Diego Botto, hijo de un desaparecido de la dictadura argentina, recordó la referencia política y cultural que encarnó Marcos Ana en su país: “Él significaba esa España culta que luchaba contra la dictadura. Es de las personas con más luz que he conocido. Permitió que este país pudiera mirarse a la cara y sostener la mirada”.

“No hemos conocido ningún rencor sobre nuestros torturadores. Ahora seguiremos su camino de lucha contra la impunidad. Sin condena al franquismo no hay democracia real”

La incidencia internacional de Marcos Ana también quedó reflejada en las palabras del representante del Frente Polisario en Madrid, Abdulá Arabi, quien recordó el empuje del poeta en la organización y puesta en marcha del programa Vacaciones en Paz, gracias al cual llegan a España niños y niñas saharauis cada verano para vivir unos meses alejados de la cruda vida en el exilio del desierto. “Como pueblo que lucha por su libertad, hemos encontrado en él a una persona de referencia y solidaridad. Nos ayudó a fundar la primera asociación de amistad con el pueblo saharaui y, hace 38 años, a traer al primer grupo de niños. Algo que todos los saharauis le vamos a agradecer eternamente”.

Un compañero de militancia y de cárcel, Víctor Díaz Cardiel, defendió la “falta de sentimiento de rencor” que le caracterizaba. “No hemos conocido ningún rencor sobre nuestros torturadores. Ahora seguiremos su camino de lucha contra la impunidad. Sin condena al franquismo no hay democracia real”, sostuvo.

El jurista Carlos Jiménez Villarejo cedió su voz a la del poeta, regalando al auditorio unas palabras pronunciadas por Marcos Ana en 1962, poco después de salir del penal del Burgos: “Conocí como tantos otros compañeros la pérdida de la libertad; sufrí torturas y viví al borde de la muerte. Pude haberme convertido en una bestia llena de odio, pero mi experiencia vital me llevó a la conclusión de que nunca podría ser capaz de ejercer la violencia contra nadie. La única justicia es ver triunfar los nobles ideales por los que miles de personas perdieron la vida o la libertad”. Y terminó agradeciendo al luchador antifranquista su “compromiso revolucionario” y su “intensidad de vivir”.

El acto finalizó con la proyección de un vídeo en el que Marcos Ana recitaba alguno de los versos escritos durante su cautiverio, unas imágenes que precedieron los cánticos de la ‘Internacional’, con el auditorio en pie, cantando y dedicando el último adiós al poeta de los represaliados, al embajador de los presos políticos, al genio lúcido y luz coherente que parecía que nunca iba a apagarse: “Tenía 96 años, pero pensábamos que era eterno”, resumió Centella.