Publicado: 17.06.2014 07:00 |Actualizado: 17.06.2014 07:00

Andaluces y asturianos fueron discriminados como exiliados en América Latina

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Alrededor de 50.000 andaluces se exiliaron para evitar la represión franquista. La mayoría de ellos huyeron a Francia y a América Latina, aunque también unos cuatro mil fueron al norte de África y en muchísima menor medida acabaron en la antigua Unión Soviética. Los departamentos de Historia Contemporánea de las universidades andaluces están impulsando una investigación para conocer con detalle los pormenores del exilio, un fenómeno al que Andalucía contribuyó en un 10% del medio millón del éxodo que se concentró al término de la guerra civil del que ahora se cumplen 75 años.

El exilio andaluz mayoritariamente se produce en 1939, aunque hay una huida peculiar de políticos de derechas, "monárquicos y republicanos centristas de Málaga que se produce entre febrero de 1936 tras las elecciones que gana el Frente Popular y un año después, tras la toma de la ciudad por las tropas franquistas", precisa Fernando Martínez, catedrático de la Universidad de Almería. Esos políticos huyen hacia el norte de África, Portugal y Gibraltar, pero su número es insignificante si lo comparamos con el éxodo masivo que se produce a raíz de la caída de Málaga el 7 de febrero de 1937, después de las reiteradas amenazas radiofónicas de Queipo de Llano hacia "Málaga la roja".

Andalucía contribuyó en un 10% del medio millón del éxodo al término de la guerra civil Entre 100.000 y 150.000 personas, civiles en su mayoría, protagonizaron una huida hacia Almería por la carretera de la costa, que acabaría siendo llamada como "carretera de la muerte" por la masacre que perpetraron los barcos franquistas y la aviación italiana bombardeando y ametrallando a gente indefensa dejando un saldo aproximado de unos cinco mil muertos. "Podría decirse que la Desbandá de Málaga no acabaría en Almería, sino en Francia, ya que esa gente fue desplazándose posteriormente hacia Alicante, Valencia y finalmente Catalunyaa. De hecho, hoy podemos saber que el principal porcentaje -un 35%- de andaluces que huyen a Francia en el 39 es de malagueños".

El exilio dorado de los intelectuales

El principal objetivo de los profesores que impulsan desde distintas universidades andaluzas el estudio sobre el exilio no son los grandes personajes históricos, sino la gente corriente. No son los Alcalá Zamora o Martínez Barrio (políticos), ni los creadores Pablo Picasso, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Juan Ramón Jiménez, Manuel de Falla, Francisco Ayala o María Zambrano. La catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Huelva, Encarnación Lemus, aunque reconoce el trauma vital que supone el exilio para cualquier persona, sostiene que "el exilio dorado existe". A las grandes personalidades "les da la oportunidad de un crecimiento personal, ya que el arte y la creatividad nacen en parte de la frustración y el miedo a lo que no controlamos. Y ellos se convirtieron en artistas universales".

El objeto de la investigación -sobre cuyo desarrollo la revista Andalucía en la Historia ha publicado un interesante dossier- es investigar a la gente corriente "que son los grandes olvidados", dice Fernando Martínez, para "seguirle el rastro a esa Andalucía peregrina". Sin embargo, el problema de los andaluces es que en aquellos años 30 del siglo XX no tenían tanto cohesión identitaria como otros pueblos y no constituían tantas casas regionales como vascos y catalanes allí donde fueran, con lo que su presencia se diluía más entre la población autóctona receptora y ahora es más difícil seguirles la pista.

La profesora de la Universidad de Sevilla Inmaculada Cordero ha hecho un especial seguimiento a los andaluces que se exiliaron en América Latina y a sus descendientes, y ha conseguido poner en pie que fueron víctimas de un trato discriminatorio en relación con otros españoles forzados a huir. "Los gobiernos de países como Argentina, Chile o Venezuela preferían a vascos, catalanes y gallegos, especialmente vascos porque el PNV hizo un trabajo de mediación en favor de sus paisanos. En Chile las instrucciones gubernamentales excluían a los mineros asturianos por su fama de combatividad y a los andaluces por su fama de indolencia", señala la profesora Cordero. La preferencia por unos y el rechazo a otros impidió una mayor presencia de andaluces exiliados en América, pese a que "sólo en Buenos Aires había viviendo en los años treinta unos 50.000 emigrantes andaluces, lo que convertía a Argentina en el destino ideal para el exilio andaluz".

Sólo en Buenos Aires había viviendo en los años treinta unos 50.000 emigrantes andaluces No obstante, no todos los andaluces que viajaron a América pensaban igual, ya que los inmigrantes económicos que se habían trasladado antes aplaudieron la victoria franquista y se organizaron en torno al Hogar Andaluz de Buenos Aires, mientras que los exiliados tuvieron que fundar el Rincón Familiar Andaluz en la capital argentina.

Algo que si fue denominador común por parte de los Gobiernos americanos, incluido el de México, hacia los españoles en general era la condición de que se mantuvieran al margen de la política interna, razón por la cual siempre las autoridades americanas intentaron facilitar la entrada de pescadores, agricultores u obreros metalúrgicos, antes que intelectuales.

"¡Qué vienen los rojos!", clamaba la prensa francesa

Encuentro de padre e hijos a través en la alambrada del campo de Argelès Sur Mer. FOTO: Enrique Tapia

En el caso de la antigua Unión Soviética, el exilio andaluz fue poco significativo -tan sólo 175 de 4.300 españoles, en su mayoría niños de la guerra- pero marcado por la condición de dirigentes comunistas de buena parte de los que allí fueron, incluido el sevillano José Díaz -secretario general del PCE- que viajó con la familia de su hermana. Algunos de ellos acabaron en Cuba apoyando la revolución castrista en los años 60 y otros fueron enviados a los temidos gulag donde se castigaba a los disidentes en la URSS.

"Muchos franceses iban a las alambradas a ver a los españoles que como animales soportaron una condiciones infrahumanas"

La profesora Lemus califica el éxodo masivo de 1939 hacia Francia como una "auténtica catástrofe", un problema mucho mayor que la presión migratoria africana que existe en las fronteras españolas de Ceuta y Melilla. "Imaginemos a medio millón de españoles que entran en Francia en un mes, en un país que no había previsto nada al respecto y que estaba más pendiente del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Los exiliados entraban despavoridos y hambrientos, asaltaban las granjas del sur de Francia, por lo cual los encerraron, más bien arrinconaron con alambradas de espinos hacia el mar. Para colmo la prensa francesa acrecentaba la alarma social diciendo ¡que vienen los rojos!".

Inmaculada Cordero añade también el temor entre los obreros franceses a que los españoles desesperados les quitaran el trabajo y aporta un dato más para apuntalar el infame acogida que Francia dio a  los exiliados republicanos. "No fue sólo una responsabilidad del Gobierno, sino de la sociedad. Incluso la Cruz Roja francesa les negó ayuda y muchos ciudadanos se acercaban a las alambradas para ver a los españoles que como animales soportaron una condiciones de vida infrahumanas".