Publicado: 20.10.2015 22:44 |Actualizado: 18.12.2015 14:27

ICONOS DE LA IZQUIERDA

Antón Saracíbar, el histórico lugarteniente de la UGT

El lugarteniente y “hermano” de Nicolás Redondo durante 14 años en la UGT, repasa para 'Público' la batalla sindical contra el franquismo, Suresnes o la ruptura con el PSOE de González. A Pedro Sánchez aconseja: “Sólo desde la socialdemocracia se pueden ganar las elecciones”.

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Antón Saracíbar

Antón Saracíbar

MADRID.- Trae, repleta de apuntes y fichas manuscritas, una cartera roja de piel con un grabado circular y las siglas UGT. “¡UGT siempre!”, exclama. Pide un café con leche y se lanza a la narración mientras mira a los ojos y ofrece las palmas de las manos. Dos gestos que, según los entendidos del lenguaje no verbal, evidencian la franqueza y honestidad de un chaval de 74 años que se hizo a sí mismo a golpe de inquietudes y principios.

Antón Saracíbar (Bilbao, 1941) arranca seco el relato cuando se le pregunta de dónde viene: “De una familia vasca de trabajadores”. Nada más. Después van apareciendo las complicaciones de una infancia de hambre y orfandad. “Mi padre era lechero, pero cuando se produce el alzamiento nacional y Vitoria cae en manos de los requetés, es alistado forzoso en el bando nacional. No sé por qué, terminó siendo el machaca del capitán, hijo de los Orioles, y, al finalizar la Guerra, de jardinero en el chalet que la familia tenía Las Arenas”.



Pero Patricio, el guardés, murió cuando Antontxu tenía sólo 9 años y la amá, Natividad, tuvo que repartir a los cuatro hijos entre misericordias e inclusas. “Yo estuve siete años en la Casa de Misericordia de Bilbao. Allí es donde supe lo que era el hambre y donde las pasé canutas. La madre sólo nos venía a ver cada quince días. Pero, aunque fue una etapa de enorme dureza, yo salí de allí con un oficio: el de mecánico electricista”.

A los 18 años, Saracíbar se colocó de oficial de tercera y con el sueldo, además de mantener a la familia, colaboró en la educación de su hermana pequeña. Él mismo pasaba las horas libres encerrado entre libros en su habitación: “La madre se preocupaba porque me veía que no salía de casa con otros chicos; ¡mucho menos con chicas! Estaba preocupada y se lo comentó al párroco de la catedral de Santiago que me invitó a las reuniones de la Hermandad Obrera de Acción Católica”. Fue allí donde empezó la pelea proletaria de Antón.

Saracíbar, en 1988, ante el Congreso 'Tiempo de soluciones' de UGT /  Foto Fundación Francisco Largo Caballero

Saracíbar, en 1988, ante el Congreso 'Tiempo de soluciones' de UGT / Foto Fundación Francisco Largo Caballero

La HOAC, plataforma cristina decisiva en la reconstrucción del movimiento obrero durante la dictadura franquista, implicaba la participación en un plan cíclico que terminaba con un compromiso. El que eligió el bilbaíno fue político. “Porque el plan me descubrió la revolución industrial, la del 17, me descubrió a Pablo Iglesias, la III República, me descubrió el funcionamiento de las Casas del Pueblo… para mí todo aquello fue una transformación brutal”.

El ‘Ciérvana’ del PSE

A los 28 años Saracíbar se afilió al PSOE y se tomó tan a pecho su contrato que, a los tres de militancia, ya se había convertido en miembro del Comité Provincial del PSE y de la Unión General de Trabajadores. Recuerda de aquellos años de clandestinidad su primer encuentro con el partido: “Me citaron en el kiosco de Santurce donde contacté con un tal Pablo. Lo primero que me dijo es que tenía que ponerme un sobrenombre -yo le contesté: ‘Ciérvana’, como un pequeño puerto pesquero- y que tenía que afiliarme a la UGT”.

Cada jueves ‘los mozos’ –entre los que recuerda Saracíbar a Ramón Rubial o Eduardo López Albizu, padre de Patxi López- se reunían en los bares en los que se repartían la propaganda, comentaban la actualidad o formaban círculos de formación como el que, gracias a la iniciativa de Antón, comenzó a escribir la historia del partido.

En uno de esos encuentros, en 1973, fue detenido junto al que luego sería su “hermano”, Nicolás Redondo, con el que fue condenado a dos años y medio de prisión por asociación ilícita y propaganda ilegal. “La llegada a Basauri fue horrorosa. Te desnudaban, te ponían el cuerpo blanco de desinfectante. A los tres días, cuando salí del aislamiento al corredor, y me encontré con Nicolás y con todos, dije: ‘¡Coño, en comparación con lo otro esto parece un balneario!”.

El llamado 'grupo vasco' en 1978, en el XXXI Congreso de UGT / Foto Fundación Francisco Largo Caballero

El llamado 'grupo vasco' en 1978, en el XXXI Congreso de UGT / Foto Fundación Francisco Largo Caballero

Tras siete meses y siete kilos menos de peso, la amnistía dejó a la pareja en libertad. Eran los años previos a la Transición, que Antón recuerda como los de la recuperación definitiva del PSOE y la UGT: “Ramón Rubial y Nicolás Redondo se convirtieron en nuestro estandarte, tanto en el interior como en el exterior. Digamos que Vizcaya fue el lugar en el que se configuró definitivamente el partido y el sindicato; también con los asturianos, con el exilio y con la aportación de los intelectuales de Guipúzcoa como Enrique Mugica, Txiki Benegas o José Antonio Maturana”.

Después llegó Suresnes, el último congreso socialista en el exilio. Y de la cita vuelve a evocar sonriente una anécdota: “Yo fui conduciendo de San Sebastián a París el Seat 1500 de Txiki Benegas, con las marchas arriba”. Inmediatamente vuelve a ponerse serio para explicar que “el Pacto del Betis no fue tal. Nicolás Redondo no estaba dispuesto a asumir la Secretaría General del PSOE. Fue él quien decidió hacerse cargo del sindicato y la persona determinante para la elección de Felipe González”.

La ruptura con Felipe, ‘el Moro’

Con la legalización, Saracíbar se convirtió en secretario sindical del partido en Euskadi y responsable de la UGT de Vizcaya. En 1980, a la llamada de su hermano Nicolás, se traslada a Madrid donde es elegido secretario de Organización del sindicato. “Entonces estaba todo en barbecho, todo el trabajo por hacer. Era día y noche. Y en eso tiene razón Mari, la mujer: Yo no crié a los hijos”, se lamenta Antón, lugarteniente de Redondo hasta 1994.
El siguiente hito en su narración es la ruptura del sindicato con el PSOE que sería definitiva tras la huelga general del 88. “Los problemas empezaron en el Congreso Extraordinario en el que Felipe reniega del marxismo y el partido pasa de ser un partido de clase a ser un partido interclasista, preocupado por el compromiso electoral, por ocupar políticas de centro. Lógicamente choca contra el sindicato”.

Saracibar junto a 'su hermano', Nicolás Redondo, en Lisboa - Foto Fundación Francisco Largo Caballero

Saracibar junto a 'su hermano', Nicolás Redondo, en Lisboa - Foto Fundación Francisco Largo Caballero

Cuenta Antón como, en un Comité Federal, González le pasó una nota invitándolo a cenar. “Llamé a Nicolás y le dije: ‘Oye, el Moro –porque le llamábamos el Moro- me ha invitado a cenar’. Terminamos en Moncloa a hostia limpia, a las tres de la madrugada. Yo no podía hablar. Carmen Romero le decía: ‘Pero Felipe, déjale hablar a Antón’. Allí le anuncié que si no se atendían nuestras reivindicaciones, los sindicatos estábamos estudiando la convocatoria de una huelga general”. Saracíbar define el 14 de diciembre de 1988 como “la huelga más exitosa del movimiento obrero en España”.

“El PSOE renunció a las políticas socialdemócratas para defender políticas más o menos liberales”, sigue Antón que recuerda como, años después, Narcís Serra les invitó, a Redondo y a él, a abandonar la dirección del sindicato cuando saltó el escándalo de la promotora de vivienda PSV. “Más allá de nuestros errores, el problema de la PSV fue un problema político”, afirma. La marcha de la pareja no se produciría hasta el Congreso del 94 en el que Cándido Méndez asumiría la Secretaría General.

Ya entonces se estilaba lo de las puertas giratorias y confiesa Antón que recibió numerosas ofertas de constructoras, pero que prefirió quedarse con “una mano delante y otra detrás”. Tras unos cuantos meses en el paro, el PSOE lo nombró consejero laboral en Lisboa y allí se mantuvo durante los mandatos de Arenas, Pimentel y Aparicio en el ministerio de Trabajo. En 2002 se convierte en presidente de la Fundación Francisco Largo Caballero, custodia del archivo histórico de la UGT.

Ahora, jubilado, feliz y enamorado de su mujer, se dedica a hacer senderismo, a escribir -publica cada 15 días en la Fundación Sistema- y a dar consejo en conferencias…o fuera de ellas. Sigue luciendo orgulloso el logo de la Unión General de Trabajadores. Y pagando las cuotas del PSOE, aunque matiza que ya no milita. A Pedro Sánchez aconseja de cara al 20D: “Si bascula hacia al centro, probablemente se pierda en esa maraña centrista y no genere expectativas ni ilusión. Sólo desde la socialdemocracia –concluye- puede el PSOE ganar las elecciones”.