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ANÁLISIS: ¿Dimisión en el PP? Albiol, a los pies de los caballos tras marcar la peor derrota del PP en Catalunya

Los conservadores han roto su propio suelo al obtener sólo tres diputados, ser última fuerza y perder el grupo parlamentario al quedar por debajo de la CUP, también en número de votos.

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El cabeza de lista del PPC en las elecciones del 21D, Xavier García Albiol, abandona la sala de prensa valorar los resultados electorales de su formación en las elecciones catalanas del 21D. EFE/Quique García

"Este partido ha demostrado muchas cosas a lo largo de su historia. Todo el mundo hace pronósticos, pero luego pasa lo que tiene que pasar y habitualmente no es lo que dicen los que conforman 'todo el mundo'". Con esa confianza en sí mismo denostó Mariano Rajoy los sondeos preelectorales que ya hacían la crónica de una muerte anunciada.

Fue en plena jornada de reflexión. Gran parte de las encuestas pronosticaban la pérdida de la mitad de los escaños del PP. Para los conservadores, "la mejor encuesta es la de las urnas" y así ha sido: Xavier García Albiol sólo ha alcanzado tres diputados, ha quedado en último lugar -por debajo de la CUP-  y ha perdido, incluso, el grupo parlamentario. 

Es el peor resultado de la historia de la formación. El suelo del PPC estaba en 6 escaños, conseguidos en las primeras elecciones a las que se presentó con dicha marca -y no con la anterior, Alianza Popular-. Era el año 1992. Desde entonces, Aznar habló catalán en la intimidad y trasteó alianzas con la antigua CiU. Pasada esa época, la poca influencia de los conservadores en Catalunya se vino a menos. 

Después llegó el recurso contra el Estatut contra el que el mismo Rajoy recogió firmas y los ataques a la lengua y la escuela catalanas, entre otros agravios económicos que alentaron -más- el sentimiento independentista. ¿El último? La aplicación del artículo 155 de la Constitución y la consiguiente intervención del Gobierno central en la Generalitat

Los conservadores pensaron que la "mayoría silenciosa" sabría premiar la "proporcionalidad" del 155 de Rajoy. Se equivocaron.

Tanto Moncloa como Génova han presumido siempre de que esa sería, precisamente, su gran baza. Los conservadores estaban convencidos de que  el voto oculto, el indeciso y, sobre todo, el "útil" -frente a Ciudadanos- le permitirían sacar muchos más escaños de los que les ofrecían las encuestas. No daban cifras, pero se negaban a creer que su suelo, el 21-D, estaría en 5 o 6 escaños. Se equivocaron.

Todos creían que las banderas españolas en los balcones, los saludos por las calles de quienes les identificaban como parte del bloque del "no" (a la independencia) y, en definitiva, el resurgimiento en las calles de lo que ellos llamaban "mayoría silenciosa" sabría ver -y premiar- la labor de Rajoy: devolver, decían, la "estabilidad" y la "normalidad" y la "legalidad" a Catalunya "con firmeza", pero también "con proporcionalidad". Se equivocaron.

Pensaron que reforzar la presencia del presidente en la Comunidad en los últimos días de campaña, usar la política del miedo alertando de las consecuencias económicas -fuga de empresas incluida- de una nueva victoria de PDeCAT y ERC, y arremeter contra sus socios naranjas para intentar frenar el robo de votos por la derecha sería suficiente para obtener un resultado digno. Se equivocaron.

En el peor de los casos, se confiaron, ganaría el bloque "constitucionalista". El propio Albiol prometió encerrarse el 22 de diciembre con Inés Arrimadas (Cs) y Miquel Iceta (PSC) en una habitación y no salir hasta que hubiera un acuerdo de Gobierno. También el líder del PPC auguró que Catalunya en Comú-Podem quedaría incluso por debajo de su formación. También se equivocó. 

Batacazo en casa (Badalona) 

Tanto es así que Albiol, un candidato que presumía de ser el único con experiencia en la gestión de la Administración -y, por tanto, también de ser mejor que sus rivales dentro del bloque autodenominado "constitucionalista"-, ha perdido el partido incluso en el campo local. Él, que aún se vanagloriaba de haber sido el más votado en las municipales en la tercera ciudad más grande de Catalunya de la que antaño fue alcalde, ha pinchado también en casa.

En Badalona sí quedó por encima de la CUP pero obtuvo sólo 10.301 votos frente a los 26.642 que sacó en 2015. Ciudadanos, a quien Albiol culpó de todos sus males, en cambio, ha logrado no sólo ganar las elecciones -aunque no podrá gobernar- sino ser primera fuerza en la ciudad con 38.554 papeletas a su favor.

¿El fin de la (corta) era de Albiol?

Así las cosas, y pese a que la dirección general del PP ha sido hasta ahora -y por razones obvias- muy cautelosa a la hora de mostrar las reticencias sobre su propio candidato, todo apunta a que esta derrota histórica podría suponer el fin de la carrera de Albiol.

Así se pone de manifiesto con el control que Génova ha tenido de toda la campaña. No sólo han reforzado la presencia de Rajoy en el último momento, sino que toda la dirección nacional -así como gran parte de los ministros, también- se volcó en Catalunya para intentar frenar la debacle.

Además, intentaron frenar incendios de su impetuoso candidato-ya conocido antaño por sus salidas de tono xenófobas- como el encendido con su anuncio de denuncia sobre los trabajadores de TV3, o sus primeras reacciones al presunto espionaje por parte de los Mossos que Albiol se creyó sin que Interior lo hubiera confirmado. Moncloa, además, le contradijo con respecto a sus augurios de una posible repetición de elecciones. También en eso se equivocó Albiol.

Él, que llegó de rebote a la dirección del PPC en sustitución de Alicia Sánchez Camacho, está ya en el punto de mira. Y ya hay quien apuesta por su número dos -pero vicesecretaria de Estudios y Programas en Génova-, Andrea Levy; o por la única ministra catalana, la de Sanidad, Dolors Montserrat, como posibles sustitutas

Rajoy no suele dejar a los suyos en la estacada, pero, en esta ocasión también está en juego su propia credibilidad. Ha fallado él también y la sombra de Albert Rivera amenaza con crecerse ante su buen resultado -Inés Arrimadas no gobernará, pero ha ganado las elecciones- y hacerle sudar exigiendo el cumplimiento íntegro de su pacto en Madrid. En el PP niegan oficialmente su miedo a Cs, pero saben que la imagen de los naranjas les supera: asumen que hay "algo" que ellos saben vender mejor y creen que serían "tontos" si no intentaran aprovecharlo.

Puestos a elegir, ante la derrota de los planes fallidos de Rajoy en Catalunya, Génova cerrará filas en torno a su presidente. Pero puede que no con Albiol, que se quedará, tarde o temprano, a los pies de los caballos.