Publicado: 10.09.2015 20:52 |Actualizado: 10.09.2015 23:30

El armario del PP se abre muy poco

La invitación de Maroto a Rajoy para que acuda a su boda reabre el debate sobre la coherencia de los conservadores frente a la homosexualidad, en particular, y la igualdad, en general. Hasta ahora, la legislación del presidente del Gobierno lleva el sello de su sector más ultra.

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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (d), habla con el vicesecretario general de Acción Sectorial del PP y exalcalde de Vitoria, Javier Maroto. EFE

MADRID.- La polémica por la asistencia o no a la boda el 18 de septiembre de Javier Maroto, vicesecretario general de Acción Sectorial del PPcon su pareja de hace dos décadas, el economista José Manuel Rodríguez, le ha explotado a Mariano Rajoy en plena campaña de las elecciones catalanas y, sobre todo, en tiempo de descuento para las generales.

La secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, desmintió ayer tajantemente la información de El Mundo, que informaba de "división" en Gobierno y partido sobre si el presidente debía acudir o no al enlace civil y sacó el debate a la arena pública (trending topic en Twitter, por ejemplo) aunque fuentes del partido sostienen que "debate como tal, no ha habido; comentarios entre nosotros, muchos". Los mismos interlocutores subrayan que, en cualquier caso, la decisión la tomará Rajoy y "nadie le va a decir lo que tiene que hacer".



La decisión la tomará Rajoy y "nadie le va a decir lo que tiene que hacer", advierten en el PP

El propio Maroto ha intentado suavizar la polémica y durante una entrevista en la Cope ha asegurado que la agenda Rajoy es muy complicada, "en mitad de las catalanas", pero al margen de la decisión que tome, "no nos vamos a querer más o menos por eso". Ministros y dirigentes del PP que concedían hoy entrevistas o tenían actos públicos fueron preguntados por Rajoy y la boda; hasta el titular del Interior, Jorge Fernández Díaz -que nunca ha ocultado su cercanía a la ultraconservadera Opus Dei y es autor de frases como ésta, "El matrimonio homosexual no garantiza la pervivencia de la especie"- se ha referido a ella: "Maroto es un buen amigo, pero no he sido invitado a su boda”. 

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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz (de espaldas), hablan en el Senado. EFE

Más allá del tono distendido que el ministro quisiera darle, la declaración de Fernández Díaz ilustra a la perfección las contradicciones del PP con algunas de sus leyes, particularmente, aquéllas a las que se supone conformes con la doctrina católica; o, al menos, lo más cerca posible. El recurso presentado ante el Tribunal Constitucional contra el matrimonio gay aprobado por Zapatero y rechazado es una de ellas. La pretensión de derogar la ley del aborto, asimismo sacada adelante por el PSOE, es otra. Esta misma semana, el Senado daba luz verde a un mínimo cambio de esta norma, con una reforma que afecta a las menores de 18 años y la exigencia del consentimiento paterno para interrumpir su embarazo.

El Tribunal Constitucional aún no se ha pronunciado sobre el correspondiente recurso del PP contra la ley socialista y no está previsto que lo haga antes de las generales a final de año. Aunque Rajoy, presionado por el sector más ultraconservador del partido (Fernández Díaz o el presidente del Consejo de Estado, José Manuel Romay Beccaría, entre otros) se negó a retirarlo esta legislatura.

La homosexualidad en el PP

En el PP la homosexualidad no es propiamente un tema tabú, aunque públicamente suelen evitarse las incursiones en la vida privada y, eso que, entre 800.000 militantes, sin duda, hay un porcentaje importante de homosexuales. De hecho, dirigentes que hayan hecho pública esta orientación se conocen muy pocos; apenas el citado Maroto o el secretario ejecutivo de Libertades Públicas y Justicia del PP, Iñaki Oyarzabal; los dos, vascos. Especulaciones sobre quién lo es o quién lo fue afectan a muchos (ex)dirigentes y existen, en cambio, desde la etapa de Alianza Popular (AP), el partido padre del PP capitaneado por el difunto Manuel Fraga.

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Manuel Fraga (i) y Mariano Rajoy, durante un acto electoral en Galicia. Tras ellos, la ministra Ana Pastor. EFE

Precisamente en Galicia, tierra de Rajoy y del fundador del PP, vivió el hoy presidente del Gobierno en sus carnes las especulaciones sobre su orientación sexual. Dirigentes del PP de la época atribuyen el "bulo y la maldad, a partes iguales" a quien fuera conselleiro en la Xunta presidida por Fraga y delegado del Gobierno en Galicia, Juan Manuel Diz Guedes; en ningún caso a Xosé Cuiña, a quien el propio entorno de Rajoy culpabilizaba entonces. Otros fuera de la formación autonómica, como el difunto Carlos Alberto Biendicho, presidente de la extinta Plataforma Gay del PP, sostuvo en el libro que dejó escrito (Gaviotas que ensucian su propio nido) y en varias entrevistas que "Rajoy es gay". Nunca aportó prueba alguna ni pasó más allá de amenazar con hacer revelaciones sobre el armario del PP, con varios dirigentes que, según Biendicho, ocultaban su homosexualidad.

Dirigentes del PP gallego de la época de Fraga atribuyen el "bulo" sobre la homosexualidad de Rajoy al 'exconselleiro' y exdelegado del Gobierno en Galicia, Juan Manuel Diz Guedes

Las afirmaciones sobre la orientación sexual de Rajoy, aunque nunca se documentaron, fueron aprovechadas por sus adversarios políticos, periodistas críticos y enemigos internos para insultarlo con calificativos homófobos. Alfonso Guerra (PSOE) le llamó "mariposón" en un mitin y Federico Jiménez Losantos acuñó en la Cope el término "maricomplejines". Rajoy jamás respondió a estos insultos, aunque en privado renegara de una "campaña" que salió de Galicia en tiempos de Fraga y que el propio fundador del PP avivó al soltar en una entrevista que él mismo recomendó a Rajoy que se casara y se fuera a Madrid, cuando el jefe del Ejecutivo ya vivía en la capital con su mujer, Elvira Fernández. El presidente sabía que más allá de lo que fuera el morbo por su vida privada, la "campaña" pretendía hacer daño a su carrera política ascendente, aireando una falsa contradicción y doble moral en un partido tan conservador que se opone a que dos homosexuales contraigan matrimonio.

De esa vena ultra del PP, supo también Alberto Ruiz-Gallardón en 2006, cuando, siendo alcalde de Madrid, se jactaba de su perfil progresista en la derecha española y casó a Javier Gómez, militante conservador y activista de la causa gay, con Manuel Ródenas, abogado y responsable del programa de asesoramiento de Gays, Lesbianas y Transexuales de la Comunidad de Madrid. El entonces secretario de Comunicación del PP, Gabriel Elorriaga, llamó "incoherente" a Gallardón y las críticas internas cayeron como misiles sobre quien intentó después ser promotor (avalado por Rajoy) de una ley reguladora del aborto profundamente conservadora como ministro de Justicia. Una reforma que, cuando convino rechazar, se lo llevó por delante (catapultado por Rajoy).