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Ángel Gabilondo, un metafísico en la corte del PSOE

El último gran fichaje del PSOE concita el apoyo de todos los sectores, repetirá como candidato y tiene una oportunidad de convertirse en presidente de la Comunidad de Madrid. 

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El portavoz del grupo parlamentario PSOE en la Asamblea de Madrid, Ángel Gabilondo. | CHEMA MOYA (EFE)

No deja de resultar un dilema metafísico que un catedrático en tan compleja materia haya sido el último gran fichaje del PSOE para sus candidaturas (que le haya salido bien), y que sea actualmente la esperanza blanca para que los socialistas vuelvan a gobernar la Comunidad de Madrid, más de dos décadas después.

Ángel Gabilondo, con máster acreditado en “el razonamiento profundo sobre cualquier materia”, tendrá en pocos días la oportunidad de subirse a la tribuna de la Asamblea de Madrid y presentar ese proyecto que no se cansa de repetir “para la transparencia, la trasformación, la regeneración y la limpieza en la vida política”. Y no está claro que no logre convencer.

El “hermano de Iñaki” no es un político al uso y basta oírle en cualquier mitin citar a Kant, Hegel, Platón o Sócrates para darse cuenta que es una “rara avis” en un mundo donde predominan los lemas y las frase cortas e impactantes. Lo curioso, es que a la gente parece gustarle y le aplauden.

Su llegada a la política sorprendió también a muchos, y su discurrir por ella ha sido también atípico. Participa en pocos actos del partido, elude cualquier polémica interna en el PSOE y se ha limitado a hacer una oposición comedida y sin aspavientos, hasta que estalló el “caso Cifuentes”.

Estuvo a punto de conseguir un gran acuerdo por la Educación en su etapa como ministro, pero fracasó en el último momento. Dicen que si él no lo consiguió, nunca se conocerá en España un acuerdo en esa materia.

Ahora, se enfrenta a otro gran reto, conseguir el apoyo de dos fuerzas tan antagónicas como Unidos Podemos y Ciudadanos para desbancar a Cifuentes. Con el partido morado parece factible el entendimiento, y más que difícil con el partido naranja.

Sin embargo, Gabilondo no va a tirar la toalla, y espera convencer a la formación que lidera Albert Rivera de que no es sostenible, ni por activa ni por pasiva, seguir manteniendo en el poder no ya sólo ya a Cifuentes, sino al Partido Popular.
Ha conseguido en torno a su nombre y a la iniciativa de la moción de censura el acuerdo y la unanimidad de su grupo, del PSM y de la dirección federal, algo que no ocurría en la corte socialista desde finales de los ochenta.

Ahora, gran parte del éxito de la moción está en su mano y en su capacidad de diálogo, convicción y acuerdo. Como ocurrió con el pacto educativo, si Gabilondo no lo consigue ahora, nunca habrá en Madrid un escenario tal favorable para echar a un Gobierno y a una presidenta bañados en el descrédito absoluto.