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Atentados en Catalunya Orwell y el antiterrorismo en Europa

La fina línea que separa la protección de la libertad de los ciudadanos está en juego tras la cadena de atentados yihadistas que ha sufrido Europa en los últimos años. Los gobiernos europeos tratan de enfrentarse al terrorismo con medidas excepcionales que a menudo coartan la libertad.

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Imagen de archivo de Mossos d'esquadra / EUROPA PRESS

Después de los recientes atentados de Barcelona, existe un riesgo evidente de adoptar medidas antiterroristas que tengan un efecto contrario al deseado, como ha ocurrido en otras partes, empezando por el Irak de Saddam Hussein que desapareció con la invasión aliada en el año 2003.

En Irak se produjo una reacción desproporcionada de la administración estadounidense. George Bush orquestó una exhibición de fuerza formidable en la primavera de 2003, acabando con el gobierno baazista de Bagdad en apenas unas horas. Pero esa reacción desmesurada causó una amenaza mucho mayor de la que existía hasta entonces, una amenaza que hoy todavía estamos padeciendo.

Existe una fina línea entre protección y libertad que Bush cruzó claramente con el pretexto de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Pronto quedó demostrado que Saddam Hussein no tenía nada que ver con ellos y que, en realidad, el presidente iraquí había combatido a los yihadistas con más resolución que los mismos Estados Unidos.

Los terroristas nunca habrían podido echar del poder a Saddam Hussein, al menos por si solos, de manera que lograron enfurecer a Estados Unidos para que hiciera el trabajo. George Bush cayó en la trampa y consiguió incluso más de lo que deseaban los yihadistas: extender la yihad por todo el mundo y particularmente por Europa.

Tras los numerosos atentados de los últimos años, Europa anda no solo preocupada, sino también despistada. Los atentados han puesto en alerta a los dirigentes europeos en más de una ocasión y se han adoptado medidas antiterroristas para todos los gustos, algunas de ellas claramente discriminatorias.

Europa ha adoptado muchas medidas antiterroristas, algunas claramente discriminatorias

Un informe de Amnistía Internacional de principios de 2017 ponía el acento en que se está creando una situación orwelliana. Titulado Peligrosamente desproporcionado: el estado de la seguridad se expande continuamente en Europa, el informe de 70 páginas se refería a la lucha antiterrorista en el Reino Unido, pero era extensible al conjunto del continente y también a Estados Unidos.

El informe denunciaba que, en el nombre de la seguridad, el Reino Unido ha introducido poderes que se encuentran entre los "más draconianos de la Unión Europea", con una vigilancia masiva de sus ciudadanos, algo que se ha convertido en moneda corriente en Estados Unidos y en el resto de Occidente. Esto ayuda a comprender por ejemplo por qué en Barcelona no hay mezquitas.

Naturalmente, las autoridades han señalado que las mezquitas son lugares de culto donde en realidad se acuna el radicalismo islamista, algo que es cierto en algunos casos, pero desde luego no puede justificar que las autoridades no den permiso para construir ninguna.Naturalmente, el argumento de que las mezquitas son centros de radicalización es muy persuasivo, pero hay que recordar que los permisos para construir mezquitas no se expedían antes de las oleadas yihadistas de los últimos años, lo que debería hacernos preguntar si realmente somos racistas y segregamos a los musulmanes en Europa.

Varios agentes de los Mossos D´Esquadra vigilan en un control en la carretera C-17 a su paso por Ripoll en la operación de cierre de la provincia de Girona por la investigación de los atentados / EFE - Robin Townsend

Es comprensible que los partidos de la derecha española, o de cualquier otro país europeo, se opongan a la construcción de mezquitas, pero los partidos de la izquierda también lo hacen. Es cierto que la izquierda y la religión son como agua y aceite, no se mezclan, pero en este caso la izquierda debería tomar la bandera de los musulmanes que son discriminados a diario de mil maneras distintas, también con la prohibición de construir mezquitas.

La reacción a los atentados yihadistas, señala el informe de Amnistía Internacional, está yendo en el Reino Unido mucho más lejos de lo que era admisible hace solo algunos años. Permite que se deporte a sospechosos a pesar de que en sus países de origen exista riesgo de tortura o permite que se practiquen detenciones sin que se presenten cargos contra los sospechosos.

El informe de AI compara las actas antiterroristas de 14 países europeos y las conclusiones son alarmantes. Las conclusiones contradicen un informe independiente ordenado por el gobierno británico que sostenía que las reacciones de las actas antiterroristas "son ampliamente proporcionadas a la amenaza actual".

"Los gobiernos no están lejos de crear sociedades en las que la libertad es la excepción"

Kate Allen, directora de Amnistía Internacional en el Reino Unido, dijo que: "El Estado de vigilancia del Gran Hermano del que George Orwell nos advirtió en 1949 está vivo y goza de buena salud peligrosamente en la Europa de hoy. Los gobiernos, incluido el del Reino Unido, no están lejos de crear sociedades en las que la libertad es la excepción y el miedo es la norma, lo que debería causarnos una gran preocupación".

Kate Allen agrega que es necesario que los gobiernos defiendan a los ciudadanos de los "horribles ataques terroristas" que se han producido recientemente en Europa, pero advierte que los gobiernos no deberían hacerles pagar a los ciudadanos con derechos básicos como los de "desplazarse libremente o pensar libremente", como puede estar ocurriendo en la Europa contemporánea.

Las distintas Actas Antiterroristas aprobadas en el Reino Unido y en el resto de Europa desde los ataques del 11 de septiembre de 2001, han estado muy influenciadas por aquellos atentados y por los atentados subsiguientes, pero con frecuencia han sido criticadas por abogados y defensores de los derechos humanos.

En Francia, donde también se han sufrido horribles atentados yihadistas, el anterior presidente François Hollande, declaró el estado de emergencia, extendiendo los poderes de la policía hasta dejarlos fuera del control de los jueces.