Publicado: 23.04.2014 07:34 |Actualizado: 23.04.2014 07:34

Ana Messuti: "La Querella Argentina está muy bien pero lo ideal es que se juzgue la dictadura aquí"

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Rodeada de víctimas de la dictadura franquista, juristas de reconocido prestigio, antiguos alumnos de la Universidad de Buenos Aires y funcionarios de la Embajada argentina en Madrid, entre otras personalidades, Ana Messuti, abogada de la acusación en la llamada querella argentina, presentó ayer su último libro, Un deber ineludible. La obligación del Estado de perseguir penalmente los crímenes internacionales (Editorial Ediar), una obra que nace de la tesis doctoral de la letrada en la Universidad de Salamanca y que indaga en la obligación internacional de los Estados de perseguir penalmente los crímenes internacionales cometidos en su territorio.

La obra, tal y como contó Laura Zúñiga, catedrática de Derecho Penal de la Universidad de Salamanca y directora de la tesis doctoral, nació del deseo de la autora de encontrar en el Derecho Penal una solución duradera al problema de la impunidad de la dictadura franquista, en particular, y de los crímenes de lesa humanidad y/o genocidio, en general. "La autora se planteó qué pedían la Memoria Histórica y las víctimas al Derecho Penal y cuáles de esas demandas podían ser resueltas por el Derecho Penal y el resultado es esta obra", ha señalado Zúñiga, que señaló que la tesis de Messuti ha sido "la que más satisfacciones" le había traído.

Asimismo, el acto de presentación contó con la participación de Ariel Jerez, profesor de Ciencias Políticas y Vicedecano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM, y de Ramón Sáez Valcárcel, magistrado de la Audiencia Nacional, que reparó en la paradoja de que el Derecho Internacional que no fue capaz de evitar que algunos estados cometieran genocidios es el mismo que está obstaculizando la investigación, persecución, enjuiciamiento y reparación de las víctimas de esos genocidios. "¿Qué credibilidad tienen nuestros sistemas democráticos? ¿Están asentados sobre los valores de derechos inalienables de las personas o sobre otros valores y razones?", reflexionó el magistrado.

Su obra parte de la idea de que gran parte de los crímenes más terribles del siglo XX han quedado impunes porque los códigos penales de los Estados nacionales no contemplan los crímenes que se cometieron como el genocidio o crímenes de lesa humanidad. ¿Qué solución plantea para dar justicia a las víctimas?

La impunidad tiene mucho que ver con la voluntad de no investigar y no juzgar. Los crímenes internacionales (genocidio crímenes contra la humanidad) son tales por su gravedad. Y son tan graves porque los Estados han favorecido su comisión o han amparado a sus autores. Por lo tanto, es muy difícil que el Estado donde se han perpetrado los crímenes se ocupe de perseguir a sus autores. En cambio, toda la comunidad internacional está interesada en que no se cometan ese tipo de crímenes, en que no queden impunes. Por ello, las normas que los prevén son las normas del derecho internacional. Sólo recientemente se van incorporando a los Códigos penales nacionales los tipos penales correspondientes a los crímenes más graves. Lo ideal sería que se considere la unidad del Derecho internacional y el Derecho nacional. Es decir, que haya una unidad entre el Derecho nacional y el Derecho internacional, y que el Derecho nacional respete la preeminencia del Derecho internacional (generalmente reconocida en las constituciones nacionales). Combatir la impunidad es necesario para que no sea letra muerta lo dispuesto en los tratados de derechos humanos.

España, a pesar de haber firmado la Convención contra la tortura, por ejemplo, no persigue a aquellos que torturaron sistemáticamente y considera esos crímenes prescritos. ¿Actualmente esos tratados de derechos humanos que ha firmado España son letra muerta hasta que se juzgue el franquismo?

Considerar prescritos crímenes tan graves como la tortura practicada sistemáticamente revela la voluntad de no juzgarlos. Los tratados no son letra muerta, simplemente la justicia española no los considera vinculantes, sino como meras recomendaciones. Sin embargo, los tratados como la Convención contra la tortura generan obligaciones para los Estados.

¿Qué Estados y qué crímenes están quedando impunes actualmente?

Ahora mismo, por muchos motivos, pensamos en primer lugar en los crímenes de la dictadura franquista. Pero hay muchos crímenes que quedan impunes y que pueden quedar impunes tras la reforma legislativa de la Ley Orgánica del Poder Judicial respecto a la jurisdicción universal. También en América Latina hay muchos crímenes que han quedado impunes, como en el caso de Guatemala (a pesar de haberse juzgado), Brasil, Uruguay, El Salvador.

Usted vivió en primera persona la locura de un régimen autoritario tratando de eliminar a sus rivales. Era profesora auxiliar de la Universidad de Buenos Aires cuando abandonó el país al sentirse amenazada.

Me echaron de la facultad. Sentí la amenaza y decidí irme (tenía hijos muy pequeños). Luego me di cuenta de que había hecho muy bien en irme.

Le hago esta pregunta porque le quiero preguntar qué siente ahora cuando su país, Argentina, está juzgando los crímenes de aquella dictadura de la que usted fue "exiliada preventiva" y está encarcelando a los responsables.

Me siento muy bien, pero no por la venganza. Me siento bien porque veo que el sistema jurídico de mi país está funcionando bien y está tratando por todos los medios, sin malabarismos improcedentes y con buena fe, de leer el derecho de manera tal que el ordenamiento jurídico resulte coherente, es decir, que si bien penaliza los crímenes menos graves no deja impunes los más graves. Eso es fundamental.

¿Se siente reparada?

Personalmente, no lo sé. Sí por todos mis compañeros y por los hijos de los desaparecidos. Siento esa reparación. Una reparación que no es económica y que sólo se siente cuando la hace la Justicia.

¿Esa reparación la puede hacer un Estado extranjero o sólo se siente cuando es la Justicia del Estado que cometió los crímenes el que lo juzga?

Esa reparación la puede hacer un Estado extranjero. Eso lo pude comprobar en las declaraciones de las víctimas del franquismo en Buenos Aires y las que se hicieron a través de videoconferencias. Se podía ver en las víctimas su satisfacción por el hecho de sentirse escuchados ante la Justicia. Es una reparación simbólica y, quizás, también física porque supone un desahogo: de su boca salen palabras que tienen sofocadas desde hace años, y también lágrimas. No ha influido el hecho de que lo tuviesen que hacer ante la Justicia argentina y no ante la de su propio país. Eso dice mucho sobre la fe en la Justicia, independientemente del lugar donde se administre, pero principalmente sobre la necesidad de Justicia.

Ha comentado en la conferencia de presentación de este libro y también en esta entrevista la incoherencia de un Código Penal que castiga un robo en el Mercadona, por ejemplo, y no castiga el genocidio o la tortura sistemática y continuada.

Todos se preocupan porque se puede afectar el principio de legalidad cuando el crimen no está previsto en el Código Penal interno. No obstante, deben preocuparse también por otro principio, que es el de proporcionalidad. Las penas deben ser proporcionales al delito pero también debe ser proporcional la escala de delitos y de penas, es decir, al delito más grave le debe corresponder la pena más grave.

Consecuentemente con su afirmación, ¿es el sistema judicial español incoherente al no juzgar los crímenes de la dictadura?

Efectivamente.

También ha señalado la importancia del tiempo. De hacerlo ya.

Obviamente. Somos seres finitos y la gente se va muriendo. Ya hay querellantes que han muerto. También van muriendo los autores de los crímenes, y si el autor del crimen muere no puede haber justicia. En ello se ve que no se trata de venganza. Nadie se alegra de la muerte de un presunto criminal porque lo que les interesa es que responda ante un tribunal.

¿Cree que España terminará juzgando los crímenes del franquismo?

Sí, creo que sí y que puede llegar a tiempo y dar satisfacción a las víctimas. No se puede predecir, pero no debemos perder la fe en que haya justicia para las víctimas. Es algo que nos han enseñado las madres de Plaza de Mayo. La Querella Argentina está muy bien pero lo ideal es que se juzgue la dictadura aquí.

¿La posición de España respecto al franquismo es la habitual en los Estados que han cometido este tipo de crímenes?

Sí. En general, el Estado opone una serie de dificultades para el juicio. Lo que no es habitual es el tiempo que está tardando España en volver la vista atrás.